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mayo 25, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Una patada al tablero de la ley mordaza

Si es que la mesa estaba preparada para que los conmilitones del gobernante cierren con broche de oro sus planes de aprobar la ley mordaza (concebida para que alguien salga ganando en la etapa electoral, perjudicando a las demás candidaturas), guarden los manteles y las viandas, esa “utopía” correísta como que ya está aplazada. El nuevo status se cuajó tras la comparecencia en Ginebra de Lenin Moreno, Ricardo Patiño y Johanna Pesántez, para el segundo Examen Periódico Universal (EPU) de derechos humanos.

En este foro de altísimo nivel, en el que nuestro paladín prefirió no estar para suavizar la calificación y dejar que el bueno de Lenin Moreno obtenga el incremento de la nota, al promover y difundir sobre su proyecto social inclusión a los minusválidos, desviando cualquier atención sobre temas espinosos donde no está bien la calificación ecuatoriana.

Tan exigua se muestra la calificación en ciertos campos de los derechos humanos, que de pronto no es una decena de recomendaciones que hacen las autoridades del foro al Ecuador, son 67 recomendaciones.

Al cierre de este artículo, desconocíamos sobre tales observaciones que harían al país los integrantes de la troika encargada de calificar y asesorar a los diferentes Estados (en nuestro caso Congo, Cuba y Suiza).

Pero, por los antecedentes, por la campaña virulenta del jefe de Estado contra los medios, estamos advertidos que una de las llamadas la atención del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas a Ecuador tiene que ver con la falta de garantías en nuestro país en materia de libertad de expresión.

Claro que eso ocurre. No es ningún fantasma creado por el periodismo corrupto. Para empezar, el arte de intimidar cada semana a través de los enlaces sabatinos, derroche millonario de propaganda barata, que sin embargo le ha dado resultados al mayor beneficiario de estas “cadenas” (la transmisión del mediocre programa es libre, pero hay locales comerciales, restaurantes, buses y taxis con la consigna de sintonizarlo semanalmente, de allí que se vuelve un auténtico padecimiento para el ciudadano que está curado de “correísmo”).

Mientras tanto, las paredes de Quito, Guayaquil y otras urbes tienen grafiti y leyendas en contra de Ecuavisa, Teleamazonas, El Universo, El Comercio, medios que se han mantenido contra el vendaval de la descalificación palaciega y de los infaltables esbirros.

Inclusive, en el caso de este último diario, a través de sesudos grafiti se le inculpó de la muerte de Eloy Alfaro (hace 100 años), buscando que la ficción de la calumnia desprestigie y aún haga peligrar la integridad física a sus accionistas y directivos.

La libertad de expresión es una conquista universal que está considerada como uno de los mayores logros de los derechos humanos. Los medios no pueden renunciar a tener un pensamiento libre por miedo a veladas amenazas, juicios millonarios o campañas difamatorias.

Lo decepcionante es que tres de los políticos llamados a parar el bombardeo de los medios públicos, utilizados ilegalmente para campañas personales del cuasi dictador, no se presentaron a buen tiempo, ni siquiera coordinadamente para señalar que lo que se hace desde Carondelet contra la libertad de expresión es anti ético, ilegal, una calamidad en pleno siglo XXI.

En orden de decepción citaremos a los tres políticos: Rodrigo Borja, quien tal vez por haber sido colaborador del régimen prefirió callarse y no decir ni pío tras sucesos perversos como el 30 de septiembre, los juicios a El Universo, a los investigadores de El Gran Hermano, la libre y arbitraria utilización de los recursos con el sistemático y recurrente recurso de “gasto emergente”.

Borja, además, escribe semanalmente en El Comercio, y nos puede hablar de la caída de Grecia, del triunfo socialista en Francia o de la importancia del Internet, que no nos invita a leerlo. Tiene que aterrizar en nuestro país y hablar sobre este escenario.

Jaime Nebot, uno de los que calló justo cuando debía hablar: no participó en la campaña por el No, durante la mañosa consulta popular de hace un año y de haber liderado, no hay duda que ese No hubiese inclinado la balanza, puesto que tiene ascendiente en la provincia del Guayas y la Costa ecuatoriana.

Lucio Gutiérrez, el mayor damnificado político del 30 de septiembre. No aprovechó que los grandes medios lo han considerado inocente del “secuestro e intento de golpe de Estado e intento de magnicidio del 30 de septiembre de 2010. Claro que ha protestado, claro que en determinadas emisoras y periódicos ha señalado que “Correa es un mentiroso”, pero él debió pensar en ese conglomerado elemental al cual dirigió su mensaje “la víctima” (Correa), que necesita saber la verdad de un hombre que efectivamente no tiene ninguna responsabilidad en que el paladín se haya precipitado al regimiento Quito, sin que nadie le llame y sin que ninguno de sus ministros haya reconocido que esa visita que terminó en el ridículo, haya estado en su Agenda.

Estos tres políticos, han mal utilizado la libertad de expresión y han dejado a los medios de comunicación en otra isla. Hay cosas que se hacen concertadamente y una de ellas es dar a conocer una verdad. Los medios, pensamos, sí les habían dado apertura para que los tres hombres, conocidos en nuestro país, especialmente en la política nacional, señalen documentadamente y con libertad ángulos importantes de la verdad.

Este viernes sabremos sobre las 67 recomendaciones de Ginebra a Ecuador. Si es inteligente el gobernante de turno, de ninguna manera saldrá con absurdos como “yo soy el Presidente de país soberano y yo sé cómo conducirme”.

Por lo pronto, aplicar la Ley mordaza en Ecuador, de ninguna manera significaría coherencia. Si el tema en el que más falla este Gobierno es en libertad de expresión.

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