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diciembre 10, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Revisión inevitable del documental: “Rafael Correa, retrato de un padre de la patria”

Cuando se revisa nuevamente el documental de Santiago Villa Chioppe “Rafael Correa, retrato de un padre de la patria”, van surgiendo otros elementos que le dan un telón de fondo sólido que contribuye a autentificarel trabajo periodístico.

No es solamente una yuxtaposición de imágenes y testimonios. Todo se va concatenando para convertir lo que Correa denomina “un pasquín”, en un documental que tiene contenido, que construye un mensaje, que demuestra el juego intelectual de alguien que no necesitó estar tantos años en nuestros suelos para construir un tema que bien pudieron hacerlo realizadores ecuatorianos, pero acaso por miedo al poder no lo hicieron.

El ex candidato Presidencial y ex ministro de Gobierno de la etapa Noboa Bejarano, Francisco Huerta Montalvo señala que la Comisión de la Verdad tenía listo un informe que se iba a hacer público el 30 de septiembre de 2010, el mismo que perjudicaba al Gobierno en cuanto a nexos con las Farc, es decir, que para el criterio de esa comisión habían los elementos para considerar que el grupo guerrillero fue financista de la campaña política que le llevó al poder al actual Presidente de la República.

El informe de la Comisión iba a causar un grave impacto social, pero el mismo fue totalmente opacado por la revuelta policial, que involucró un ingreso inesperado del presidente Correa en el Regimiento Quito, escenario de la revuelta.

La hipótesis gobiernista de intento de golpe de Estado y la del periodismo independiente que solo se trató de una rebelión policial dio lugar a que todas las noticias, como la investigación de la Comisión de la Verdad, pasaran a un plano insignificante (perdón por utilizar esta palabra, no quise acordarme de Assange y su concepto sobre Ecuador).

Pero, no solo es el testimonio de una comisión la que señala las conexiones Farc-Nuevo Gobierno Ecuatoriano (en ese entonces lo era). El guerrillero identificado como Alexander Duque (a) El Chorizo, también señala claramente que el secretariado entregó quinientos mil dólares a Julio Luna (en dos entregas: 200.000 y 300.000 dólares), para la campaña de Correa. Julio Luna es el nombre supuesto utilizado por el ahora asambleísta Paco Velasco, al cual identifica “Chorizo”. Inclusive, para precisar que no está equivocado en cuanto a Velasco, el ex guerrillero, que actualmente es un testigo protegido, da detalles sobre lo que había comido “Julio Luna”.

Al ser abordado Paco Velasco por el micrófono de Santiago Villa, para los ecuatorianos que pueden examinar la reacción del involucrado es inconcebible que no hubo el hinconazo de algo que desconocía completamente. Fue notorio que lejos de sorprenderse e indignarse se muestra casi sonriente, como cuando a alguien le pescaron en su “broma” o juego. Se limita a decir que no ha recibido ese dinero y asegura que no estuvo jamás en la frontera norte.

Volvamos a Francisco Huerta Montalvo. Las investigaciones de la Comisión se realizan a raíz de los discos duros de los computadores de alias Raúl Reyes, el segundo o tercer jefe de las Farc que hizo un campamento en Angostura, al cual bombardearon aviones colombianos.

Tras la entrega de esos discos duros, que de seguro los vieron y estudiaron las autoridades colombianas, sale a la luz la declaración del Mono Jojoy: “Las Farc apoyaron económicamente la campaña de Rafael Correa”.

Ciertamente, el tema exige una revisión histórica de los hechos y una nueva iniciativa escrutadora de la Comisión de la Verdad. Los correístas me dirán: ¿O sea que usted da validez al testimonio de un terrorista? Y respondo: son dos testimonios del mismo jaez: el de Duque (a) Chorizo y el del Mono Jojoy, uno de los altos jefes de la organización guerrillera. ¿Se podrían inventar algo parecido los guerrilleros en contra de quien renunció a llamarlos terroristas para decirles que simplemente son insurgentes?

Además, esa declaración del Mono Jojoy no ocurre ante ningún periodista colombiano, ecuatoriano, venezolano o cubano. Lo hace, según se ven las imágenes, en una rendición de cuentas ante sus iguales y subalternos de las Farc.

No estaba traicionando un secreto de la guerrilla, estaba dando un informe interno. Solo que el Mono Jojoy jamás calculó que esas expresiones grabadas iban a caer en manos del Gobierno colombiano, y menos tras un bombardeo trágico donde murió su par Raúl Reyes.

No es desconocido el vínculo que tienen los guerrilleros con los traficantes de droga, que son los que realmente financian seguramente con dispendios generosos la supervivencia de las fuerzas irregulares. Por algo se habla en la Región de la narcoguerrilla.

No quisiéramos creer que ese incremento de la actividad narcodelictiva tiene una relación con el presente, cuando estamos asolados por el tráfico de drogas, y por eso se habla que nuestro territorio ya es un patio conocido por las grandes organizaciones y carteles de México y Colombia. Por eso se habla también que el cartel de Sinaloa ha instalado una sucursal influyente en Ecuador.

Las autoridades policiales anti drogas del Ecuador, deben mantener su nivel de trabajo de años pasados. Solo así el combate a los traficantes será tan efectiva como ocurrió durante la larga noche neoliberal. Hay que reconocerlo, la revolución no ha estado mejor que la partidocracia en cuanto a control del negocio ilícito que practican el “Chapo” Guzmán y otros capos.

El documental de Santiago Villa toca, en este mismo aspecto, un hecho que le habrá causado un temblor y al mismo tiempo una indignación al rival del año 2006 de Correa, el prianista Álvaro Noboa, en uno de cuyos barcos aparecieron 50 kilos de droga, los mismos que según testimonio de Duque fueron colocados por las Farc, para desprestigiar su candidatura (no olvidemos que Alvarito fue el ganador de la primera vuelta y para la segunda “jugó” notablemente disminuido).

Seguramente se acabó el misterio para Noboa, pero no el peligro, pues el tentáculo de la ilegalidad es muy grande y poderoso.

Y hay más temas de los que hablar sobre el documental, del que dicen que ni siquiera Youtube se libraría de la censura de Carondelet, por lo que los espectadores aún somos pocos, pero es una legión de ecuatorianos y latinoamericanos la que quiere ver el alcance de un trabajo realizado en base a testimonios, no a inventos del productor de este documental.

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