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junio 12, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Que no hablen los ministros

Mientras el pueblo estaba concentrado en el partido de fútbol Argentina-Ecuador, la avioneta ingresó sin obstáculos en un hangar de Santa Elena.

Pero, de este ingreso ya conocía el ministro del Interior, inclusive horas antes de que llegue la nave, por lo que no se podía sino esperar una reacción inmediata de las autoridades para apresar a losocupantes y el contenido de la nave.

De esto nada se conoce, solo se sabe que el ministro actuó como si hubiese estado disfrutando del partido y luego nos sorprende con que el mensaje de twitter de Mario Pazmiño fue suficiente para que se escabullan “15 delincuentes de una organización de narcotraficantes a los que ya estábamos listos a apresar”.

En el último Enlace, el propio Presidente habló del tema, pero desde luego repite lo de su ministro, inculpar a Pazmiño de haber desbaratado un operativo.

Pensamos nosotros, como todo aquel que se intriga por el extraño silencio oficial entre el sábado del partido y el lunes que twiteó Mario Pazmiño, ¿Por qué no reaccionó a tiempo la autoridad y apresó in situ a los ocupantes de la nave? ¿Y porqué a través de los detenidos no se fue investigando a los otros componentes de la banda? ¿Cómo así que se han escabullido en 48 horas o más que, se supone, ya estaban sobre ellos los sabuesos de Serrano?

Bueno, nuevamente el país estaba distraído en el partido Ecuador-Colombia, el Presidente (como populista que es) deseó lo mejor a nuestros futbolistas y el operativo de Santa Elena, tras la festividad del triunfo deportivo, tras el despliegue de la información deportiva que obra como una cortina, deja al problema de la avioneta en el olvido.

Eso no es admisible. Ahora sí, se pide que la clase política no se vaya a los extremos de encasillar como inocente o culpable a nadie, pero se aguarda al menos que presione por una investigación seria y se pronuncie sobre lo sospechoso que resulta la aparición de naves a las que pueden observar los radares de fuera del país (los de Colombia) y no son capaces de observar los aparatos de control ecuatorianos.

¿Por qué tienen que ingresar naves que portan dinero o producto del narcotráfico con todaconfianza si no hay alguien que les cubra o por lo menos les dé información clandestina para que sea fácil su llegada?

¿Cómo así pueden conocer esas organizaciones delictivas que no sirven los radares ecuatorianos si no están al tanto por labios de alguien que está dentro de la propia institución de control (Policía, Ejército, DAC, y otras más)?

A raíz de los tristes hechos de la narcovalija, nuestro Gobierno, justamente para alejarse de toda sospecha, salvar, limpiar, depurar su imagen, debería ponerle más atención a la posible infiltración de la narcocracia.

Pero han pasado dos avionetas y una de ellas (la de Santa Elena) supuestamente tiene una matrícula ecuatoriana clonada, es decir utiliza la matrícula de otra nave que está legítimamente registrada, por lo que ha cometido no solo el acto delictivo de ingresar ilegalmente sino el de falsificar la matricula.

Todos estos eventos nos llevan a considerar que la mafia tiene a su favor elementos muy influyentes, gente ubicada en cargos importantísimos.

Todas estas sombras debe desvanecer sino el Gobierno, por lo menos el ministro del Interior JoséSerrano, autoridad que ha estado montada en un operativo que no ha arrojado ningún resultado en días de haberlo iniciado y cuando mínimo debía tener identificados y rodeados a quienes condujeron la nave al hangar de Hidroguayas, en Santa Elena.

De esto no habla el señor Serrano. Solo se limita a inculpar a Pazmiño, lo que vuelve poco menos que imposible que se le repregunte. Mas, estamos seguros que este periodismo que tiene el efecto de piedra en el zapato, ya le extraerá algún material más sobre sus acciones a Serrano.

Solo que hay algo que tiende a impedirlo. Extrañamente, sin que ocurra un artilleo verbal entre sus ministros y la prensa independiente el señor Presidente ha decidido poner sobre el tapete uno de sus caprichos: que ningún ministro, ningún funcionario acepte entrevistas de la “prensa corrupta”.

¿Cómo así van a aceptar que los micrófonos de Ecuavisa, Teleamazonas, El Comercio, El Universo que son medios que se mueven con el lucro?

Es decir, con la tesis peregrina de Correa ¿”cómo así The Washington Post puede entrevistar a Hillary Clinton”?, o ¿”Por qué Le Paris Match puede conversar con el Ministro de Defensa de Francia, Jean-Yves Le Drian, que hizo viaje nada menos que a Afganistán”?

El fundamentalista prohíbe que hablen sus ministros y eso puede ser interpretado no como una defensa corporativa, que a estas alturas se la ve ridícula, sino como el temor a que sus secretarios deslicen yerros que pueden ser explotados por la prensa en general, la oposición, la opinión pública, el colectivo que se desencanta día a día de los que nos vendieron una revolución sin antecedentes, tan buena como la de La Bastilla…

Es mejor, señor Presidente, que la información sea transparente. Que tanto usted como la temida opinión pública estén al tanto de los hechos. Estamos en el siglo XXI. Qué ironía. El Presidente apela constantemente al Siglo XXI, pero en materia de democracia, de real participación ciudadana, de no verticalización del poder, lamentablemente está en la época oscurantista.

Ojalá la prensa tenga acceso a lo que puedan esclarecer sus ministros, en el caso que haya algo que poner en claro.

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