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julio 24, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Olimpiadas, deporte y socialismo

La delegación ecuatoriana a las Olimpiadas de Londres 2012 es la más numerosa de la historia de nuestro deporte, van entre deportistas y dirigentes (contando entre estos a sus asesores) 60 personas.

Dentro de este grupo es posible que se revele un crédito que, a través de grandes resultados, permita un cambio en la relación competitiva a nivel internacional. De producirse esto, por cierto que se transformará en respeto a un país que de membrete es socialista, puesto que las naciones socialistas sí cultivan una política de apoyo al deporte.

Sobre la presencia tricolor en Londres, podemos especular que al escuchar sobre Ecuador y su participación en las Olimpiadas, más de un británico habrá asociado el nombre de nuestro país a ese pueblito del tercer Mundo, dispuesto a conceder asilo a JulienAssange, que no tiene nada de héroe social; y una nación de relación fácil con países como Irán, Siria o Bielorrusia, con los cuales justamente no nos unen lazos históricos o económicos de gran peso.

Al margen de estas actitudes de nuestro gobernante, creemos que los resultados de las Olimpiadas podrán dar una pista sobre la autenticidad del socialismo de quien conduce el Ecuador.

Es que, generalmente, los países socialistas tienen proyectos amplios y claros sobre la masificación de los deportes y para ellos los éxitos en fútbol no son tan importantes como lograr que la cultura deportiva alcance en todas sus manifestaciones a un gran espectro de la juventud y niñez.

Es decir, remitiéndonos a Cuba, Hungría, Bulgaria, Checoeslovaquia (ahora fraccionada en Checa y Eslovaquia), son o fueron potencias deportivas donde no solamente destacó y fue apoyado el fútbol.

Ecuador está gobernado por un Presidente que se dice socialista, pero cuyas actitudes se acercan más al populismo. No de otra manera se entiende su seguimiento al deporte más popular y su poca preocupación por el deporte base (el atletismo), o por otras manifestaciones como el ciclismo, la gimnasia olímpica, halterofilia, el boxeo, el judo, el tae kwon do, el voleyball, etc.

Tal vez estos no son deportes que atraen verdaderamente a las masas y, por lo tanto, no representan votos, en cambio el fútbol apasiona a la gran mayoría así que le representa distintivo identificarse con un equipo popular.

Pero, en lo medular, un Gobierno debiera preocuparse del desarrollo físico y espiritual de sus habitantes. Es decir, significaría algo muy positivo que un alto porcentaje se dedique a lo físico (deporte) y el resto a lo intelectual (literatura, pintura, música, teatro), porque eso redundaría en un pueblo sano y armonioso.

A estas alturas no es mensurable todavía precisar si fue bueno o no el nombramiento de ministro de Deportes a un futbolista pero, desde luego, tras la competencia ecuménica de Londres podremos determinar si hubo aciertos o no, por ejemplo con la consecución de una medalla, con la aparición de nuevos nombres para actuar con solvencia en los escenarios internacionales.

El ministro Francisco Cevallos no es que nos parezca un incompetente, pero de pronto él no tiene un rol genuinamente ejecutivo para dar paso a cambios en el deporte, al estilo de esos países socialista preocupados en resultados permanentes y colectivos, antes que en el brillo de un solo deporte.

Cevallos seguramente es bien intencionado, pero en cuanto a experiencia dirigencial posiblemente no tiene un bagaje y solo es utilizado como una figura con cierto renombre, lo que posibilita el control político en los estamentos deportivos.

Para las aspiraciones ecuatorianas sería magnífico el regreso de nuestra delegación con medallas, porque ello significaría que no ha causado impacto la politización del deporte en nuestro país.

En nuestras previsiones, tal vez en halterofilia o en atletismo podría darse la sorpresa. De lograrlo, no solo Danilo Carrera será felicitado, sino el ministro Cevallos, pues evidentemente cuando hay un logro no es difícil verle en la camioneta ganadora al ministro correspondiente, si es que no al propio Presidente.

Pero, el Deporte no es el resultado de especulaciones, es un proceso que estabiliza en sus diversas facetas a individuos de condiciones especiales, nacidos para la competencia.

Siendo realistas, difícilmente vamos a tener medallas porque los registros de nuestros atletas lucen menores a los de otros países; siendo positivos, es posible que de alguno de los deportes citados (halterofilia y atletismo)venga una medalla, siendo revolucionarios irremediables, diremos que Ecuador va a tener dos o tres medallas y que nuestro Presidente debe volar a Londres cada vez que vayan a interpretar nuestro Himno Nacional, “para de esa manera asociar el avance de la revolución ciudadana con los logros patrios”.

Se viene la apertura de los Juegos Olímpicos. Deseamos lo mejor a nuestros deportistas. Sabemos que su esfuerzo es independiente a las políticas gubernamentales, pero mientras más apoyo tenga, en su conjunto, le será más fácil la lucha de remontar los resultados que promedian los rivales, los antecedentes de nuestro Deporte y sus individualidades premiadas se multiplicarán.

 
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