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marzo 11, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Todos los honores y ventajas al ganador de la lotería

Ojalá alguno de los candidatos ecuatorianos hubiesen tenido los arrestos de Henrique Capriles, quien se atrevió a decir la verdad: que el “dueño del poder”, Nicolás Maduro resulta que es favorecido por el CNE venezolano para enfrentar al opositor con absoluta ventaja, es decir no solo corriendo como candidato sino además ejerciendo el cargo de la Presidencia de la República. “Esto es un fraude electoral”, señaló el luchador candidato al que quieren poner sobre la arena como un gladiador amarrado, mientras el otroblandiendo espada con la valentía además de tener a todos los tribunos a su favor, e inclusive al contador de mandobles (al CNE) listo a favorecerlo, por si acaso se escabulla David de Goliath, está igualmente listo a trazar el epílogodel atrevido que debe dejar su piel sobre el campo de batalla.

En Ecuador, tan acostumbrados estamos a verle al señor economista de dueño de los destinos que nadie se atreve a cuestionar el porqué de tanta ventaja en una elección. Llegar a la contienda con el caballero “en funciones” entregando obras, tomándose los planes de otros candidatos para hacerlos suyos, publicitándose a toda hora, como ninguno de sus siete adversarios pudo hacerlo significó la aceptación de sus adversarios a “las bases del concurso”.

Luego, a celebrar tan apoteósico triunfo cuando gastó diez veces lo que todos los candidatos juntos, por lo cual como bien lo señaló la Revista Semana de Colombia, debió haber obtenido el 91% de las votaciones, con un sistema en el que el CNE ecuatoriano fue un árbitro a favor, que miraba a los lados para evitar el bochorno de contestar a los candidatos que denunciaban (tímidamente) cómo además el ungido movía la campaña sucia sin ser penalizado.

Los candidatos ecuatorianos debieron actuar con firmeza, no se puede dar tantas ventajas a un adversario. Si tan popular es, si tantos seguidores tiene, ¿por qué utilizar alevosamente campañas vedadas? ¿Por qué preocuparse de adversarios “sin mayor peso”?

Quisieron jugar a valientes cuando debieron reunirse y pedir en conjunto reglas más equitativas al CNE. Cierto es que nos hemos quedado admirados de la alta votación de Rafael Correa, pero todo tiene su explicación.

Recordamos que antes era prohibido que el día de las elecciones el sufragante porte camisetas o distintivos alusivos a un partido político. Pero ahora, acudían a votar de verde limón con el orgullo de sentirse los dueños de la fiesta.

Inclusive las mismas pancartas del pasado eran respetuosas con los símbolos patrios, pero ahora resulta que el candidato que se llevó el premio mayor podía posar tranquilamente con la bandera y el escudo nacional, con la banda presidencial, porque “ya tenemos Presidente”.

Los tímidos candidatos que pretendían oponerse ni siquiera se atrevieron a utilizar en el discurso los pecados graves cometidos por el Ejecutivo, en un régimen lleno de temas que merecen la reprobación general.

Lo peor es que tienen tantos medios de comunicación que sus mentiras son interpretadas como verdades por ingenuos ciudadanos que solo tienen acceso a ver los canales incautados o canales aliados, los mismos que en su momento fueron independientes y que ahora han optado por unirse al vencedor porque en su entorno “habrá nuevas y apetecibles oportunidades”.

Ninguno de los candidatos se atrevió a señalar al candidato ambicioso que pensó levantarse cuarenta millones de dólares con un simple juicio amañado.

Ninguno de los candidatos se atrevió a pedir investigación del caso ChuckySeven que fue la comprobación de que el juicio a El Universo tenía juez y parte.

No apareció uno solo de los candidatos que señale sobre la fiscalización al Gobierno sobre klas cifras que nos entrega tan olímpicamente, al haber señalado, por ejemplo que en el tema de la renovación de la Justicia el Gobierno había invertido nada menos que cinco mil millones de dólares, es decir el equivalente a diez aeropuertos. Al margen de eso, ¿se renovó realmente la Justicia o se la puso al servicio de la revolución ciudadana?

Le hicieron fácil la batalla a don Rafa cuando se dedicaron a hablar generalidades “queremos un país con más libertad, con más democracia, con funciones independientes”. Todas estas cosas son ciertas pero Juan Pueblo gusta del golpe arrabalero que en materia de discurso puntualice un hecho, un escándalo, una gran duda nacional.

Es decir, mientras él (el candidato que jugaba con licencia para hacer lo que a mí me dé la gana) hablaba fácilmente en el lenguaje de consumo populachero, inculpando a los años oscuros de la partidocracia como los años de corrupción, no había quien exija aclaración al discurso del Mono Jojoy sobre la contribución de las Farc a Correa; no había quien mente sobre esos contratos del gran hermano Fabricio Correa. No había quien haga acuerdo de la valija diplomática cargada con clorhidrato de cocaína.

Bueno, pues, ahora ya es tarde y como ocurrió con los venezolanos a aguantarla (por suerte no son seis años).

La protesta de Capriles es muy valedera. Y no es un lloriqueo. No vemos dónde puede estar la valentía de un hombre que acepta todas las imposiciones oficiales: publicidad agresiva del candidato Presidente, entrega y promesa de obras delmismo postulante que está ya instalado en Miraflores; posicionamiento mediático del hombre con la banda tricolor. Es decir, toda esa parafernalia propia del que sabe que es un seguro ganador del gordo de la lotería. Pero, será un ganador del premio gordo en tanto Venezuela y su sociedad no se den cuenta que las batallas no tienen ninguna condición competitiva y por lo tanto carecen de una medición justa, cuando se concede tantas ventajas a uno de los contendores.

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