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junio 13, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Proceso electoral en Ecuador y Venezuela

En dos países ya se vive la etapa electoral. En Ecuador no larga todavía la competencia oficial, pero ya se va ingresando en el ambiente de las convocatorias a actos proselitistas e inclusive en mensajes que desde la perspectiva oficial son claros llamados a votar por su candidato.

En Venezuela, el proceso está adelantado, los candidatos ya se inscribieron y quemaron las naves. Serán Chávez y Capriles o Capriles y Chávez. Ni Elías Jaua, ni Diosdado Cabello, como tampoco Nicolás Maduro han sido confiados para reemplazar al que parece que le abandonan las fuerzas.

Volvamos un momento a nuestro país. El Consejo Nacional Electoral del Ecuador (CNE) ya se inquietó en Quito sobre el supuesto proselitismo de Álvaro Noboa y Guillermo Lasso, pero no dice nada de la gran propaganda que hace el cuasi dictador, la misma que incluso tuvo un titular hace pocos días: “Ni un solo voto a la partidocracia” (8 de junio, diario Expreso y Ecuador en Vivo).

¿Es o no esto hallarse en campaña? Era un acto de masas de aquellos que acostumbra Correa en sus salidas a los pueblos.

Esto significaría que cada visita a los poblados con el pretexto de dar su “rendición de cuentas” el patrón de la ínsula verde limón puede convocar a capricho a votar por sus proyectos y a aconsejar ningún voto a los otros. Que se sepa, ese es el típico lenguaje de una campaña.

Entonces, favor señores del CNE ser rigurosos, pulcros y convincentes al observar a alguien. No miren la paja en el ojo ajeno. No vuelvan a caer en la decisión de perdonar el derroche propagandístico del infaltable.

Además, no digan que el mensaje de Guillermo Lasso, que tiene que ver concretamente con el emprendimiento de los ciudadanos sencillos, siendo que es un empresario pionero en alternativas de inversión y crédito, se trata de “un gasto electoral”.

De ser así, cada presentación del “jefe” en cadenas, sabatinas y entrevistas de Jorge Gestoso es sospechosa de lo mismo.

Respecto a Álvaro Noboa, es absurdo que a este ciudadano le vuelvan a hacer las multas millonarias que le hicieron hace pocos años cuando habiéndose dedicado unos seis meses fuera de campaña electoral a promocionar una fundación, dijeron (esta vez los del Tribunal Supremo Electoral que manejaba la partidocracia corrupta, que si lo fue) que había hecho un derroche electoral y por eso debía pagar cuatro millones y medio de dólares.

Si Alvarito tenía dinero, debió agotar varios centavos en llegar hasta la CIDH para que en esa instancia se diluya la intención de sacarle millones, cuyos resultados (fondos) no se sabe para que sirvieron y quien se los llevó.

Tenemos que prepararnos a espectar una campaña mucho más corrupta que la última, donde el árbitro electoral se hizo de la vista gorda frente al derroche y cadenas nacionales del poder.

¡Ah!, no solo que se hizo de la vista gorda sino que ante los llamados de atención y la voz indignada de la oposición, el titular anterior de ese organismo, Omar Simon, dijo que “ante el Presidente de la República nada puedo hacer”.

Es decir que el Mandatario era el patrón de una función que debe ser independiente respecto al Ejecutivo. Este es el caso de Ecuador, un país al que se debe tomar mucha atención, porque los árbitros se ponen a favor de una de las partes, del más fuerte, como ya ocurrió con el poder judicial.

Ecuador realmente se halla en un proceso pre-electoral. La ciudadanía y los medios intuyen que desde ya las cosas están selladas, que el Presidente podría ganar muy fácilmente la contienda, pero lo extraño es que esa sensación de ganador que le atribuyen a Correa no se repite en cuanto a las preferencias, pues los mismos que creen que “el hombre (el actual Presidente) parece que va a ganar”, señalan al mismo tiempo que ellos no votarían por él.

Es decir, Correa es fuerte a base de propaganda, pero aparte de esa fortaleza que le hace parecer muy sólido, no despierta en el electorado la idea de adherirse a su proyecto a través del voto.

Eso sí, ya apareció por allí una encuesta que le da entre 70 y 80 puntos de aprobación a su gran gobierno. Se desconoce qué valor moral, ético, técnico (¿económico?) tenga ese sondeo, puesto que no es posible que tras haber arañado el 47% de adhesiones el 7 de mayo del año pasado, en la Consulta Popular, aparezca ahora con tan alta calificación.

Debe ser sin duda una de las técnicas populistas aparecer con un respaldo que se traduce en cifras que ganarían por K.O. a todos, para trabajar a base de esa cifra toda la campaña. Y solo cuando se acerque la fecha reducirse unos puntos, a fin de que el resultado real se aproxime al que va a sacar el interesado.

Mientras tanto, una cifra contundente suele obrar como un anestésico que circula en forma desalmada por un electorado siempre incauto en estos menesteres.

Está ocurriendo así en Venezuela. De entrada las encuestas chavistas, una de ellas de un ex funcionario de la revolución rojita, Jeff Chacón, pusieron al Presidente con 20 puntos más que Capriles. Nada de cuatro o cinco puntitos, con 20 puntos se desvanece el interés de los seguidores de Capriles y el Presidente a ganar sin necesidad de salir a las calles y sudar en la conquista del voto como lo está haciendo el opositor.

Venezuela, a partir del último domingo ingresó oficialmente en la etapa electoral, en la que probará el Presidente no solo la efectividad de su propaganda en la que juegan con influencia las encuestas, sino además si tiene o no vigencia su proyecto de gobernar 20 años seguidos o los venezolanos se pronuncian por el cambio.

Lo maravilloso de la publicidad, de la publicidad que si hacen válida hasta los revolucionarios, es que obra como en el Photoshop para retocar la realidad. De esta manera, Chávez que ha manejado su situación de salud con el misterio que fomenta interés, se nos aparece como mitad enfermo mitad sano, y puede desdoblarse según le conviene.

Mientras Henrique Capriles se halla en pleno hervor de la actividad electoral y saca todas sus cartas, Chávez que posiblemente actuó su padecimiento puede parecer aquel invencible estadista que derrotó también a una enfermedad mortal.

Y a través de esta misma publicidad, en el caso de ser verdad que Chávez esté tocado por el cáncer, procura parecer sano y según le pinta el virtual Photoshop, tiene suficiente fuerza para llegar al 7 de octubre, y allí tras asegurar la potencial victoria para su grupo retirarse poniendo a salvo a tantos que han medrado de su liderazgo, sin que falten entre ellos sus familiares.

En Ecuador y Venezuela, el populismo usa sus recursos (no solo los económicos), para mantenerse en el poder.

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