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julio 5, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Valija diplomática al estilo cubano

El sendero de Cuba, Venezuela y Ecuador a menudo encuentran un cruce, una semejanza, una casualidad y no precisamente en lo positivo. Si alguien que esté atento hace memoria y relaciona la última revelación de Nelson Bocaranda Sardi, respecto a unos vehículos supuestamente pertenecientes a la Embajada de Cuba en Caracas, pero que realmente habían sido robados en Panamá, con la enorme valija diplomática con 40 kilos de cocaína que desde la vía Quito-Milán se pretendió introducir en Italia, presuntamente a través de Cancillería ecuatoriana, no puede sino consentir que fatalmente en algunas cosas coinciden, esta vez, ecuatorianos y cubanos aparte de calificarse revolucionarios.

Usted se dirá, ¿qué tienen que ver vehículos robados con la droga que partió hacia Italia en los infantiles jarrones de Ruga, la Tortuga? Bueno, resulta que según nos revela Nelson Bocaranda Sardi, periodista de El Universal de Caracas, esos vehículos que pertenecen según detalles de inscripción a la embajada cubana en Caracas y que según investigación policial fueron robados en Panamá, también ingresaron a un país de recepción, en este caso Venezuela, través del novedoso sistema “valija diplomática”.

Bocaranda logró un nombre por la novedosa y pormenorizada descripción del supuesto cáncer del Presidente venezolano Hugo Chávez, enfermedad cuya magnitud y efectos, tras constituirse en un golpe mediático, se ha ido diluyendo, puesto que el Comandante se halla ahora enfrascado en una campaña presidencial y el periodista hizo calcular a muchos que a estas horas iba a estar físicamente deteriorado e incapaz de enfrentar la campaña.

Ya vemos que está vigente y eso hace que pensemos que Bocaranda fue utilizado o es un agente del partido bolivariano, que inventó la enfermedad para hacer renacer luego a un Chávez que estaba condenado a muerte por el cáncer, pero que se muestra una vez más “invencible” como predestinado que es.

Al realizar esta revelación, de los autos robados en Panamá, Bocaranda se anota nuevos puntos ante sus lectores, pero igualmente podría perder la fe de todos en el momento que se trate de una ficción, de un bluff sin fundamento y gratuito.

Bueno, hablemos entonces de la valija diplomática al estilo cubano, siempre ciñéndonos al relato de Bocaranda Sardi. Todo empieza en torno a los hechos ocurridos en abril del 2002 frente a la embajada cubana en Chuao. Bocaranda cita: "En el registro memorial de muchos continúan nítidas las imágenes de unos energúmenos destrozando unos automóviles que luego se dijo eran propiedad de la delegación diplomática cubana. En efecto, los carros eran de la embajada antillana lo que sirvió de argumento para entablar un juicio penal contra varias personas, el cual sigue su curso en el Tribunal Segundo de Control en Caracas".

Han surgido cosas insólitas al ahondar en los hechos: "En el expediente 1971-04, cuyo proceso inicial le fue encargado al fallecido Fiscal Cuarto de Defensa Ambiental a Nivel Nacional, Danilo Anderson, por parte del no bien recordado Julián Isaías Rodríguez, fueron promovidos por uno de los acusados documentos en los cuales se probaría que la mayoría de los carros de la Embajada de Cuba habrían sido traídos luego de haber sido robados en Panamá. Es decir, los vehículos habrían sido traídos por intermedio de la figura de valija diplomática”.

Los carros a los cuales se hacen referencia en el juicio, son 6: un Toyota Corolla, plata, año 2002; un Chevrolet Cavalier, negro, año 2000; un Mitsubishi Lancer, verde, año 2002; un Mitsubishi Galant, azul, año 2000; un Mitsubishi Galant, rojo vino tinto, año 2001 y otro de la misma marca, modelo, color y año.

De acuerdo con las actas policiales del 13 de abril 2003, ninguno de los carros tenía placas a la hora de resguardarlos para el proceso de investigación previo al juicio... de los seis carros que se citan en el proceso penal, se pudo conocer que sólo uno está registrado por la embajada cubana cumpliendo con lo que manda la Ley.

De los otros, uno fue denunciado como robado por el ciudadano Manuel Soares. C.I 10.810.925 y quien vivía (o vive) en El Paraíso. Mientras que del resto no existen registros en los órganos nacionales y sí en los panameños...

Consultada la Mitsubishi de Japón, la respuesta dada por el ejecutivo de la empresa, Hideo Takenaka, no pudo ser más reveladora: tres de los seis automóviles fueron ensamblados en Japón y exportados a Panamá, nunca a Venezuela...Las autoridades panameñas comprobaron los robos...Como vemos, parece existir una grave irregularidad (al menos poca claridad) sobre el origen y procedencia de estos carros que en Venezuela eran (¿o son?) propiedad de la Embajada de Cuba.

Cabe preguntarse ¿qué pasó aquí? ¿Cuál es la opinión del Ministerio Público venezolano? ¿Cuál es la posición de los organismos venezolanos sobre tan delicada irregularidad? ¿Pueden llegar tan lejos los cubanos en nuestro país o se trata de un error? Alguien debería dar respuestas".

Allí termina la columna revelación. El tema que desprestigia a un socio importante del Comandante, es decir Cuba, necesita ser aclarado, pero el caso es que Nelson Bocaranda soltó una bomba, la misma que merece ser ratificada o desmentida por los propios cubanos, o corroborada por la Policía venezolana y, desde luego, por la panameña.

Como vemos, el mal uso de la figura “valija diplomática” no lleva sino a sospechar que se trata de un sistema que facilita picardías y verdaderos actos delictivos, posiblemente cometidos durante varios años. Vale la pena esperar a reacciones y nuevas revelaciones de las policías venezolana y panameña, pues más allá de los variados detalles propios de documentos de juzgado o fiscalía no hay que descartar algún toque inventivo que en último término afectaría la carrera de Bocaranda, que seguramente está al tanto de las consecuencias de practicar un periodismo puramente sensacionalista.

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