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agosto 2, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Vanguardia y la complicada tarea de hacer periodismo

Tal vez algunos consideren que la prensa ecuatoriana sufre delirio de persecución o que todo se debe a una campaña mediática destinada a desprestigiar al régimen. Pero si a usted, amigo lector, no le dice nada la serie de clausuras a emisoras en las pasadas semanas y el ingreso violento el último martes, de la Policía y empleados ministeriales a la propiedad de revista Vanguardia, por una supuesta acción de juicio laboral, se ve que usted es indiferente con la ruta de amargura que es hacer periodismo no oficialista en el Ecuador.

Ese mentado juicio laboral fue motivo para que computadoras y archivos del medio investigativo le sean expropiados y que su asesor legal sea vejado. Recuerde también que el director de Vanguardia es coautor del libro investigativo, El Gran Hermano, razón suficiente para que la persecución tenga una motivación pasional.

Deslicemos con los detalles necesarios las acciones que el Presidente de la República señala no haberse enterado, en un momento en que no solamente radiodifusoras han sufrido en estos tiempos el embate de las acciones ministeriales y judiciales contra un medio de comunicación. El martes, a las 15:10, personal del Ministerio de Relaciones Laborales y de la Policía cumplió un papel coactivo en las instalaciones de Revista Vanguardia ubicada en la avenida Eloy Alfaro y José Puertas, sector norte de la Capital.

Uno de los funcionarios de la cartera de Estado ingresó al sitio y preguntó si el personal que fue encontrado esos momentos trabajaba en la revista Vanguardia. Periodistas, diseñadores y personal administrativo, que en ese momento se encontraba allí, que nada temían ni sospechaban sobre una reacción inmediata, respondieron que sí y tras ser retirados de sus puestos, algunos con empellones, por la Policía y personal de la cartera de Estado, se incautó las computadoras, muebles y pertenencias de la revista. Además, no permitieron que los periodistas guarden respaldos de sus investigaciones.

A partir de las 17:00 del mismo martes, en la Unión Nacional de Periodistas (UNP), Juan Carlos Calderón, director de Vanguardia e Iván Flores, editor general y el equipo periodístico de la revista, dieron su versión de lo sucedido, que afecta su forma de trabajo.

El director Juan Carlos Calderón, manifestó que “A pesar de que ya no contamos con los equipos, que los trabajos en Vanguardia van a continuar. Vamos a seguir haciendo periodismo”.

Flores explicó que la orden de allanamiento responde a una deuda laboral por 20.800 dólares, razón por la cual se abría aplicado la coactiva. El editor explicó que las personas (Policía y personal del Ministerio) irrumpieron en las instalaciones y se llevaron, en primera instancia, todas las computadoras de los periodistas y diseñadores.

“La información que está ahí no les pertenece. Eso es de la revista y de nuestros lectores”, dijo el editor general de Vanguardia.

Al final de la rueda de prensa, el personal de diseño y los periodistas mantuvieron una reunión, en una de las mesas de la UNP. Allí, Calderón se disculpó por el mal momento que tuvieron que pasar y empezaron a detallar el plan de contingencia para sacar el próximo número de la revista. Aún no se define cómo van a sacar a flote la siguiente edición, “pero trabajarán desde sus casas si es necesario”, dijo Calderón.

“¿Creen que esta medida se tomó porque ustedes, como revista, son un medio de oposición?”, fue una de las preguntas que los medios hicieron a los representantes de Vanguardia.

Flores contestó que “Vanguardia no es revista de oposición. Es un producto que prioriza la investigación y análisis prospectivo”.

Pero, en términos reales, Vanguardia es una revista independiente, por lo cual sus coberturas se tornan sin monitoreo no necesariamente elogiosas para el régimen, pues eso les corresponde a El Ciudadano y al Telégrafo.

Los periodistas de la revista afectada recordaron que esta es la tercera vez que los equipos y la información de su medio se pierde. En el 2009, por ejemplo, delincuentes no identificados ingresaron a las instalaciones de Vanguardia y solo se llevaron las computadoras de los periodistas.

En diciembre del 2010, por supuesto incumplimiento de contrato de arrendamiento, también recibieron un embargo por parte del Fideicomiso AGD-CFN No Más Impunidad, del cual no pudieron recuperar los equipos ni la información.

Lo que está ocurriendo con el periodismo independiente, tras este libreto que en el afán de acallarlo parece tener secuencia, es un peligro no solamente para la libertad de expresión. El periodismo es el último bastión democrático y sin su labor, los políticos se convertirán en seres anónimos, cuyas declaraciones solamente tendrán un efecto presencial, sin trascendencia mediática, la misma que es necesaria para saber que hay un contrapeso frente a actitudes totalitarias.

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