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octubre 5, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Venezuela define su futuro frente a las urnas

Pocos eventos electorales han concitado tanta atención y seguimiento, fuera de sus fronteras, como ocurre con la definición que se vive en Venezuela. A estas horas, la ciudadanía venezolana vive un momento de reflexión, antes de acudir a la mesa a dar su pronunciamiento.

En estas últimas 10 semanas se ha realizado una campaña que no ha dejado de ser virulenta desde la orilla chavista, toda vez que las posibilidades de su retador alcanzan límites que superan, en calidad de amenaza al intocable, a los anteriores opositores.

El coronel Chávez, con un discurso que apela a la revancha social logró conectarse con las masas desde hace más de una década, pero tras 14 años de Gobierno sin mayores realizaciones, tenía que venir el desgaste y, sobretodo, tenía que aparecer la figura que puede convertirse en el contrapeso, en un campo donde habían sido anulados todos los personajes que se atrevían a enfrentar al “líder bolivariano”.

Notables virtudes han logrado que Henrique Capriles se constituya en la alternativa de los que quieren un cambio y están cansados de la promesa chavista, la misma que ofreció darle un nuevo giro a la vida de los venezolanos y estos se han contentado con la paternidad del Estado, que a través de las misiones y a través de incentivos ha logrado que se resignen a su inmutable condición social, sin verdadero progreso y bienestar colectivo.

Obviamente que los lugartenientes del mandamás venezolano, aquellos ministros, secretarios, asambleístas y marquetineros que han contribuido a darle poder e imagen al dueño del sillón de Miraflores han logrado la casa, el carro, las vacaciones y el estatus soñados.

Pero, la gran mayoría se halla en dura lucha con el día a día vital. Unos están conscientes de que el gobernante ha fallado, que ha utilizado las artes de Maquiavelo para asirse al sillón presidencial. Éstos son los arrepentidos que han pasado al grupo opositor, es decir engrosando el número de adherentes a la oposición.

Otros, se mantienen “razonablemente bien” recibiendo las migajas de Miraflores . Apoyan las marchas, los plantones, los recorridos intensos por el Llano. No es raro que vayan a sus hogares con algo para contentar el día, “mañana ya se verá, ojalá no termine la campaña”. En este grupo, un alto número seguirá votando por el militar de Barinas, pero también estarán aquellos cuya conciencia les dictará a último momento decidirse por el cambio, pues la vida no solo es aparentar un amor que no tiene otra consistencia que el interés por el mendrugo oficial.

Hay un tercer grupo de fanáticos, que se engañará una vez más y se vestirá de rojo, esperará desde el amanecer para expresarse sin disimulo frente a las urnas, se peleará con los contrarios, los provocará, buscará la alianza de la impunidad, que suele rondar a los amigos de la causa. Serán capaces de darle un portazo a sus padres que le piden tan solo mesura. Un grupo muy peligroso, que en todo caso no constituye la mayoría de los chavistas, ni que Venezuela estuviese loca.

También hay que señalar lo que ha contribuido para el posicionamiento de Henrique Capriles como gran adversario. Lecciones que las trató Hermann Hudde y que no las podemos desdeñar, pues solo los que viven en Venezuela están en capacidad de darnos una referencia con voz autorizada.

Dice el sesentón analista que “Henrique Capriles le ha estado dando lecciones sobre política al presidente saliente Hugo Chávez. En pleno siglo XXI, el enfoque hacia la política ha cambiado y mucho, siendo esta una de las tantas razones por la que ningún país desea a un caudillo eterno, al comunismo y al retroceso al siglo XIX”.

“En la Venezuela del siglo XXI, el Gobierno no será el centro del poder sino un ente facilitador del desarrollo y la prosperidad, elegido por un período de tiempo específico para que trabaje. Esto no se parece en nada a un gobierno charlatán cuyas peroratas ideológicas no le resuelven los problemas que agobian fuertemente a los venezolanos. No es lo mismo ser un candidato preparado para asumir responsabilidades y que puede mostrar una trayectoria de trabajo y obras como Congresista, Alcalde y Gobernador (Capriles), a ser un candidato cuya consigna ha sido siempre la improvisación y la mentira”.

Veamos cuáles son algunos de los renglones en donde Capriles le está dictando cátedra a Chávez.

“Honestidad y ética: El caso de Juan Carlos Caldera, demuestra que el gobierno de Capriles no le dará espacio a la corrupción que empobrece día a día a todos los venezolanos. ¡Ojalá Chávez hubiera reaccionado tan rápido y eficazmente ante tanto hecho delictivo! Sin embargo, esto nunca se vio en 14 años de "gobierno".

“Sensibilidad social: Henrique Capriles ha demostrado que le importa el prójimo y está claro que no son palabras, sino que el Presidente entrante sabe que los problemas que se crearon o agudizaron en los 14 años de discursos, golpean socialmente a todos los venezolanos, especialmente a los más vulnerables. Desempleo, inflación, delincuencia, deserción escolar, falta de vivienda, hambre son algunos de los flagelos que causan problemas sociales en las familias venezolanas y estos no se resuelven delante del micrófono y las cámaras, comprando armas en Rusia o viajando a Cuba, sino trabajando”.

“Soberanía: Venezuela debe ser para los venezolanos. Por eso usted nunca verá a Capriles regalando lo que ha sido producido por el trabajo de los venezolanos. Capriles sabe lo que cuestan las cosas porque trabaja”.

Aunque no todos los casos son iguales, no se puede evitar un parangón entre las elecciones de Venezuela y las de Ecuador. En uno y otro país se aplica el “socialismo del Siglo XXI”. Los dos países están conducidos por populistas. Ambos gobernantes han usufructuado de medios de comunicación que lejos de ser públicos están al servicio de los intereses presidenciales. Hay varias cosas más en las que se los puede encontrar afinidad. Por ahora, este domingo, 7 de Octubre, allá lo llaman el 7-O, el electorado venezolano tiene la oportunidad de liberarse de cualquier fantasma que les vende sueños que en el presente, con la política aplicada, les resultan inalcanzables. Ojalá el venezolano esté con la mente muy despierta al momento de enfrentase a la urna.

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