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agosto 3, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Revolución con rabo de paja

De todos los presidentes de la llamada revolución del Siglo XXI, es Correa el que más errores ha cometido, pues los otros no tienen sino que aplicarse a una fórmula que, sin ser perfecta y estar llena de acciones demenciales, ya la ha aplicado Hugo Chávez y obtener de esa manera, la respuesta electoral de las masas.

La fórmula aquella es eliminar al viejo Parlamento, inventarse una constitución que tenga una visión democrática, pero a la que no hay el interés de respetarla, solo se trata de una cortina que permite idealizar a sus mentores, luego promover elecciones y consultas con preguntas que lleven al “Sí” y signifiquen el respaldo ciudadano.

La consulta del 7 de mayo de 2011 representa todo aquello, solo que el Presidente en su afán de tener ganancias personales, metiéndole la mano a la Justicia, volvió a recordar la serie de acciones que cometidas por otro Presidente le hubiesen granjeado un juicio político.

Esto ha dado lugar a que el Mandatario de la Plaza Grande, desesperado porque la reacción del Pueblo ya no se muestra más de seguimiento ciego a sus hechuras políticas y extra políticas, se transforme en un depredador que intenta por cualquier recurso cerrar el radio de acción a sus adversarios.

Es decir, a estas alturas, el gran ganador ya no se siente tan seguro. No estamos afirmando que el mandamás de turno está derrotado, pero siente que ya no es más aquel símbolo intocable de la tesis “manos limpias, mentes lúcidas y corazones ardientes”.

Los más ingenuos, aquellos que tardarán en reconocer que la revolución ciudadana se ha convertido en el tumor maligno del horizonte político ecuatoriano, cuando conozcan que su futuro no va más allá de las asistencias que presta el Estado, del bono de la dignidad, de la carretera que en realidad se sustenta con los peajes, concederá atención a la serie de riesgos que entraña una purulencia que vez que se ha introducido en el sistema democrático, amenaza con acabar con sus defensas naturales y como el enfermo de los carcinomas sentirá que las bases de la civilidad, de la política limpia, del respeto a las ideas ajenas, han quedado destruidas.

Se comprende el espíritu de frustración de centenas o miles de ex correístas, que desde luego tenían alguna preparación intelectual para comprender que el actor solo estaba haciendo gala de un libreto histriónico en cada uno de los pasajes grandilocuentes con los que intentó conquistarnos, como haber dicho: “si son valientes, disparen, aquí está mi pecho, mátenme..!”

Nadie puede discutir que aquello es “corazones ardientes”, una llama de inspiración que le podía haber llevado al sacrificio si luego de esta fiebre el actor principal conseguía hacer reaccionar a alguno de esos policías rebeldes de la revuelta.

Pero, aquí nadie quiere mártires. Ni siquiera el hombre que dijo que “Tegucigalpa es un buen lugar para morir”, pero finalmente decidió no ir a la capital de Honduras en los tiempos que quería ser el impulsor del regreso de de Manuel Zelaya.

No fue exactamente el 30-S cuando empezó a fallar el gobierno de las manos limpias y mentes lúcidas, porque antes, cuando en 2009 los investigadores de diario Expreso le hicieron conocer al país y, por tanto, al Presidente (¿o querían que le lleven la investigación en bandeja hacia su despacho personal?) sobre el negociado de Fabricio Correa. Entonces fue él mismo que dijo: “hacen tanto escándalo como si mi hermano con esos contratos ya fuera un Bill Gates”, seguramente haciéndonos notar que con tales contratos no ha logrado enriquecerse o no eran la gran cosa.

Por eso, los que tenemos memoria política, no somos pocos, pero querríamos que la tuvieran mucho más, recordamos luego, al salir el libro de Juan Carlos Calderón y de Christian Zurita, en el año 2011, que el discurso del Presidente se centró en asegurar que no sabía nada de esos contratos. Es decir, a él no le importaba el bochorno del estilo licitación a favor de la familia, sino que estaba preocupado en demostrar que se trataba de un Presidente que ignoraba de contratos que llegaban a 80 millones de dólares.

Si eso es honradez, probidad, honestidad, Correa más debió preocuparse en limpiar esa mancha suspendiendo de manera legal los contratos, pero además presentándole al país las disculpas, por haberse dejado su Gobierno sorprender por Fabricio Correa.

El largo rabo de paja continúa con el juicio a El Universo. Un conflicto judicial que permite conocer cómo el poderoso intenta ganar a un medio de comunicación 80 millones de dólares, cantidad que ni en sueños, ni trabajando cientos de años con su salario de Presidente, pudiese haber reunido.

La sentencia judicial dictó algo sabio “que El Universo pague 40 millones y sus directivos, aparte del autor del artículo delictivo, vayan con sus huesos a la cárcel por tres años”. Un veredicto firmado por Juan Paredes, juez golond…perdón, juez temporal al que encargaron fallar uno de los temas más delicados de nuestra etapa democrática.

El juez, por fortuna, gran lector de las 1.200 fojas, las devoró en una sola noche y, aparte de ello, escribió más de cien páginas de sus conclusiones del proceso. Como para que la Jurisprudencia se quede absorta.

Pero, el golpe perfecto no contaba con los recursos de la actual tecnología: un perito demostró que esa sentencia salió del mismo pendrive que compartió espacio con otro juicio de Gutemberg Vera, precisamente el abogado de la Presidencia y, hasta ese momento, considerado gran cerebro del “triunfo presidencial”.

La investigación del pendrive “Chucky Seven” y, encima de ello, la declaración de la jueza Mónica Encalada de que la sentencia ya estaba escrita por Gutemberg Vera (confesión grabada a Juan Paredes), configura el más escandaloso juicio en la historia nacional. Y, seguramente el mayor error revolcón del Presidente, porque tuvo que recular y “perdonar a El Universo”.

¿Usted cree que tras haber celebrado sus triunfos judiciales Correa, de haber tenido la razón, hubiese perdonado a El Universo que no cambió un ápice su línea política, ni le empezó a hacer las genuflexiones?

Ahora, en estas mismas fechas, para completar un escenario caótico en esta República, aparece un hecho totalmente doloso: la descalificación masiva de firmas, que aparte de falsificadas aparecen en los listados de los diferentes partidos.

No hay que olvidar que antes de que Alianza País presentara sus adhesiones, el Consejo Electoral levantó la obligación de presentar los registros con huella dactilar; así mismo, el propio Código de la Democracia, ideado por el oficialismo, no sanciona a los partidos y movimientos que durante el proceso de reinscripción hubieran presentado firmas de ciudadanos sin su consentimiento.

La falsificación de firmas tiene implicaciones en el ámbito político, electoral y penal, es un delito penal de acción pública. La Contraloría realizará una auditoría al Consejo Nacional Electoral y este, delega a la Fiscalía la investigación. Gran cortina de humo para atrapar, descuartizar y destruir a los partidos y movimientos políticos, ya que la ausencia de estas organizaciones solo nos conducirá a que se adueñen del poder. Alianza País con Correa al frente, en estricto cumplimiento a lo que dispone la organización política denominada el Foro de Sao Paulo, prevé formar el “movimiento de los movimientos” que en buen romance sería el partido único, a fin de que nadie oponga resistencia a sus planes totalitarios.

En esta avalancha de denuncias hay quienes consideran que detrás de todo está la intención de posponer las elecciones para ganar tiempo, para debilitar la democracia mientras las fuerzas que gozan del poder eliminan contradictores y controlan las urnas.

Todo está en que los diferentes candidatos saquen a la mesa todo el mazo de naipes que va dejando el rabo de paja.

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