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mayo 21, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Si Correa se sube a la ola, gana viada

El Presidente puede estar cabalgando suave, si está con la corriente a su favor, o más fácil aún, si él consigue estar a favor de la corriente. En el otro lado, nos toca observar con resignación que son otros (algunos de ellos de nuestro propio grupo) los que están en contra de esa corriente.

Algunos quieren entregarle en bandeja el triunfo a Correa convirtiendo al Alcalde de Quito en fiel corderito que obedece sus mínimos deseos, trabajando por lo tanto, para que deje de serlo y se rebele.

Por lo menos en el caso de un concurso establecido por el Alcalde de Quito para escoger el nombre del nuevo aeropuerto parece que, efectivamente, hay un matiz injusto al olvidare el Alcalde lo que quiere el gran público.

En Quito, se ha comentado en diversos tonos la presunta humillación que propinó el presidente Correa a su coideario, el alcalde Augusto Barrera.

La publicitada humillación tiene que ver con la solicitud que hiciera Correa de conservar el nombre de Mariscal Sucre para el nuevo aeropuerto de Quito.

Estamos convencidos que propender una búsqueda de nombre para el recinto o edificio principal de un servicio importante de la ciudad prescindiendo el valor histórico del anterior nombre es injusto.

Es decir se dieron cuatro alternativas sin el peso del nombre anterior. Las alternativas, todas respetables, no podrían reemplazar al nombre señero de Mariscal Sucre.

Al respecto, lo que no podemos hacer es traicionarnos y, por sentirnos satisfechos con nuestro anti correísmo, irnos contra la historia o lo que creemos de la historia nacional.

Se dirá que este es un aviso o un mensaje de aproximación a Correa. De ninguna manera. Simplemente, él ha tenido la habilidad de ver la falla de un coideario y hacerla ostensible públicamente.

Correa tiene esa “virtud”, de no callarse cuando quiere que le reconozcan como un hombre justo, es capaz de hacer quedar mal a sus compañeros de ruta, a su propio hermano, con tal de quedar bien él.

Por eso, en Quito,extraña que varios medios se hayan lanzado a ridiculizar a Augusto Barrera, como un hombre subordinado a Carondelet solo porque decidió hacer caso al jefe de Estado en el tema de tomar en cuenta a Antonio José de Sucre para bautizar al aeropuerto de Tababela.

Para un observador frío no es un triunfo de Correa, todo el ruido es por falla de Barrera, pero además porque son los periodistas algo extremos los que en su afán de evitar que el Alcalde ceda, están logrando que el gran público dé la razón a Correa, puesto que es obvio: ¿Para qué hacer un concurso con bases tan poco exigentes y con cuatro nombres en los que no constaba un nombre de real peso histórico?

No queremos dar la razón a Correa, pero esta vez se trata de algo elemental. Y eso de ninguna manera nos convierte en seguidores de su política. El hombre sintonizó a tiempo lo que quiere la gente y se subió a la ola.

Solo que la gente ignora que es uno de los recursos de los populistas saber lo que quiere la gente, interpretarlo y acercarlo para que se convierta en idea propia.

Recuérdese que cuando Ecuador iba, aparentemente, a clasificar al Mundial de manos de Sixto Vizuete, Rafael era uno de los máximos “tricolores” se sabía hasta los apodos de los jugadores y eso, desde luego, le gusta a la galería, al público que ama el fútbol y, desde luego, allí está Juan Pueblo.

Al espectador con olor a obrero, a auxiliar de limpieza, a botones de hotel le gusta el fútbol, el boxeo, el atletismo y eso lo entienden los políticos.

Si, por ejemplo, Correa fuese seguidor de un piloto fórmula uno o de un golfista tuviese un matiz de hombre rancio de la oligarquía, aunque en esto también nos falla las matemáticas según, lo que apareció en Caracas.

Sí, Chávez resultó un seguidor de deportes de élite social. Cuando millones de venezolanos que sí gustan del fútbol, especialmente hoy que la vinotinto (así le llaman los llaneros por el color de su camiseta) está muy arriba, resulta asombroso que detrás del triunfo del corredor Pastor Maldonado se encuentre el apoyo millonario de Comandante.

Todavía no asimilan algunos conocer que detrás de esta victoria haya habido un apoyo millonario al corredor (que según las cuentas de la oposición habría recibido 60 millones de dólares).

Es decir, Chávez metido en el apoyo a la oligarquía o uno de sus representantes. No sabemos si eso será un negocio del coronel, pero sí sabemos que aún no se puede dar esos lujos el economista Correa.

Hábil este, ha escogido el nombre de Mariscal Sucre para el aeropuerto de Tababela. No tuvo que esforzarse. Para la mayoría, Sucre es un héroe nacional, así sea venezolano.

El secreto del populista es aparecer fiel a los valores y mitos que ama la mayoría. Si Augusto Barrera se desvía del ideario colectivo (“voy a bautizar al aeropuerto Mitad del Mundo”), es el pueblo el que va a dar la razón a Correa.

El periodismo nacional no debe propender a que Correa vuelva a ser héroe. Dejen el tema del aeropuerto, el nombre existe solito y ya tiene vivencia de hace años.

Si hay oposición de la prensa que quiere la “independencia” de Barrera, buscando que éste se divorcie de su presunto jefe ideológico, pues el pueblo volverá a descreer de la prensa. El nombre del no es razónpara poner una distancia insalvable entre “ellos” (el ecuatoriano de a pie que quiere la vigencia del nombre) y “nosotros” (los periodistas que anhelan la rebeldía de Augusto Barrera).

Ser crítico de un régimen no quiere decir ser enemigo de ese régimen. Hay que saber morigerar las pasiones cuando se trata de reconocer algo que es justo, pero son los necios (los que hostigan a Barrera) los que están trabajando por ese triunfo.

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