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mayo 7, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Tranquilos, Hollande no es socialista del Siglo XXI

Si Chávez o Correa ganaban en Francia se dedicaban a agotar el diccionario de invectivas contra el derrotado y todo lo que representa. Se dedicaban a encontrar argumentos para adjudicarse todos los poderes del Estado o a creer que todos ellos están subordinados al emperador.

Así que tranquilos los que temen que el flamante presidente de Francia, Francois Hollande, se lance a exteriorizar conceptos salidos de algún asesor populista, de alguna mente afiebrada y corazones ardientes;el hombre es centrado.

"No somos un país cualquiera del planeta, somos Francia. Y como presidente de la República me corresponderá llevar las aspiraciones que siempre han sido del pueblo en su conjunto: la paz, la libertad, la responsabilidad".

Hollande lo afirmó desde la ciudad de Tulle, desde donde viajó a medianoche a París para darse un primer encuentro en su luna de miel con las masas en la plaza de la Bastilla.

Es importante la primera palabra de sus ofertas (paz), puesto que ningún pueblo siente el progreso si no hay de por medio la armonía de las relaciones entre la gente y sus pueblos.

A diferencia de otros presidentes supuestamente socialistas y que han inaugurado una etapa divisionista, Hollande sostiene que la unión de los franceses será un pilar fundamental en el desarrollo de la nación más extensa de Europa occidental.

Una visión opuesta a la que han demostrado, especialmente, aquellos caudillos que se encuentran en el continente americano, cuya praxis política les lleva a dividir a sus ciudadanos en buenos y malos, con aquello de “divide y vencerás”.

Por esto, se considera simplemente una pose conveniente cuando Correa y Chávez se han puesto muy efusivos tras la victoria del candidato socialista en Francia.

Éstos quisieran subirse al carro de la victoria, quisieran que su nombre aparezca en uno de esos periódicos Le Monde, Le Matinal, Le Jour. Que figuren sobretodo anclado al nombre del triunfador, eso da réditos.

Pero no hay posibilidades de absorber algo de la victoria ajena cuando se ha caminado por sendas que significan todo lo contrario de la unidad de un país.

Una cosa es FrancoisHollande, quien logró su victoria tras lucha propia, empezando como hombre de Estado que renova el horizonte político francés y no explotando la “piti fama” de los Hugo, Rafael, Evo o Daniel.

De esta manera, no es correcto subirse a carros ganadores, cuando el historial real de los aspirantes a tal privilegio indica que están en un mar de conflictividades, que es el rumbo con el que manejan sus países.

La tradición y solidez del partido socialista francés no se discute. La ninguna vinculación de Hollandea los escándalos puede confirmar que se trata de un político con autenticidad.

Es decir, no se puede dejar de adjetivar que es un socialista auténtico el que ha ganado, no uno de la camada del Siglo XXI (es decir un zurdo populista).

Hay que dejar en claro que el discurso de Hollande es la búsqueda de soluciones para la Europa en crisis. No es un discurso divisionista que busca establecer una etapa de contradicciones entre sus seguidores y los seguidores de Sarkozy o entre los que tienen poco y los que tienen mucho.

Esto no da resultados que beneficien al conglomerado, esto divide a un pueblo, a una nación.

Hollande no ha tenido un discurso exultante. Afirmó que los franceses "votaron por el cambio" y que siente "orgullo, dignidad y responsabilidad". Aclamado por los suyos en su primera comparecencia pública, en Tulle, se comprometió a servir a su país "con la ejemplaridad y la dedicación que requiere esta función". Desde su feudo electoral dijo ser consciente de que "Europa nos mira" y afirmó estar

"seguro de que en muchos países europeos (su victoria) ha sido un alivio, una esperanza" porque "la austeridad no podía ser una fatalidad".

Hollande, que durante toda su campaña reiteró su intención de reformar el tratado europeo negociado a finales del pasado año y firmado a comienzos de marzo para añadir medidas en favor de la reactivación económica y a ese respecto se mostró convencido de que la jornada de ayer"debe ser un nuevo punto de partida para Europa".

La ninguna intención de revancha, es decir la política de bien, personificada por el vencedor del ballotage francés es clara cuando no se preocupa de humillar a su contrincante.

El presidente electo mostró su "orgullo" de poder celebrar la victoria en el mismo lugar en el que, hace 31 años, miles de franceses habían felicitado la victoria a François Mitterrand.

Hollande también topó el tema clave del país y el continente, leyó su victoria en clave europea y declaró que "hay otros pueblos que quieren acabar con la austeridad y nos miran".

Es decir la obra del socialista se va a remontar no solo a buscar la integración nacional sino que piensa que "el cambio tiene que llegar a otros pueblos de Europa". Hollande está decidido a buscar con Alemania una solución para atajar la crisis de la zona euro.

Este objetivo pone en la mesa la doble perspectiva del pacto fiscal y también el crecimiento económico.

No fue posible advertir en Hollande la diatriba que rompa la armonía de su celebración.

Tampoco se lo vio renunente a cumplir con la Constitución o a intentar inventarse una constitución garantista que le favorezca a él o a su grupo partidista.

Simplemente es un socialista. Los del Siglo XXI tienen otras motivaciones, como perpetuarse en el poder o quebrar la voluntad libre de la prensa. Hay hondas diferencias.

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