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marzo 7, 2014 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

¿Y el mérito de Mauricio Rodas?

La oposición está de alguna manera obnubilada por la derrota de Rafael Correa en las elecciones del 23 de Febrero (23F). Se ha cerrado en su teoría de que la caída de Correa se debe a sus excesos en propaganda, autoritarismo, autosuficiencia, irrespeto a las reglas.

Aunque todo eso es verdad, no se puede dejar de establecer que esos mismos ingredientes los enarboló en elecciones anteriores, y si esa, la del abuso e ilegalidad, la de la poca ética y ambiciones, era su fórmula ganadora, por supuesto que iba a repetirla.

Solo que, esta vez su aparato electoral no contó con un adversario realmente bueno, que no solo mostró estar preparado académicamente y ser un entendido de gobernabilidad, sino que la suya fue una campaña consistente, desprovista de la dependencia con el poder, los elogios de algún predestinado enquistado en las alturas de la Plaza Grande, como ocurrió con su contrincante, favorecido por el amo de la ínsula, aparte de que Rodas cometió poquísimos deslices y tuvo tremendos aciertos como el de decirle al quiteño que le estaban esquilmando el bolsillo.

Mauricio Rodas puso en claro que Augusto Barrera había ubicado cargas impositivas pesadas, al tarifar en 170 dólares el mal parqueo. Un costo muy elevado para quienes no por dolarizados podemos pagar lo mismo o más que en países más desarrollados. Correa y el vicealcalde Albán corrieron a auxiliar al alcalde de las tarifas exorbitantes y dejaron en 34 dólares la consabida multa a los mal parqueados. Eso nos llevaba a leer que el Gobierno, el equipo de Alianza País habían cometido excesos en su afán de tener siempre fondos, no sabemos si para beneficio de la ciudad o para fondos del partido. Ya nos lo dirán los auditores.

Con mensajes sencillos y sin ofertar una obra colosal, como el cuestionado Metro, al que Barrera lo anunció con precio que fue creciendo (de mil millones de dólares iniciales a 1.500 millones) sin haber realizado licitación alguna, el joven líder de Suma fue consolidándose en el electorado y cuando Rafael Correa se dio cuenta que su discípulo estaba en desventaja, pese a la inmensa campaña publicitaria del sumiso Augusto, no le tocó otra que ponerse la campaña al hombro y tratar de agarrar en algún recodo del camino al veloz vehículo que llevaba Mauricio.

Mas, Rodas ya estaba en una viada que no la pararía ni la campaña multimillonaria de un Gobierno que al parecer tiene la licencia para derrochar las arcas nacionales en campaña, pero al que el Consejo Nacional Electoral no le pide cuentas. Solo está en capacidad de “exhortar”. Es decir, el electoral no es ningún poder independiente, de allí que Correa se haya burlado de Domingo Paredes, quien “debía ordenar y no simplemente exhortar”, lo dijo el amo de los cuatro o cinco poderes del Estado.

Bueno, la excesiva campañabarrerista más el penal del minuto 90 decretado por el árbitro (que no era el CNE sino el propio “mandamás de Carondelet”), es decir la “Sabatina” de vísperas de las elecciones y en pleno período de silencio electoral, con dedicatoria a “las grandes obras del Augusto y lo bien que está Quito” gracias al mediocre alcalde, no fueron capaces de impedir la victoria de Mauricio Rodas.

Así como el gran derrotado del 23F es Rafael Correa, se puede decir que el gran triunfador del 23F es Mauricio Rodas, por tratarse de un candidato que enfrentó todo el poder y artimañas del Gobierno, habiendo triunfado (con debate incluido) limpia y brillantemente en este desafío, que necesitaba de un candidato de su altura intelectual y sin conexión con los elementos que han usufructuado el poder, llámense la partidocracia que hasta ahora no pudo ganar al Rafa o la movientocraciacorreísta, beneficiaria de los erarios nacionales en los últimos siete años y con derecho a estar en el listado de “los mismos de siempre”.Mucha suerte en su cometido a Mauricio Rodas.

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