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noviembre 30, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Un bisturí sobre la Dictadura

Osvaldo Hurtado Larrea es uno de los grandes artífices intelectuales que tiene el país. Tiene varias obras que versan sobre la historia contemporánea del Ecuador, sobre el populismo, sobre las formas de Gobierno de varios de los jefes de Estado.

A diferencia de Rodrigo Borja que, por evitar el mínimo roce con el poder, duerme en los laureles de un diccionario de política, que algunos le ven como la gran obra, pero que no alcanza el objetivo de un mensaje e inclusive de una provocación como Osvaldo Hurtado, éste tiene un contenido que no deja indiferentes a sus lectores, porque lo suyo no solo está bien escrito, sino más aún fundamentado y, sobretodo, deja una advertencia, una lección sobre el futuro.

Tengo la impresión que si Mario Vargas Llosa fuera autor de ensayo político se pareciera más a Osvaldo Hurtado, porque éste abunda en elementos y escenarios del tema que domina, como lo hace el autor de “La Casa Verde” y “Conversaciones en la Catedral” dentro de la ficción.

Es posible que los trolls de la orden correísta hayan atacado a Hurtado desde antes de sacar a la luz su última obra: “Dictaduras del Siglo XXI”, pero con esa rabia solo logran llamar la atención, porque al igual que ha ocurrido con el documental del colombiano Santiago Villa “Rafael Correa, retrato del padre de la patria”, solo han conseguido que la sociedad se interese más por lo que plantea la pluma de Hurtado.

Gracias al ex Presidente podemos conocer que las libertades individuales no solo que se encuentran amenazadas sino limitadas, es decir que ya se cirnió sobre ellas una forma de absolutismo y mando de corte vertical.

Hurtado ya previno, a través de una entrevista realizada en el año 2007, a través de El Comercio, sobre la mixtura refundación correísta y autocracia caudillista, que es lo que se ha instaurado en el país.

Por entonces la clase política, que pensó que Correa solo era un esnobismo, una corriente de coyuntura, le dejaro “reestructurar las instituciones constitucionales”.

Por eso el golpe con cheque en blanco al Congreso, de donde sacó sin miramientos a 57 diputados; por eso el “shock” al Tribunal Constitucional. El país estaba listo a dejarle hacer, pensando que venía a cambiar las cosas. Pero ya estaba visto cómo se estaba desvaneciendo lo que se concibe como democracia.

Los que decidieron que detrás de la fachada de cambio había una ansia de legitimar la posesión del poder de manera indefinida solo llegaron a un 12%, los demás se adhirieron al proyecto revolucionario.

Dan cuenta que inclusive Jaime Nebot se sumó a la oleada de instalación de la Asamblea Constituyente, cimiento de la consagración revolucionaria con la Constitución de Montecristi.

El libro de Hurtado revela con lucidez incontrastable que han pasado seis años y de una manera arquitectónica, como ha ocurrido con tras revoluciones del Siglo XXI, en Ecuador se han fundido los poderes en una sola voluntad, la misma que se da el lujo de exigir más cuotas de poder, allí donde ya no se podría discutir sin considerar que se amenaza las libertades.

Perdón, las libertades ya están amenazadas desde que el jeque se hizo del poder judicial. En nuestro país, usted puede tener la razón (acuérdese del caso diario La Hora), pero si el juez de Carondelet dice que usted tiene que pedirle disculpas a su jefe (presidente de la República y jefe del juez, aclaramos), pues deberá hacerlo si no quiere que le caiga un severo castigo y su empresa, organización o institución se vea sometida a la persecución oficial.

También está amenazada la libertad de informar, la libertad de expresión, que es una de las más importantes desde que se proclamó la revolución de La Bastilla, en 1789.

Son derechos y libertades básicos amenazados, cuando ya se ha desinstitucionalizado el equilibrio, puesto que la Asamblea, la Corte Suprema, la Corte Constitucional, el Consejo Nacional Electoral, la composición de la Participación Ciudadana le son incondicionales al virtual dictado ecuatoriano.

Osvaldo Hurtado recoge momentos decidores de una forma de Gobierno propia de los regímenes de facto. La obra del escritor y estadista riobambeño sin duda merece ser leída y reproducida, para conocimiento de quienes quieren empaparse de algo más que un diagnóstico intelectual, pues constituye el bisturí sobre la verdad de la falsa democracia ecuatoriana.

 
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