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noviembre 17, 2014 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Un show con derecho a vacaciones

Los honorables asambleístas más pronto que tarde se pondrán a “debatir, a cruzar sus brillantes oratorias y llegar a consensos” respecto a esa salomónica decisión de la Corte Constitucional que determinó que el Presidente puede ser candidato cuando le parezca, y que no es reforma sino simple enmienda cambiar la categoría de elección en nuestro país.

Pero eso no es necesario queridos asambleístas. El país sabe de memoria lo que van a hacer. Cuando llegue el momento, la correísta… perdón, la presidenta de la Asamblea Gabriela Rivadeneira, bien puede darles un mes o algo así de vacaciones, porque nadie tiene derecho a trabajar sobre algo que ya está previsto, ni la ciudadanía tiene la obligación de soportar una comedia así. Un libreto sin capacidad de sorpresa es cansón, aburrido, un esfuerzo innecesario.

Si ellos van a votar por aquello que busca confesamente el Presidente, puesto que jamás van a desobedecerle, claro, ¿para qué hacer el sainete de un debate? Un mes que bien podrían dedicarlo ellos a una salida en un Ferry del mayorista turístico Decamerón, por esas playas exóticas de Cuba, República Dominicana, Bahamas.

O, si quieren disimular, podrían ese mes visitar sus terruños para “socializar” porqué es que les parece tan fantástico el golpe… perdón la decisión de la Corte Constitucional de cambiar la Constitución de Montecristi y posibilitar que el hombre que prometió irse de vacaciones con Miguelito, el que dijo que se iba a territorio belga, resulta que quiere ser eterno presidente.

Admiro a aquellos comunicadores destinados a hacer la cobertura del sainete, donde un centenar de subalternos del rey van a quemar tiempo y van a pensar mucho, hasta llegar a “la difícil decisión de cumplir con su voluntad”. Esos periodistas tendrán que aguantarse discursos larguísimos que van a estar maquillados de democracia, pero que a la final van a desembocar en un “sí” a las ambiciones de Correa.

Ahora, el señorito ya ha cambiado el discurso, ya no solamente dice que quiere volver a ser candidato sino que dice que la oposición no ha interpretado bien lo que dice la carta magna inventada por él mismo, “la verdadera consulta la responderá el pueblo en 2017”. Salomónica decisión, lo dijo y lo que él dice es sagrado.

Pero él y los miembros de la corte vergonzosa y siniestra, al igual que los asambleístas que se disponen a calentar asiento para recitar lo que ya está ordenado, tienen que volver a leer lo que dice la Constitución en sus artículos 114 y 144, a que comprendan que aquí no hay enmienda alguna, lo que hay es una reforma mayúscula, que amerita una Constituyente.

Art. 114: Las autoridades de elección popular podrán reelegirse por una sola vez, consecutiva o no, para el mismo cargo.

Art. 144: La Presidenta o Presidente de la República permanecerá cuatro años en sus funciones y podrá ser reelecto por una sola vez.

Según Patricio Pazmiño y sus cómplices, cambiar estos artículos no fue “reforma”, entonces, ¿qué es para ellos una reforma? ¿No están entregando en bandeja dorada a su mandamás la posibilidad de que viva en permanente campaña?

Por todas estas razones, es valedera una Consulta Popular que pare de una vez esta farsa y traiga al país un aire más respirable y un sentido de la dignidad diferente al de aquel que mide su honra a cambio de 80 millones de dólares.

Ah, y en cuanto a trabajar, los asambleístas tienen que hacer una actuación, una buena actuación, convincente. El final ya lo sabemos de antemano: “La Asamblea aprobó la Reelección Indefinida”. Son genios Correa y sus levantamanos. El jeque no puede negarles unos cuantos caprichos (si es que ellos quieren playas doradas), ya que el pedazo más grande de este pastel ya sabemos quién se lo lleva.

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