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julio 31, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Superar los temas Bucaram y Assange

El Gobierno ha encontrado un filón dorado para que se hable de él a partir de dos temas con personajes polémicos, los mismos que han sido puestos en las manos de Carondelet, que tiene un especialista en aprovechar la coyuntura para armar ruido.

Carondelet y su huésped llevan el papel poco menos que de árbitros de la situación de los dos personajes: Abdalá Bucaram y Julien Assange, el primero, ex Presidente de la República, con líos judiciales; el segundo, espía informático que tiene el pecado de haber difundido las conversaciones y los puntos de vista de diplomáticos estadounidenses ante políticos de su país, pero que también tiene líos judiciales.

Con la comodidad que da estar en plan de anfitrión, el gobernante ecuatoriano tiene en estos días el primer plano tranquilo sobre las situaciones de Bucaram y Assange, porque se han venido espontáneamente, casi por gravedad, los debates sobre lo acertado y lo desacertado de mantener nexos con ellos o, en fin, para establecer si hay o no razones para que esos señores permanezcan en el plano de los perseguidos.

La justicia socialcristiana que tenía una buena dosis de naranja (pues había maridaje con la ID), y que también estaba tomada por la política (no tanto como la de ahora, de AP) actuó con efectividad y nada de sensibilidad en los años de caída del dirigente populista, por lo cual se hizo entendible su huida a Panamá.

Esta suerte de injusticia tuvo su continuación, porque pese a que Bucaram volvió tras la anulación de los juicios por parte de la Pichicorte, la misma partidocracia hizo que siga la persecución y además quebró el Estado de derecho al defenestrar antidemocráticamente al Presidente que ocupaba el sillón el año 2005, Lucio Gutiérrez.

Es en este punto que la partidocracia comete otro grave error, ufanarse de haber tumbado tres gobiernos, poniendo en el solio a alguien con perfil de Judas, Alfredo Palacio, que dizque “iba a refundar la historia del Ecuador”.

Ecuador debe superar los temas Bucaram y Assange, la prensa no puede quedarse en hechos de mediana catadura que adquieren mayor dimensión de la que tienen por culpa de la resistencia y exceso de dialéctica.

Es verdad que estamos haciendo más fácil el camino a Correa, al implícitamente admitir que ya es hora de que le dejen regresar a Bucaram o que nos alcemos de hombros sobre el caso Assange, que no le causa ningún beneficio al régimen, como no sea confirmar su tendencia a confraternizar con personajes extravagantes, algunos de ellos con estatus de parias internacionales, como Bashar Al Assad o Mahmoud Ahmadinejad.

El sector político ecuatoriano debe celebrar que Rafael Correa cumpla su pacto con Bucaram y lo traiga de vuelta al país. Si durante años ha pesado como un fardo el tenerlo fuera del país, dentro del mismo el tiempo dirá si el economista acertó o no al dar luz verde a una amnistía al “loco que ama”, pero habrá dado un gran paso para que se termine de configurar el mapa de la política ecuatoriana.

El caso Assange no debe quitar el sueño a nadie, la oferta de asilo a este personaje fue una salida espontánea, y propia de los Correa, Patiño y Kinto Lucas, así que no va a dar más complicación que tener en el país a un espía, pirata cibernético o lo que ustedes quieran, visita que estaría a la altura de la visión que tiene de la política y de las acciones de Estado Rafael Correa.

La presencia de Assange en el Ecuador tendrá poco menos que el efecto que causó el ex presidente de Honduras Manuel Zelaya en la Embajada de Brasil. Mientras que para sus pares: Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega, el mencionado hondureño era casi un héroe, para la Embajada brasileña fue una pesadilla encontrarse por allí a un hombretón con botas y sombrero “tomando la siesta”. Shit, había que dejarle, es nuestro aliado Manuel Zelaya. “Ojalá no hagan bulla, pues si se despierta siempre arma relajo por su expulsión de Tegucigalpa. Y, ojalá no esparza el perfume de sus pies… Menudo lío nos compramos”.

Assange podrá tener dos miligramos más de glamour que Zelaya, pero también lo encontraremos por allí haciendo lo suyo, nada extraordinario o tal vez olvidando el decoro que debe al país que lo acoge, es decir cometiendo el deplorable intento de violación, sin preservativo, a alguna candorosa obrera de la revolución ciudadana. No lo intentes, Julien.

Claro, dijimos que no nos va ni nos viene la presencia de Assange en el país e inclusive en Carondelet, pero ojalá no se permita las licencias que se tomó en Suecia y que es por aquello que es un perseguido de la Justicia.

Por último, el regreso de Bucaram de seguro estaba contemplado en el pacto que se sobreentiende tuvieron, el año 2009, el Gobierno con Dalo Bucaram. Su retorno podrá incomodar a muchos, pero es posible que surja de la voluntad de que cesen las persecuciones políticas en el país.

Y Abdalá ciertamente fue perseguido por más de uno, pero también es cierto en su venida, el 2 de abril de 2005, su incontinencia verbal, su falta de previsión e inteligencia emocional, le hicieron dar un discurso amenazante a toda esa partidocracia que lo defenestró, olvidando que aún tenían las cortes.

Abdalá estuvo eufórico y eso fue el detonante de su nueva expulsión y de la caída de Lucho Gutiérrez, a quien le atribuyeron haberlo traído. Si la experiencia fue aleccionadora, en su segundo regreso, el “Loco que ama” debe ser menos fósforo y más emotividad de la positiva, pues eso suscita un retorno a la Patria.

Pero, qué estamos hablando. Estamos dando por descontado que Correa no va a tener miedo y va a permitir su regreso. No es nada fácil ese regreso. Si no hay más expectativas, a virar la página, salvo que su majestad nos demuestre que estábamos equivocados y haga honor a su palabra.

Ojo, no estamos bucarameando. Solo queremos saber hasta dónde llega el atrevimiento del actual Presidente.

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