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diciembre 2, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Rafael Correa generoso, regala un bien ajeno: La Clementina

Lo más fácil para un Gobierno de corte populista es parecer héroe regalando la hacienda de su enemigo y quedando por ello como héroe generoso.

Ya hemos dicho más de una vez que ni temperamental ni intelectualmente podría ser considerado Álvaro Noboa un enemigo político de Rafael Correa. Es simplemente un bonachón acaudalado que cometió el error que jugar a ser político a querer ganarse la presidencia de la República, pero que no ha pasado de un intento que simboliza estar en la libre competencia democrática que es una elección, por lo que hay que asegurar que no ha hecho alguna maniobra para acabar con la Presidencia de su eventual adversario y menos atentar contra su integridad física.

Pero, he aquí que Noboa, al que en verdad robaron la Presidencia en 1999, cuando en su primera incursión le ganó a Jamil Mahuad, cometió el error en su tercer intento de haber ganado la primera vuelta a Rafael Correa, lo cual desembocó en un odio político capaz de generar el deseo de exterminarlo y convertir a uno de los hombres más ricos del Ecuador en uno de tantos venido a menos, que han perdido su principal capital, expoliados por un Gobierno desalmado, lo cual por supuesto que puede causar su ruina.

Y puede causar su quiebra no solo por el saqueo de la hacienda bananera La Clementina, sino porque ese territorio productivo es la principal fuente de ingresos de los Noboa Azin. En esta ocasión, el Gobierno de corte humanista ha cumplido una primera etapa de vender ante el convencido populacho la idea de que Noboa no había pagado los impuestos del año 2005, cuando su departamento de contabilidad demostró que sí realizó ese pago, pero no en los millones que predica el Gobierno asciende esa deuda, sino en la proporción que fueron cobrados los impuestos a todas las bananeras del Ecuador.

Se dirá que es poco edificante defender la posición de un rico, pero en este caso estamos defendiendo a un ecuatoriano de un ataque artero propiciado por el régimen a través de uno de sus departamentos de persecución, el SRI.

La cuantiosa deuda de Noboa creada por Marx Carrasco por supuesto que lleva a considerar que el empresario ha recibido un golpe brutal en su bolsillo y en una condición de persona que cumplía un papel importante en la heterogénea vida nacional, porque después de todo estaba dando trabajo a cientos de compatriotas.

Cuando un transportista es apresado por causar un accidente, se busca que su vehículo sea liberado cuanto antes, aunque hubiere ocasionado un grave daño a la humanidad de una o más personas, “porque es necesario devolver su herramienta de trabajo”. En el caso de Noboa no hay ninguna acción que vaya a reivindicar esta práctica humanista, porque al parecer se quiere exterminar la economía de un enemigo al que se lo ha perseguido sin haber sido peligroso o antidemócrata.

Ahora se conoce que el señor Presidente quiere que los empleados de la hacienda La Clementina, en Los Ríos, sean los nuevos propietarios de este bien que fue embargado al grupo Noboa, demostrando una generosidad inusual, porque es fácil cometer ese exceso de generosidad cuando se es un gobernante de mentalidad populista y, sobretodo, cuando su obsequio representa un bien ajeno.

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