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agosto 23, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Política, Olimpismo y Jefferson Pérez

Al realizar una somera observación del panorama deportivo nacional tras apagarse los ecos de los Juegos Olímpicos de Londres es necesario admitir que se ha producido un fracaso deportivo, lo que se hace evidente al retornar la delegación ecuatoriana, de 36 competidores, con las manos vacías.

Razón demás para pensar en necesarios cambios en la conducción de nuestro deporte olímpico. Hay quienes se pronuncian ya por un nombre, el mismo que tiene gran influencia y ascendiente sobre la afición y los propios deportistas, Jefferson Pérez Quezada.

Mas, para respaldar la tesis de impulsar la campaña del gran campeón olímpico que ha representado a nuestro país, único medallista en la máxima cita deportiva, hay que aceptar que la actual dirigencia, encabezada por Danilo Carrera, ya ha cumplido su ciclo. Su visión sobre la planificación deportiva acaso ya es caduca.

La iniciativa de impulsar una campaña por la Presidencia de Pérez en el COE obedece no solo a su sentido de conocedor del olimpismo y a su naturaleza de político en proceso, sino a su gran convocatoria para el respaldo al deporte.

Jefferson Pérez representa una visión diferente a las tareas administrativas o burocráticas de los actuales e incluso anteriores dirigentes olímpicos nacionales, es más bien un conocedor del olimpismo. Hay que apoyar su llegada a la Presidencia del COE.

La senilidad de los dirigentes, que ya cumplieron su ciclo, versus la gran capacidad y experiencia olímpica del azuayo de oro sin duda serán el emulsivo para que nuestro deporte se renove y se supere.

El país necesita refrescarse en todas sus líneas y lo que dice Washington Herrera en su artículo, que se publicó el último martes (21 de agosto), en El Comercio es muy acertado, sobre impulsar la candidatura de Jefferson Pérez a la Presidencia del Comité Olímpico Ecuatoriano.

El artículo referido está dentro del contexto que debe ser apreciado no solo en la página deportiva sino política. Jefferson es un potencial político, un crítico con fundamentos y firmeza del actual gobernante, lo que llevó a pensar a sus más entusiastas seguidores que “tiene aspiraciones presidenciales”.

Pero como dicen el poeta Antonio Machado y Joan Manuel Serrat “se hace camino al andar”, es decir Jefferson no está simplemente para probar y menos hacer número en los cuadros políticos, así que para ir escalando la gran montaña de la carrera política debe ingresar en el necesario proceso, que está respaldado por su juventud e inteligencia.

La dirigencia del COE sería un plano en el que nadie discutiría su merecimiento. Washington Herrera se refirió así a la gran posibilidad de que el gran campeón olímpico dirija el olimpismo ecuatoriano:

“El desarrollo de nuestros deportistas ha sido como el del país en su conjunto: lento, rezagado, precario, pues con la sola excepción de Jefferson Pérez, el Ecuador no ha podido aproximarse al nivel mundial”.

“Pero esto puede cambiar si actuamos de otra manera y contamos con el apoyo del Gobierno y de la empresa privada, como ocurre en todos los países del mundo”.

“Lo que hemos visto en los Juegos Olímpicos de Londres confirma que los esfuerzos individua-les fueron notables en pocos casos y mediocres en otros, reflejando a un país pequeño, sin recursos ni organización para la excelencia deportiva”.

“Por lo visto, los miembros del Comité Olímpico Ecuatoriano han llegado a la senectud y el país debería agradecer sus servicios prestados durante 20 años y cambiar radicalmente a los dirigentes por gente joven, sapiente, con preparación moderna, presididos por un líder deportivo conocedor del olimpismo mundial, por dentro y por fuera, que tiene credibilidad y fuerza moral, como Jefferson Pérez, quien debería ser elegido Presidente del Comité Olímpico Ecuatoriano sin mayor demora, él tiene la capacidad de convocatoria para formar un equipo multidisciplinario con aporte nacional y extranjero y conducir un proceso de real progreso del deporte ecuatoriano”.

“Con dirigentes como Jefferson Pérez saldríamos del complejo de inferioridad que se demostró al darle la Bandera del Ecuador para que desfile un deportista argentino que ofreció una medalla que estuvo lejos de obtenerla”.

Agregamos nosotros que el deportista argentino entregó su capacidad e hizo lo mejor que pudo para representar nuestra bandera, pero no tiene la culpa de haber sido seleccionado para ser el que haga flamear la tricolor nacional.

La responsabilidad de esta determinación tiene la cabeza de la delegación. No queremos agregar nada que demerite a Danilo Carrera, quien como dirigente tuvo igualmente aciertos.

Desde luego, hay que aclarar que para acceder a esa posición, el periodismo y el público deben respetar la política del olimpismo, es decir esperar que se cumpla el período para el que fue elegido el dirigente en funciones.

Por el momento, valdrá la pena que la propuesta, tendiente no a desestabilizar al COE sino a encontrar nuevos caminos para su futuro, sea objeto de una campaña nacional.

Jefferson Pérez está en un gran momento de su vida, aquel que tras la batalla deportiva, tras dejar el escenario, se prepara y avoca para transmitir conocimientos y comprobar que se trata de un hombre trascendente. Consideramos que está a la altura de la máxima función del olimpismo en el Ecuador.

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