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febrero 17, 2015 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Racistas y apegados al poder

Uno de los grandes racistas del país, el adalid revolucionario Rafael Correa, pretende enseñarle a un talentoso comunicador como Bonil, un caricaturista que tiene una gran profundidad con sus trazos y nos hace pensar a todos sobre la tragedia de la democracia ecuatoriana, que aprenda a “no ser racista” porque se ha burlado del afro Tin Delgado, como si ha habido un intento de discriminación racial en decirle a un futbolista zapatero a tus zapatos.

Bonil no topó para nada el color de la piel de Agustín Delgado. El dibujante de Diario El Universo solamente puso en vitrina la gran verdad de que algunos “famosillos” del Ecuador ganan una curul en la Asamblea por su solo nombre, que no es valorado debidamente por una masa social depauperizada intelectualmente.

Estoy seguro que con las páginas y páginas que obtienen los protagonistas de nuestra farándula, por supuesto que es más fácil que lleguen a tener un sitial en la Asamblea, o el en Concejo Municipal de cualquier ciudad que el abogadito, ingenierito, o profesorcito que tienen su preparación, que presentan su título pero están abandonados de “celebridad”.

Bonil solo retrató la realidad social del país, esa que el poder no quiere que veamos los ecuatorianos que observamos sin acomodamiento las cosas: Bonil solo reveló que el Tin no estaba preparado para discutir las leyes en favor del pueblo, pero el caricaturista no colocó gases lacrimógenos, palo y piedra en el camino de los indígenas, ni amenazó apresarles si llegan a la Plaza Grande, o decidió escamotearles su edificio de la Conaie, como ha ocurrido con el que nunca castigará la Senacom. Ni la Contraloría, ni la Procuraduría, porque el economista es intocable, es el patrón, y ¿cómo van a creer majaderos que van a osar tildarme de racista enanos que no tienen la raza para tener mi porte ni mi figura? Cuánta bajeza, cuánta envidia a mí y a mi invencible revolución. Prohibido Olvidar.

Bonil tiene que reclinar su cabeza para escuchar a menudo la decisión de la Santa Inquisición que está en la Senacom, pero esta institución se ha desgastado en la gran obra de contentar a su patrón.

El racista mayor nos tiene preparada una sorpresa: el día menos pensado se va a ir a Bélgica, a reunirse con los suyos. Entonces se olvidará del país de enanos, al que solo ama mientras le confiere poder y tantas otras ventajas.

Bonil cumpliendo su cometido de testigo de nuestro tiempo refleja, sin un gramo de racismo, sobre la mediocridad intelectual del futbolista asambleísta. El César extralimitándose en sus funciones, yéndose contra la Carta de Montecristi, decide cerrar los caminos a cientos de miles de indígenas. Juzgue usted al genuino racista.

Son cosas que no nos sorprenden, porque más allá de una campaña inédita y desproporcionada, donde las cadenas y spots de cuantioso valor refieren maravillas, no ha nacido todavía el Presidente perfecto, pero la deidad de Carondelet así se lo cree, puesto que su millonaria propaganda ha prendido en los espíritus más pobres.

Pero, ¡Ay de nosotros! Que somos difíciles de contentar. De allí que uno que se inventó la aventura del 30 de septiembre no puede ser el arquetipo de gobernante ante el que nos quitemos el sombrero. Y no porque no haya existido el problema de la rebelión policial, ésta ocurrió porque el excelso gobernante junto a sus asambleístas tocaron algunos derechos de policías y militares.

También ocurrió que el increíble señor azuzó personalmente a la tropa y salió mal parado. Para hacer olvidar este desaguisado, él y su canciller (Patiño, especialista en movilizar a los “incondicionales” y en escandalizar a las plazas y calles), decidieron salir heroicamente del Hospital de la Policía, tras superar las peripecias de un “secuestro” a bala limpia (inclusive había que contar con muertos). Siempre se ha sabido que los rescatistas de los plagiados van con tiento para no herir ni producir reacciones contra la víctima del secuestro, pero el 30-S, no quisieron demorar la puesta en escena y entraron a bala sin importar los resultados y para que se sepa que el augusto es capaz de soportar la refriega con espartano valor.

Bueno, pero al final del día diremos que el alto magistrado, casado con su gigante ego, ha sido firme en perseguir con cualquier fútil pretexto a periodistas que se atrevan a tocar algún ángulo débil, oscuro o limitado de su equipo de trabajo (trabajo en favor del Monarca, claro).

Una pregunta para otro alfil de este equipo de indescriptible funciónamiento: Usía, Patricio Pazmiño, titular de la Corte Constitucional, ¿dará paso a la pregunta que realizará, en favor del respeto a la Carta Constitucional, cualquier movimiento o partido que promueva contra la “Reelección Indefinida” una Consulta que es democrática y que no está cerrada a los intereses minoritarios de los que medran del poder y se aprovechan generosamente de él?

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