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diciembre 10, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Para vender un elefante blanco

Elefante blanco, en el argot de la sabiduría popular significa un adorno demasiado grande, costoso y candidato a ser poco utilizado. Se aplica más en el plano deportivo, cuando los escenarios que se inauguran son enormes, onerosos y tienen poca convocatoria.

En Ecuador surge un panorama similar o que puede ser aplicado: el próximo elefante blanco que nos están vendiendo es el Complejo del Saber Yachay, que es iniciativa de la Revolución Ciudadana y del cual no solo que el Presidente ya ha hecho cadenas, sino que se ha encargado de difundirlo como una obra suprema ante los gobiernos del Mundo (recuérdese las giras a Alemania, Rusia, Bielorrusia y Francia).

El Presidente habla de la monumental obra no solo en los foros más importantes sino que por otro lado desprestigia el lustre que pudieran tener las diferentes universidades ecuatorianas, con una campaña anti educación superior, por lo cual se nos viene a la mente la sospecha de que el régimen hace correctamente aquello que suele acontecer para dar mayor relieve a su excelente concepción del Yachay: un mandatario preocupado de la superación de la educación superior que hable de un centro científico seguramente va a arrojar un complejo magno de altísimo nivel.

Todo esto ocurre en el momento que hay un malestar en las universidades ecuatorianas por la injerencia del Gobierno en la Educación Superior, restándole autonomía. Mucho más cuando la Universidad Central ha caído de la clasificación A a la B. Es cierto que debe haber un proceso de categorización pero no hay que someter al escarnio, con linchamiento mediático incluido (proveniente de los medios públicos) a la política educativa que merece ir superando sus problemas en la medida que el Gobierno tiene recursos económicos mayores que cualquier otro Gobierno para invertir, por ejemplo, en investigación.

El tono que ha adoptado el Gobierno es de “yo voy a hacerme cargo” y eso supone no solo el financiamiento de la nueva etapa educativa, sino la toma del control de las universidades ecuatorianas. Mientras las autoridades universitarias y los mismos estudiantes, futuros profesionales del país sopesan los beneficios y perjuicios en el deseo de controlarlo todo desde Carondelet (una sospecha que nos ha asaltado en todas las acciones del Régimen, hasta en los deportes), el representante del Consejo de la Evaluación Académica de la Educación Superior, René Ramírez, dice a nombre de Correa que la única meta del Gobierno es la mayor eficiencia en la educación, una real ocupación en el nivel académico. Estamos convencidos que hay de las dos cosas: buenas intenciones gubernamentales y el deseo de manejar la educación superior ecuatoriana. Pero también, eso hace más fácil vender el edén del conocimiento, Yachay.

La gente en Ecuador habla de las carreteras bien construidas, de las lindas palabras en la sabatina, de los rivales de la Selección en el Mundial, pero no desglosa códigos inscritos en la tramoya financiera nacional. Ni siquiera alcanzan a atisbar el recurrentedeseo de mostrarse perfeccionista sin reparar, hay que decirlo, que ni siquiera don Gobierno es perfecto, de allí que su prédica deperfeccionarlo todo (a su manera), incluida la educación,es una conducta inherente a la personalidad gubernamental de tomarse todas las instancias de la vida nacional.

Al momento de esbozar este artículo estamos pensando en la gran inversión anunciada en el Complejo Científico Yachay, la ciudad del Conocimiento: 600 millones de dólares, es decir lo que cuesta el nuevo aeropuerto de Quito, una cantidad estratosférica de lo cual desconoce el pueblo su magnitud y eso lleva a pensar que escucha en las sabatinas de esa gran inversión como si escuchara llover o tal vez como si disfrutara de una canción maravillosa, sin tratar de interpretar lo que dice realmente la letra de la magna obra musical.

600 millones de dólares cuya cuantía no se ha visto puesta en tela de duda por ninguno de los ex candidatos presidenciales, rivales de Rafael Correa, los que se suponen deberían ser los más severos críticos e insobornables fiscalizadores del régimen. Lo mismo ocurrió cuando el señor Presidente anunció que había invertido en la renovación de la Justicia, otros 600 millones de dólares que no han sido fiscalizados y de cuyas cuentas dieron, seguramente, detalles a un Congreso y contralores oficialistas, sin que haya presencia ni interés de “la oposición”.

El complejo científico y catedral del saberva a estar ubicado en un territorio rural, de la provincia de Imbabura, concretamente en terrenos del cantón Urcuquí. Para empezar, el Gobierno (a través de la Secretaría Nacional de Educación Superior y Tecnológica, Senescyt) invertirá durante este año 24 millones de dólares, desglosados así: 10 millones para las obras de infraestructura, 10 millones de dólares en la elaboración del Plan Maestro de la Ciudad del Conocimiento, a través de una consultoría coreana y 4 millones -ya transferidos- al Ministerio Coordinador de Patrimonio para la recuperación de bienes patrimoniales. Hay que seguir de cerca el desarrollo de la obra, una inspiración de Correa de cuyo proceso licitatorio sería bueno conocer.

Yachay es la próxima última palabra en universidades ecuatorianas. Se va a invertir una gran cantidad. Considerando que el presidente Correa tiene “un gran interés en mejorar la educación superior”, surge una interrogante ¿Cuánto se ha invertido en las universidades existentes?

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