0
agosto 29, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Tiempo de decisiones

En Venezuela, Hugo Chávez, que vive una campaña de 14 años, empezó la nueva batalla electoral supuestamente con 30 puntos delante de Hernando Capriles. Resultado decisivo que para cualquier candidato que se enfrenta a la maquinaria estatal del cuasi dueño de Pdvsa (Petróleos de Venezuela) significaba descalabro a la vista.

Ahora se conoce, por medio de encuestadoras independientes que hay empate técnico. Con variación de uno ó dos puntos como margen de error. Y, con algo grave para el Goliath de esta historia: su preferencia se halla en declive, mientras que la preferencia por el aspirante va en ascenso, como lo demuestran las recepciones en los diferentes pueblos a los que asiste.

En Ecuador, los oficialistas que son aprovechados alumnos del mandamás llanero, dijeron que tenían el 80% de preferencias, (porque “es bueno comenzar con cifras contundentes, que signifiquen un garrotazo en el optimismo de los pobres opositores”).

Luego de manejar por varias semanas la cifra de 80%, el diario El Ciudadano sacó en sus páginas que por el infalible están dispuestos a votar el 70% y, ahora, Perfiles de Opinión nos dice que esa posición la tiene el 41%, es decir la mitad de lo que sostenían los del culto correísta tan solo hace dos meses.

Aunque sospechamos que aún esta cifra puede ser inflada, desde luego que es más cercana a la realidad. La misma que fue alterada deliberadamente, como signo de la “nueva política”, ya que los alumnos de Maquiavelo saben que el electorado primario al momento de recibir códigos como 80 ó 70% desde luego que amoldan su pensamiento a la idea de un gran triunfo del “favorito”.

Entonces, al llegar las elecciones el gran favorito mantiene aunque sea en forma emocional la idea de un gran triunfo cuando el puntaje cierto es mucho más estrecho.

La oposición, que debe trabajar mucho para empujar su arsenal rumbo al campo de batalla, debe revisar el escenario real: Correa, merced a su sempiterna campaña, debe estar alrededor del 32 al 35%, de allí que se muestra temeroso de una segunda vuelta, no en vano viene su presión para la campaña del CNE tendiente a aprobar o eliminar postulaciones.

La segunda vuelta tendría un significado funesto para el candidato que gasta millones del Estado en promoción, puesto que entonces la gente se podría pronunciar por su opositor, que no sabemos si sea Guillermo Lasso (que va segundo en las encuestas) o Lucio Gutiérrez (tercero).

Mantenemos nuestra postura que la oposición debería marchar unida alrededor de un solo candidato, como ocurre en Venezuela, pero sin duda Ecuador va a tener una amplia gama de postulantes, puesto que más de uno se considera el representante neto y visible de la oposición. Gutiérrez señaló en un principio que está dispuesto a ir a una lid primaria para determinar cuál debe ser el opositor, no sabemos si ahora que Guillermo Lasso se ha proyectado con más fuerza, el coronel esté dispuesto a mantener esa posición.

Pero, lamentablemente, Gutiérrez es de los que no aprovechan el momento justo (tal vez le falta explicar de una forma dialéctica, que roce con lo académico, los problemas en los que está sumergido el país) y cuando se decida a dar un paso que este momento parece acertado, en ese instante podría no ser oportuno.

Precisamemente, uno de los acontecimientos que pudo catapultar a Gutiérrez fue el 30 de septiembre. Fue inculpado por el propio presidente Correa de haber intentado dar un golpe de Estado.

Se indignó, sí; insultó a Correa, sí; hizo valer conceptos machistas, sí. Pero eso no lo ayuda a resolver ante las masas el desentrañamiento o mejor el esclarecimiento de la realidad. La prueba de que en el país sí había gente que analice su ninguna implicación en el levantamiento policial fue el pronunciamiento de los medios nacionales (con excepción de El Telégrafo, El Ciudadano y la TV pública), todos ellos descartan que el coronel haya intentado romper el Estado de Derecho.

A Gutiérrez le faltó picardía política, esa que le sobra a Bucaram, a Nebot o quizá al propio vicepresidente traidor (Alfredo Palacio). Podía inclusive demandar al estado ante los altos tribunales internacionales.

No nos vamos a hacer los inocentes, porque nuestros lectores sí tienen noción de lo que se habla: Gutiérrez pudo haber sacado algo más que disculpas al Gobierno que le inculpó de algo grave que no tenía responsabilidad.

Extrañamente, lanzó dos insultos, dijo que no le tenía miedo a Correa, pero eso no aclaraba nada. El principal hecho que confirmaba su inocencia no es de que se hallaba en Brasil, porque un capo, dentro de la ficción y realidad macondiana, puede ordenar un golpe por vía teléfono celular.

El principal hecho, que limpiaba a Gutiérrez tiene que ver con la agenda del Presidente, de la que ni siquiera sabía su secretaria. El sabelotodo fue por su cuenta y riesgo al Regimiento Quito. El ridículo show tuvo un carácter espontáneo, porque quería arreglar “personalmente” el tema de la revuelta policial. Como las cosas se complicaron, ¿qué mejor que tirar la piedra a un odiado adversario?

En la obligada riposta, Gutiérrez (como ya lo dijimos) gastó la pólvora con insultos y descendió notablemente en sus posibilidades de convertirse en el opositor natural del gobernante. Al margen de eso, su defensa al fiscalizador que ha dado en el clavo sobre varios hechos ilegales del Gobierno, Galo Lara, que es de su partido (PSP) ha sido muy tibio. El régimen quiere crucificar a Lara que es otro correcaminos que le ha hecho sudar varias veces al coyote. Difícilmente podemos concebir que un asambleísta de su categoría se vea involucrado en hechos de sangre.

El único testigo que ha surgido contra Lara es un supuesto compadre del fallecido que aparece varias semanas después del hecho y que desde luego parece el contacto gubernamental para acabar con el parlamentario, al que el Gobierno desde hace tiempo quiere que deje de tener fuero en su afán de llevarlo a estar inmóvil entre inmundas y sombrías cuatro paredes. Una seria demostración de odio político.

Volviendo a la materia electoral, se sabe ahora que Guillermo Lasso es el que va subiendo y ya está en el segundo lugar. El camino es largo, pero no lo suficiente para permitir decisiones retardadas. Si Gutiérrez da temprano el paso a un costado, las posibilidades de la oposición van a crecer.

Si Gutiérrez se mantiene, el libreto de la anterior campaña se va a repetir con el agravante de que este buen ex militar va a quedarse en el tercer casillero, lo que sería fatal para su futuro político.

Click to share thisClick to share this