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diciembre 27, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Vivir en Ecuador y vivir en Bélgica

Dentro de los ingeniosos spots que se multiplican hoy en día para darnos muchísimas visiones de la revolución ciudadana hay uno que ya circula como una paradoja, cuando se advierte que el mismo empieza con eso de “Turismo hacia el Ecuador no al exterior”.

Tan bien le tiene al Ecuador la Revolución ciudadana que le pagado a un actor extranjero (no sabemos si europeo o norteamericano) para que diga que quiere algo más (seguramente tras darse un paseo como turista): vivir en Ecuador y que “va a llamar a sus amigos para que inviertan en este bello país”.

Bueno, de ninguna manera queremos desmerecer las bondades turísticas del país, pero las condiciones políticas, económicas y sobretodo de seguridad no son un acicate para vivir plácidamente o invertir. No hemos sabido que haya crecido la inversión en nuestra nación. Y, dada la inseguridad, hay algunos que prefieren invertir en un país europeo, por ejemplo Bélgica.

El Presidente tiene que transitar con una guardia pretoriana para sentirse seguro y no se sabe cómo actuará desde el viernes 4 de enero, cuando arranca la campaña electoral. Ocho candidatos se lanzarán a la contienda. Como nunca antes había sucedido, el Gobierno se ha preocupado de poner límites a la información “durante la etapa de campaña oficial electoral”.

Una campaña de apenas un mes y 10 días (porque termina el 14 de febrero), es decir un plazo ideal para que los rivales no tengan tiempo de revelar todos sus conocimientos, ni hacer los recorridos que son posibles con la maquinaria estatal (transporte, medios de comunicación y “fans” adelantados a cada pueblo) y todo para que se mantenga el status quo.

Resulta demasiado sospechoso el celo que tiene el Gobierno en impedir que se conozca demasiado de sus contendores. Mientras él atosiga a todas horas con las virtudes de su revolución

Desde el 4 de enero todo lo que hagan los “opositores” será susceptible de una medición rigurosa. El Consejo Nacional Electoral habla de un Tribunal de Garantías Electorales que va a estar presto a sancionar a medios que no se ciñan a sus disposiciones, es decir que se realice entrevistas consideradas parcializadas. Hay que ver las de El telégrafo o El Ciudadano.

Tanto el Gobierno como el propio Tribunal de Garantías Electorales se muestran prontos a calificar de sancionable, por ejemplo, la utilización de las cifras de las encuestadoras, si es que el medio no ha sido calificado.

Estamos de acuerdo que se sancione el falseamiento de las cifras, pero de ninguna manera se debe satanizar la publicación de las muestras que obtienen alguna de las siete encuestadoras autorizadas por el Consejo Nacional Electoral.

Los trabajos de las empresas que realizan encuestas son verificables en corto plazo. Si alguna de ellas se aproxima a la realidad, es decir a la fotografía final de unas elecciones es entendible que sumará prestigio a su trabajo.

Por el contrario, se revelaría como una investigación superficial y, peor aún, direccionada, si sus resultados difieren radicalmente de los que se obtengan tras las elecciones. Allí no cabe sino el cuestionamiento y la descalificación.

Las elecciones del 17 de febrero tendrán como postulantes para Carondelet a: Rafael Correa, Guillermo Lasso, Lucio Gutiérrez, Álvaro Noboa, Alberto Acosta, Nelson Zavala, Mauricio Rodas y Norman Wray.

Lo más característico, hasta el momento de la campaña es la gran ventaja que ha tomado el Gobierno con sus propagandas estatales, que representan el “mensaje subliminal” para tratar de mantener cautivo a los potenciales votantes gobiernistas.

Esto, respaldado por cadenas contra sus principales adversarios (Lasso y Gutiérrez) ha servido para posicionar la imagen presidencial, en detrimento de los otros siete oponentes.

El lanzamiento de cadenas y adjetivos contra los dos adversarios, con temas que han sido rechazados por quienes son protagonistas de tales grabaciones, solo revela que tanto Guillermo Lasso como Lucio Gutiérrez representan una amenaza para las aspiraciones electorales del Presidente.

El Consejo Nacional Electoral (CNE) debe convertirse en árbitro imparcial de estas justas. Se conoce que, encima de permitir el ventajismo, quiere hacer “cuentas de la promoción del candidato presidencial por el movimiento Creando Oportunidades (CREO), Guillermo Lasso, para determinar si incurrió en campaña anticipada”, una amenaza innecesaria puesto que esos spots se referían al lanzamiento de su libro, no a su condición de candidato presidencial.

Por eso, admira que con gran dosis de maquiavelismo, Domingo Paredes, titular del CNE, haya señalado que espera un informe técnico de la empresa Infomedia para adoptar las correspondientes medidas de control.

Lo extraño es que Domingo Paredes no haya considerado susceptible de esta investigación muchísimos spots oficiales que justamente tratan de promover no solo la imagen presidencial sino la obra e ideas de Gobierno, en una proporción mucho mayor que la del candidato opositor.

Las asimetrías de la vida revolucionaria y su política “para todos” no terminan. Es por eso que mientras unos quieren (aunque sea en la ficción de la propaganda) “venir a vivir en Ecuador”, otros afortunados son francos: “Yo me voy para Bélgica”.

 
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