0
diciembre 4, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Varias mentiras al final del día

Cuando prohibieron en algunas ciudades de los Estados Unidos la cinta “Último Tango en París”, las salas cinematográficas del Mundo dieron cuenta del gran éxito en taquilla de la cinta prohibida. Muchas veces, la prohibición de un organismo encargado en censura solo genera mayor expectativa sobre aquello que se restringe. En el caso ecuatoriano, en los últimos tiempos se han multiplicado los temas susceptibles de prohibición, por ejemplo que la prensa libre se sienta tan libre como para hacer un reportaje a cualquiera de los candidatos dentro del período electoral.

Debe ser por eso, por el atractivo de lo prohibido, que el documental “Rafael Correa, retrato de un padre de la Patria” de Santiago Villa, que tiene connotación de documental censurado, ya ha tenido acceso al público, pues está circulando en la red. Solo que la versión que ha llegado a los internautas es una de 37 minutos de duración, cuando la grabación, según ha trascendido, dura 47 minutos.

Es decir, hay 10 minutos editados cuyo contenido queda a expensas de especulaciones, llegándose a considerar que justamente lo que se trata allí, en ese lapso de tiempo, es lo más delicado.

Bueno, permítasenos referir brevemente lo que hemos rescatado de esos 37 minutos que en principio ha sido posible “filtrar” (un verbo que tantas veces ha conjugado Julian Assange). La introducción con un diálogo con Emilio Palacio amenazaba en principio una concepción anticorreísta del documental, pero Palacio se muestra atinado en sus conceptos, sin tratar de hilvanar su posición personal anticorreísta, sino más bien dando razones sobre las diferentes actitudes de Correa.

Para los que pensábamos que Palacio alimentaba el leño de la aversión correísta, la cinta despeja una realidad: Correa es el intolerante y el que le hace sacar al exiliado comunicador por la guardia de Carondelet, por haberse atrevido a realizar preguntas con un tono incisivo.

El director de la obra, Santiago Villa Chiappe logra equilibrar las situaciones pro y anti Correa con varias intervenciones de lado y lado. Por ejemplo, cuando un ex guerrillero, Alexander Duque, alias ‘Chorizo’, sale en el documental y revela sobre financiaciones que desde el secretariado se hicieron a la campaña de Correa.

“Chorizo” señala que un tal Julio Luna, el alias de Paco Velasco, director de Radio La Luna, y asambleísta de Gobierno, fue intermediario. Cuando se da la intervención de Velasco, sondeado por Santiago Villa, desde luego que niega, pero sin convicción, mostrando sorpresa, ironía y argumentos poco convincentes.

También la cinta muestra imágenes poco conocidas del 30 de septiembre. Por ejemplo la intervención de Ricardo Patiño, leal Canciller (leal a Correa, aclaramos), que tras haberle dado el alta el Hospital de la Policía al Presidente, señala que el Mandatario no va a salir de allí hasta que lo haga de acuerdo “con la majestad de su cargo”.

Entonces, tras esta tozudez (o mejor insensatez), que viene de mano con el alto amor propio de los protagonistas, que estaba lastimado por las fricciones que tuvo el Mandatario con la tropa de los policías presentes en el Regimiento Quito, se decide el operativo Rescate.

Es decir, la cinta de Villa no hace sino corroborar la tesis de que no hubo secuestro y si muchas ganas de vender una imagen heroica, la misma que podía haberse cuajado tras un discurso triunfalista en la plaza Grande (tras el rescate), de no ser porque el periodismo independiente fue desmenuzando las inconsistencias para creer que fue intento de golpe de Estado e intento de magnicidio.

El columnista del rotativo colombiano El Espectador logra construir un argumento convincente, porque son los protagonistas los que señalan el derrotero de documental a la cinta, es decir no interviene para nada la voz en off de alguien que vaya valorando o encasillando a Correa o sus antagonistas.

Por ejemplo, cuando se observa al Mono Jojoy (foto) hablando con sus camaradas sobre el apoyo de medio millón de dólares a la campaña de Correa, hay un peso de autenticidad en lo que señala el malogrado guerrillero, porque sus expresiones no obedecen a emoción alguna, sino que está realizando una espontánea rendición de cuentas.

Es decir, vemos a un Correa cuya imagen sale tocada por cuanto se halla involucrado en los aportes de las Farc para su campaña y también se encuentra comprometido con el 30-S, porque horas antes del rescate sus propios ministros señalan que no estuvo secuestrado y uno de ellos (Patiño) considera que no debe Correa aceptar el alta del Hospital, sin antes salir airoso con su soberanía “intacta”.

¿Cómo podía lograrse esto?, con un rescate en el que zumben las balas, las mismas que para probar que no se trataban de proyectiles salva, se dieron el lujo de mostrar el daño que hacían al impactar en algunos elementos, uno de ellos el Policía Froilán Jiménez.

Sobre los 10 minutos que están cortados, se dice que el tema seccionado es el que tiene que ver con un militar que trabajó como jefe de seguridad de la residencia del Mandatario.

Según anticipó Santiago Villa, ese militar ha sido objeto de persecución por el jefe de Estado. Se desconoce, al momento, la razón de esa persecución, pero dada la eliminación del tema es muy posible que haya razones que lindan con lo personal y eso hace aún más sensible el tema.

En todo caso, la grabación del periodista colombiano, cuya rapidez para entender la realidad ecuatoriana hay que admirar, despeja cualquier duda sobre la personalidad intemperante del Mandatario.

En la jornada del 30 de septiembre se ve como tres veces intenta aflojarse el nudo de la corbata, es decir dos veces antes de su aparición prepotente en el balcón, donde les conmina a disparar a los manifestantes, “si son valientes”. El documental revela que hubo varias mentiras al final del día y también que el mitómano adoptó el papel de prohombre que intentaba intimidar a la tropa, pero resulta que ésta se halla conformada por elementos acostumbrados a actuar contra las bravatas y eso le impidió a aquel redondear su imagen de arreglador de entuertos o justiciero.

Click to share thisClick to share this