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mayo 29, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Otros olvidados, los migrantes

En Ecuador terminó la bonanza del migrante, lo revela el descenso de las remesas que cayeron en un 8% en comparación al trimestre anterior. Está por verse la serie de programas que decidió emprender el actual Gobierno para integrar o amparar a aquel migrante que resultare víctima de la situación difícil que es el retorno a la Patria sin fondos para intentar un nuevo inicio, antes que la mejor calidad de vida, una búsqueda que se vuelve utópica.

Tras un decenio realmente promisorio, en el que reunieron dinero para tener una holgada casa y un coche en Ecuador, el migrante afronta leyes que amenazan con depararles un trato marginal, como aquella de retirarle la tarjeta de salud, a aquellos que no estuvieren un mínimo de cuatro años en suelo peninsular.

En la actualidad hay que pensarlo mucho antes de correr la suerte de migrante. Aquel ciudadano que se atrevió a buscar un futuro en los Estados Unidos, España e Italia, los tres países receptores a los que viajaron en mayor número los que buscaban el mejor futuro para sus familias, ahora se encuentran con un panorama mucho más complejo antes de tener acceso a una oportunidad.

Todos aquellos que viajaron hacia los años 2000, 2001, 2002, 2003 y 2004 están, desde luego mejor que aquellos que viajaron con posterioridad, salvo excepciones, porque ya han librado procesos de aceptación en el territorio español y disponen de papeles y fuente de trabajo, lo cual cada día se conoce que va perdiéndose, pues el ciudadano lucha por conservar su puesto laboral ante competencias desleales de otros latinoamericanos e inclusive africanos (marroquíes).

Estas competencias desleales tienen que ver con la constante oferta laboral a precio mucho más conveniente que el que se halla pagando un patrón. Es decir, que si un chofer ecuatoriano labora por 2.000 euros y de pronto asoma un competidor colombiano o boliviano que decide cobrar solo 1.000 euros, peligra con seguridad la estabilidad laboral del primero.

Ahora bien, los que viajaron recién siguen con estatus que les permite una limitada movilidad o son completamente ilegales, lo cual reproduce un drama que los viajeros no quieren reconocer ni aceptar: se hallan en la cola de los que buscan una fuente de trabajo.

En España, las nuevas autoridades políticas han radicalizado los requisitos para lograr la estadía en su país. Debido justamente a los problemas que supuestamente han generado los sin papeles, es prohibido que un empresario, un subjefe, un contratista, considere darle un empleo a un ilegal, razón suficiente para desmotivar a quienes planean viajar al país ibérico.

En estos momentos, las autoridades migratorias españolas tienen una mayor rigurosidad en su control, a fin de no permitir filtraciones de supuestos indeseables.

No se comprende, sin embargo, cómo es que pese a la acción de control muchos jóvenes se deciden a viajar a suelo español, salvo que ocurra que el Gobierno no ha podido cambiar la condición de la sociedad ecuatoriana, pese a la propaganda que tiende a magnificar todo lo que hace el Presidente.

Con un asesoramiento adecuado en nuestro propio país, con mensaje claro del Gobierno a favor de emprendedores, que a menudo son territorio fértil del SRI, estos migrantes que invierten un dinero en una incierta aventura, bien podrían convertirlo en pequeño capital para iniciar una micro o mediana empresa, sin arriesgar con el viaje, sin hacer préstamos a agiotistas desalmados, ni despedirse por largo tiempo de la familia.

Estos ecuatorianos debieran empaparse de que la ola viaja en nuestra dirección, es decir que más bien hay una tendencia a retornar y que las condiciones no son las mejores para iniciar una nueva forma de vida en el exterior, sobretodo en Europa, continente que se encuentran en crisis, hasta el punto que el presidente español Mariano Rajoy y el Parlamento llegaron a considerar la posibilidad de financiar a bancos que se hallan en situación crítica. Finalmente no habrá ese rescate, que hubiese terminado por consolidar la situación crítica de la economía ibérica.

Si bien es cierto que España no atraviesa la situación que ahora ahoga a Grecia, los días de bonanza, cuando el migrante ganaba mucho mejor que un empleado nacional, y sus jefes españoles vivían con envidiables lujos, ciertamente pasaron.

Lo que más se escucha estos momentos, de nuestros migrantes, es que se hallan defendiendo con mucho pundonor sus pisos que han sido hipotecados y por los que se dejó de pagar cuando empezó la crisis.

Lo bueno en este caso es que se ha visto la solidaridad de los propios españoles que han acompañado a los eventuales morosos a sus acciones de protesta, cuando un piquete de la Policía o de los Mosos d´escuadra (guardias catalanes) quieren hacer cumplir la boleta de expropiación.

No se puede dejar de señalar el panorama que presentan los tres países de mayor afluencia de ecuatorianos. Los emigrantes en Estados Unidos, que es de donde sale la mayor cantidad de remesas hacia nuestro país, mandaron a sus familias entre enero y marzo de este año 276,8 millones de dólares, lo que supone una caída del 9,5 % respecto al trimestre anterior, cuando enviaron 306,1 millones de dólares.

Las remesas provenientes de España descendieron un 6,2 % en el primer trimestre de 2012 frente a los tres meses anteriores, y un 24,4 % respecto al mismo período del año pasado, lo que evidencia "la marcada crisis económica por la que atraviesa este país", según resaltó el Banco Central del Ecuador en un comunicado.

Entre enero y marzo de 2012 llegaron a Ecuador 206 millones de dólares desde el país europeo, mientras que en el último trimestre de 2011 entraron 219,7 millones de dólares.

El dinero que proviene de Italia disminuyó un 7,2 %, al pasar de 49,9 millones de dólares en los últimos tres meses del 2011 a 46,4 millones en el primer trimestre del 2012.

El BCE explicó que la economía italiana "se encuentra paralizada por la crisis de la deuda y por sucesivos programas de ajuste para relajar a los mercados".

La bonanza del petróleo podría llegar a su fin, pero antes de que ocurra, el Presidente, el ministro de bienestar social, el secretario de Migración, los mismos candidatos a la Presidencia de la República, deberían presentar programas que beneficien a ese colectivo importante que su momento apuntaló nuestra economía, los migrantes.

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