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julio 11, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Servicio de Protección ausente, el 30-S

Nuestro Presidente tiene de especial que muchas veces se le escapan detalles que ayudan a los que él considera “corruptos”. Quien ahora se considera que no va a ser sorprendido nuevamente reconoció que a inicios de su gobierno, “por idealismo o ingenuidad, subestimó el área de la seguridad fronteriza”.

Lo dijo en la ceremonia por el segundo aniversario de creación del Servicio de Protección Presidencial (SPP), refiriéndose al bombardeo colombiano a la localidad limítrofe de Angostura el 1 de marzo del año 2008, cuando se demostró lo vulnerable que era Ecuador. Rafael Correa señaló que tras ese suceso, “nos dimos cuenta de la vulnerabilidad del país”.

De todo lo anterior, el detalle que debemos extraer es el que tiene que ver con el segundo aniversario de creación del Servicio de Protección Presidencial (SPP). Si a estas fechas, estamos hablando del 11 de julio de 2012, es el segundo aniversario de ese cuerpo pretoriano, hay que preguntar al Mandatario y, además, hay que recabar de las grabaciones de la televisión existentes y hay que ir a la investigación realizada por la Fiscalía, para saber por qué, el 30 de septiembre de 2010, es decir cuando ya existía el cuerpo especializado que le permitía al Presidente movilizarse con seguridad, no se advierte ni se testimonia el accionar de los miembros del SPP.

Efectivamente, el Presidente fue irrespetado en el Regimiento Quito, como una reacción intemperamente de un grupo de policías que se sintió provocado tras el discurso del gobernante. Pero, tras esa reacción que tal vez fue sorpresiva, ¿dónde aparece el Servicio de Protección Presidencial (SPP)? ¿Lo abandonó? ¿Decidió que era mucha responsabilidad liárselas con los problemas de un sembrador de vientos?

Y cuando Correa acudió al hospital, ¿los hombres que lo cargaron cuando desfallecía, eran del SPP o los guardias ordinarios que le protegían? Evidentemente, secuestradores no eran porque le conducían con seguridad y sin cubrirse la cara al interior del Hospital de la Policía.

Pero, de allí en adelante, ¿se posicionó el SPP para defender a su jefe o, por el contrario, se dejó arrebatar al personaje que debían proteger y se disgregó cobardemente?

Nosotros creemos lo primero. Que el Presidente fue defendido o, por lo menos, protegido por un grupo al servicio del palacio. Pero, en su afán de dar a entender que valientemente pasó como Rambo o como Van Damme por entre un bosque de enemigos, mantuvieron la ficción de que estaba secuestrado. ¿Por quién? ¿Entonces de qué servía en esos momentos el cuerpo especializado SPP?

Si el SPP hubiese huido dejando a Rafael Correa en manos de un grupo de policías desalmados, ¿porqué tenía el Presidente que celebrar este 11 de julio el segundo aniversario de su creación? Simplemente, a ese escuadrón lo hubiese dado de baja en aquellos días, porque no solo había fracasado y demostrado (sus miembros) cobardía, sino que habría llegado a un proceso para escoger a nuevos valientes y todo este proceso demora, porque aparte de ello tiene que tratarse de gente merecedora de la real confianza del Presidente.

El economista dijo en la ceremonia (y debe estar grabado): “que el trabajo del SPP no sólo tiene que ver con valentía o cobardía se trata de responsabilidad, que ahora hay un proceso de cambios en el país”.

Dio a conocer que aquellos que pertenecían antes a servicios de inteligencia e informaban a gobiernos extranjeros eran quienes brindaban protección al presidente, al vicepresidente y a sus familias. “La experiencia del 1º de marzo, nos demostró lo vulnerable que éramos, recordó el mandatario”, aunque esto último vuelve a pintarlo en su sicosis de perseguido, pues aquellos que conformaban su antiguo cuerpo, es decir “esos que informaban a gobiernos extranjeros”, jamás dejaron de protegerle, nunca se supo que le habían disparado o causado herida alguna. Pero llegó el Servicio de Protección Presidencial y le cayó esa llaga denominada 30-S. Contradicciones de nuestro Presidente, que en todo caso da más luces para creer que nunca fue secuestrado.

Además, hay una incoherencia, para nosotros nada tiene que ver la seguridad presidencial con la seguridad de las fronteras. Si es así, ¿qué seguras pueden ser unas fronteras donde los radares no funcionan y se filtran con facilidad avionetas de narcotraficantes? ¿Son ahora las fronteras como el Presidente quiere que sean? En la ceremonia participó la cúpula de las FF.AA. Si los generales estaban concentrados de lo que decía su comandante en jefe, les habrá sido muy fácil detectar que “a veces, Rafael habla cosas inconexas”.

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