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octubre 20, 2014 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Revolución es, ¿legislar en favor del grupo?

El maravilloso escenario sobre el que se ha entronizado el líder, que ha adoptado la pose y calidad de emperador, no puede sino conducir a que él pueda seguir gobernando 300 años más, salvo un obstáculo: la Constitución. ¡Oh, no! La Constitución de Montecristi de la cual dijimos a todo el Mundo, gastando millones de dólares en publicidad, que es la más garantista del Mundo, resulta que tiene un artículo que impide la reelección indefinida. El artículo 114 de la norma constitucional dice: “Las autoridades de elección popular podrán reelegirse por una sola vez, consecutiva o no, para el mismo cargo...”.

Sin embargo, tras la derrota del 23 de Febrero, el “invicto” que se halla herido en su alma de acostumbrado a la aceptación popular, la misma que se amoldaba a su voluntad así se trate de caprichos de divo, resulta que quiere aquello que él mismo afirmaba que “no estaba interesado”, un nuevo cuatrienio mandando desde Carondelet, como si la Constitución hubiese sido un papel útil para reciclaje o para nivelar la pata de la cama.

Organismos como la Asamblea Nacional, la Corte Constitucional y el propio Consejo Nacional Electoral, deberían hacer cumplir con el mandato de la Carta Magna e impedir que antes criticó la ambición de la vieja partidocracia ahora se consagre como “la ambición del revolucionario”.

Pero nos olvidamos que justamente estos organismos son en este momento una agencia, un apéndice, un traspatio, de los dictámenes de Carondelet. La propia Presidenta de la Asamblea, prevaricando, ha dicho que "Han sido varios los miembros del bloque de Alianza PAIS que por reiteradas ocasiones y varias veces hemos mencionado la necesidad de que los artículos de la Constitución referentes a la limitación de reelecciones puedan revertirse (diario El Telégrafo, 28 de febrero)". Lo dijo a los 4 días de la derrota, es decir una declaración del 27 de febrero y que fue publicada el 28.

Qué se puede esperar de un grupo que quiere transformar algo serio como una reforma constitucional en simple enmienda. Que se puede esperar de un grupo que quiera a través de un acuerdo suscrito por la mayoría que justamente está en el poder intente a través del plebiscito dirigencial un acuerdo que les favorezca a ellos o a su líder.

Para cualquier correísta de bien debe parecerle una atrocidad que “el líder, aquel modelo de hombre y de gobernante en el cual finco mis esperanzas de cambio, sea justamente un funesto aprovechador de las mieles y recursos del poder para intentar por cualquier medio perennizarse en el ejercicio de mandar, favorecer a su gavilla y oprimir a los que no están de acuerdo con sus decisiones”.

El ecuatoriano común y corriente ya se ha dado cuenta de esta triste realidad y está a favor de la Consulta, que es la que el poderoso quiere impedir. Los otros poderes del Estado son sumisos, obedientes y complacientes con el Ejecutivo. No esperamos mayor cosa de Patricio Pazmiño, de actitudes abiertamente correístas y que funge como presidente de la Corte Constitucional. Tampoco esperamos una reflexión apegada a la Carta de Montecristi de Domingo Paredes (presidente del CNE), el que permite que su majestad tenga carta blanca para hacer publicidad fuera de horario, por encima del límite e inclusive haciendo sabatinas para vender sus productos (por lo menos aquel producto llamado Augusto Barrera fue rechazado, como ahora están siendo rechazadas las cocinas eléctricas que el privilegiado Rafa intenta colocar en el mercado).

Lo que esperamos los ecuatorianos que creemos en la democracia es que haya la suficiente inteligencia y percepción popular a que a través de una consulta lograr que el pueblo diga No a los intentos de reelección indefinida. En el Conversatorio que hemos organizado en los Estados Unidos vamos a señalar que la Consulta no se trata de un intento de desestabilizar al régimen, peor de un magnicidio, se trata de preservar el Estado de Derecho, haciendo respetar la Constitución.

Además, la mayoría del país quiere que se haga la Consulta y está visto que Correa y sus adláteres están tratando de hacer lo legal e ilegal, todo lo posible, por evitar que se realice la Consulta, de allí que se inventarán argumentos fútiles y desquiciados para tratar de invalidar las actas de las firmas.

La organización de la recolección de firmas debe efectivamente ceñirse a un formato, el cual no debe ser complicado, pero sí claro en cuanto a los datos del ecuatoriano que firme por la Consulta. Este ciudadano debe tener un criterio maduro y no firmar más de una vez, por lo mismo debe conocer exactamente de mesas válidas, reconocidas para el efecto de recolección de firmas.

Puede darse el caso de que haya cuadernos de firmas montados por los propios gobiernistas y que allí firmen los ciudadanos ingenuos, cuadernos que desde luego desaparecerían de las cuentas, afectando el universo de quienes queremos la Consulta, de todo esto debe alertarse al ecuatoriano que quiere sumarse a esta causa que no tiene otro beneficio que impedir que continúe la voracidad por el poder.

Los organizadores que recolectan las firmas, deberán asimismo sacar copias certificadas de las firmas, a fin de que no ocurra que varios de esos cuadernos sean susceptibles de la magia desaparecedora en alguna de las instancias de los organismos comprometidos con el sempiterno gobernante.

No importa que en su afán de desprestigiar la Consulta el gobiernismo ubique a miles de firmantes falsos que luego nieguen su compromiso, lo importante es que los firmantes reales, los ecuatorianos que no queremos sujetarnos a gobiernos sátrapas indefinidos, con nuestra firma paremos a la ambición, y que nos sometamos a ser responsables para aceptar que firmamos por una causa.

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