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mayo 3, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Otra intentona de Álvaro Noboa

No sabemos si es un atrevimiento y una necedad del pre candidato Álvaro Noboa Pontón o si hay una pistola en su espalda para que se postule.

Lo cierto es que el anuncio de su quinto lanzamiento, realizado en Guayaquil, tiene un tibio intento de fortaleza.

No hay los impulsos de campañas anteriores cuando se sabía que el candidato era realmente fuerte y su imagen no estaba tan desvalorizada por las múltiples exposiciones electorales.

El ex candidato a la Presidencia por el Prian, anunció ayer su quinta precandidatura presidencial con mira a las elecciones de enero del 2013.

La reacción que deriva de esta decisión es de sorpresa, pues ahora menos que nunca las posibilidades de Noboa Pontón apuntan a un triunfo electoral.

Puede sí quitar una buena votación al posible retador oficial de Rafael Correa: no sabemos hasta ahora si Lucio Gutiérrez, Paco Moncayo, Alberto Acosta, Jaime Nebot o inclusive César Montúfar.

Extraña mucho que Noboa se haya embarcado en una aventura que le ha atraído no solo enemigos políticos sino también persecución política.

No hay que olvidar que en el actual Gobierno apareció en forma inaudita una glosa de 90 millones de dólares en materia de impuestos no pagados. Descomunal y desproporcionada cifra.

El abogado de Noboa Pontón demostró que los pagos reales (380 mil dólares) estaban acordes con los tributos de otras bananeras similares a la suya, pero Carlos Marx Carrasco insiste con esta suerte de dogal que convierte en víctima al millonario ecuatoriano.

Alvarito, satanizado por los partidos tradicionales, la izquierda, el centroizquierda y también el populismo ilustrado (el de Correa, por ejemplo), seguramente desconoce cuánto ha cambiado en materia de expresión política el ecuatoriano.

El populacho que ayer era el “seguidor” del político magnate prácticamente está monopolizado por la actual estructura de poder.

Los mismos vendedores informales y semi empleados que ayer buscaban las tiendas de campaña noboístas para guarecerse o tomarse un vaso de cola, ahora se pueden dar el lujo de tomarse un sánduche con gaseosa en cada “actuación” para el de la Plaza Grande.

No faltarán quienes traten de quedar bien con ambas estructuras, la del Presidente y la del heredero, a fin de aproximarse totalmente cuando se perfile la final y así mantener durante el próximo período la ilusión de la “bonanza” familiar.

En las calles de Quito no es difícil encontrar acrósticos en línea desde los tiempos de su campaña contra Jamil Mahuad y Rafael Correa.

Estos acrósticos reproducen palabras insultantes, adjetivos que representan lo negativo y le atribuyen al empresario.

Digamos que él no tiene la sensibilidad de Correa, que puede bajarse de un vehículo para perseguir a una dama que le dijo “no” a su consulta. Entonces, el líder del Prian no hace mucho por aclarar si son infundios o no.

La trayectoria política de Noboa es más bien accidental. Fue invitado en 1995 a la campaña de Abdalá Bucaram y desde entonces le gustó la política.

Desde entonces corrió con cuatro candidaturas. En una de ellas, justamente la primera, se sabe que el juego no fue limpio, pues el Tribunal Supremo Electoral se negó a verificar las actas que él quería contabilizar, en la seguridad de que fue perjudicado.

El TSE le negó ese derecho y fue proclamado Jamil Mahuad, considerado el peor presidente de la historia del Ecuador, aquel que realizó el feriado bancario.

Noboa estuvo en dos finales más, ante Lucio Gutiérrez y ante Rafael Correa. Lucio estaba en su mejor momento y le ganó sin problemas. No hubo discusión.

Ante Correa tuvo la oportunidad dorada. Luego de hacer su mejor primera vuelta, dio un resbalón al dedicarse no a coleccionar los votos de la centroizquierda e izquierda sino a dilapidarlos, pues el mayor gasto de su campaña lo realizó para atacar a Chávez, quien pidió votar por Correa.

Alvarito tuvo una cuarta campaña, pero llegó tercero, sin pena ni gloria. Su mejor momento ya había pasado. Por eso es que para muchos es una incredulidad que se suba nuevamente a la mula del proselitismo.

Reconozcamos que no tiene perfil de jefe de Estado, que su fuerte es explayar una chequera y ser bonachón, pero ante un electorado como el ecuatoriano esas son virtudes que no se pueden desestimar.

Sin duda, salvo sorpresa mayúscula, no lo vemos con opciones. Desconocemos si contrató por fin a asesores con real ingenio.

Alvarito puede darse el gusto de hacer las campañas que quiera. Para eso tiene recursos. Pero no le vemos esa satisfacción en su rostro. Lo creemos porque tras su anuncio, Noboa se retiró sin contestar preguntas de los periodistas.

Podría ocurrir que alguien le haya colocado esa imaginaria pistola en la espalda (imagine usted cualquier tipo de presión), porque le conviene que al presentarse Alvarito le reste posibilidades al real confrontador de la próxima competencia.

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