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junio 4, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Talento para exhibir bonanza y progreso

En el país está ocurriendo que a tal Presidente, tales gobernados. Por lo menos en temas de derroche económico es increíble el parecido entre mandantes y mandatario, sin embargo, este último ha prendido las alarmas, quiere ser el único que exhibe una billetera generosa, una “SuperCard 001”, el 00 es código no para matar, como el 007, James Bond, sino para gastar.

Rafael Correa está preocupado por el sobreendeudamiento de alrededor de 400 mil familias ecuatorianas bajo el sistema de compromisos con instituciones y empresas que manejan tarjetas de crédito.

Pero, esta legítima preocupación del jefe de Estado, corresponde a una actitud refleja de quienes de una u otra manera observan cotidianamente los arrestos de exhibición de riqueza que permite dar a conocer el soberano (en este caso, el “soberano” no es el pueblo) a través de sus alegres cuentas y de sus actitudes y actividades casi siempre festivas.

Incuestionablemente los que conocen de economía y que en el país al parecer son muchos, son los primeros en no dejar de preocuparse por la proyección de bonanza que muestra el Gobierno gastando más allá de su límite en rubros como la publicidad o la contratación de nuevo personal para las entidades públicas, en la creación de ministerios novísimos como el de Talento Humano o el de Patrimonio, en armamento o en naves sea para apuntalar el parque automotor de los militares o para el combate a la delincuencia, caso este último realmente justificado.

Lo cierto es que Rafael Correa que maneja un presupuesto altísimo para gastos corrientes, no deja advertir alguna medida o previsión, tomando en cuenta los elevados rubros que han ingresado por petróleo, los más altos que tuvo gobierno alguno de nuestro país.

Hace más de un mes situamos que China y Rusia son los nuevos acreedores del Ecuador y se hizo conocer que pese a que el Presidente habla de una economía ecuatoriana boyante, ha contraído compromisos por miles de millones de dólares con los dos gigantes eurasiáticos.

Se conoce que a China se le debe siete mil millones de dólares, cifra muy alta a la que hay que agregar un publicitado compromiso para entregarle anticipadamente al gigante oriental cuotas de petróleo en papeles que señalan una acreencia más allá de marzo del 2013, es decir una deuda que rebasa la etapa del Gobierno del señor economista.

El país aspira que no decaigan los precios del petróleo, pues el nivel de gastos a los que ha llegado el jefe de Estado indica que una caída más debajo de los 60 dólares por barril descompondría nuestra economía, precisamente porque el economista no ha economizado para los tiempos de vacas flacas.

Pero, no solo estamos para observar o criticar a quien se le estima como el mayor derrochador de entre los gobernantes ecuatorianos. También la perspectiva del Presidente merece ser considerada, pues el tema “a tal Presidente tales mandantes o gobernados” no es una ironía, es una realidad, que hay que tomarla en cuenta cuando él advierte que en cualquier momento su economía (la de 400 mil familias) puede colapsar y que estos núcleos familiares lejos de cumplir con esos compromisos se convertirán en morosos.

La reflexión de Correa que se hizo pública en la penúltima sabatina podría llevar a una alarma colectiva, porque esa evidente cultura consumista en lugar de cultura de ahorro podría desembocar en un conglomerado de decenas de miles de familias que deciden evadir el pago y aún más están endeudadas con diferentes entidades que les confirieron crédito, habiendo usado para ello un número de tarjetas de crédito que ha servido para pantalla y ostentación de su forma de vida.

Estos altos niveles de consumo según analistas de la macroeconomía se viven desde el 2011, pero el tema se ha destapado ahora que el Gobierno finalmente reconoce la existencia de estarealidad, por lo que anuncia que a través de la Junta Bancaria se estudiará la forma de hacer más riguroso el trámite que corresponde a los deudores.

Para ilustrar lo que ocurre en el ámbito de los deudores, la cuota de deuda promedio, siempre según el economista, es mayor que el ingreso disponible en el 41% de las familias ecuatorianas sobre endeudadas (es decir 164 mil de las 400 mil familias que están en la lista de morosas), y ésta es una cifra elevada que sin duda corresponde a las clases media y media alta del país.

Estas 164 mil familias suponiendo que tengan ingresos por alrededor de mil dólares, según la información de la que dispone el Presidente deberían mensualmente más de esos mil dólares, lo cual pulveriza cualquier intención de pago y de salir de la lista negra, pues en países que tienen cultura de ahorro solo entre un 10% y 25% de los ingresos serviría para pagar una deuda o ahorrar.

Aunque es evidente que lo que alarma es que haya familias que mantengan un nivel consumista y una vocación a solicitar créditos pese a estar endeudadas, para el Presidente hay bancos que están dando el crédito “porque hay exceso de liquidez” y al margen criticó a la actividad de las tarjetas de crédito “que no tienen mayores controles”.

Al perecer que es correcto que el economista se preocupe de lo que amenaza al sistema económico, lo cual se traslada al ámbito social lo cual no deja de preocupar. No solo los bancos sino cualquier entidad crediticia, cualquier almacén y centro comercial deberían ser meticulosos en la concesión de crédito.

Si nos situamos en el problema de 164 mil familias con deudas mayores a sus ingresos, cada padre de familia, o joven en situación de compromisos a semejante nivel con entidades crediticias, debe conocer que llegar a endeudarse por alrededor del 25% de los ingresos ya es elevado, hacerlo por el 100% es una irresponsabilidad.

Pese a esta visión, el entendido Walter Spurrier señala en El Universo que lo observado por el Presidente no es para alarmarse pues “los bancos privados tienen una cartera de consumo de USD 5.282 millones; la vencida y que no devenga intereses es de $ 258 millones, el 4,9% del total. La tasa promedio de interés para crédito de consumo es de 15,9%, o sea que en un año la banca por intereses de este crédito percibe $ 800 millones. Después de absorber las pérdidas de los malos créditos, quedan $ 542 millones”.

Visto así, el problema macro no representa una amenaza a la economía, pero ese aire de supuesta invulnerabilidad puede ser el caso de los bancos. Interesa saber los casos de dramas individuales sea de familias o de empresas medianas y pequeñas que quiebran por una mala dirección en el tema créditos.

No nos podría negar Spurrier que hay un tramo dramático y complejo dentro de las historias de una gran parte de esos 400 mil deudores y sus acreedores. Sepa usted como hacen 164 mil jefes de familia para cubrir unos huecos mientras surgen otros.

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