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agosto 31, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Los que nunca pierden y su fórmula

La nueva universidad de la política enseña que si alguien te inculpa de algo y, encima de eso, tiene pruebas, desvíales la atención con otro hecho, actúa con suma indignación, tras acorralarles será muy difícil que vuelvan a reclamarte.

Tal vez eso no solo sea la nueva política, posiblemente la trampa es vieja y Maquiavelo ya la describió a través de sus consejos.

Debe ser por lo mismo que cuando un grupo de investigadores de diario Expreso se dio cuenta el año 2008 que el señor Fabricio Correa Delgado tenía varios millonarios contratos con el Estado, el de los plenos poderes dijo algo parecido a esto: “¿Ah sí? Pero yo no le he sabido y si usted está intentando decir que lo sabía pues va a tener un juicio”.

Es decir, con esto el imbatible ganador logra lo que aconseja seguramente un maestro asesor del propio Maquiavelo, desviar la atención y llevarle a su perseguidor a su terreno.

Cuando el hijo de Abdalá Bucaram para demostrar que fue comensal de Carondelet y que hubo pacto con el Presidente de la República exhibió las fotos de Rafael acariciando a sus hijos (nietos del Bucaram exiliado), el que sabemos en lugar de admitir esa realidad, ordenó seguir juicio a Dalo Bucaram “por utilizar fotos de menores de edad”, siendo que él mismo utiliza las fotos de menores en sus recorridos por el país (lo prueba la foto que acompañamos una toma realizada en Alangasí). ¿Qué dice el MIES que se preocupó por este tema en el caso Bucaram?

Cuando el ex director del Hospital de la Policía, que compartió con muchos medios que la noche del 30-S el augusto visitante estaba siendo despedido por los empleados del Hospital que le cantaban el himno nacional, cuando empezó la llegada de los tanques de asalto y, por otro lado, dijo ante la CNN que el Presidente no estaba secuestrado, el Presidente dice: ¿Pero quién es este tipejo que se atreve a contradecirme? Y, acto seguido, pese a que era la tercera semana de octubre y la investigación a los que actuaron el 30-S ya se había iniciado, súbitamente se iluminó: “Ahorita que lo recuerdo este tipo no solo que no quiso abrirme la puerta del hospital, sino que quiso envenenarme…”

Cuando el presidente del Consejo Nacional Electoral, Domingo Paredes, demostró que todos los partidos y movimientos han tenido, inexplicablemente, firmas de adhesión falsas y entre ellos el que más tiene se llama Alianza País, el prohombre de la patria nueva se indignó y dijo, : “voy a pedirles que hagan vigilia conmigo, para que ninguno de esos partidos que han intentado engañar puedan presentarse en elecciones”, castigando de esta manera a las demás fuerzas políticas, como si él fuera la autoridad electoral.

En fin, de que él se atribuye la calidad de dueño de todos los poderes del Estado ya lo conocemos. En un pasado reciente advirtió que iba a meter las manos en la Justicia, a través de la Consulta popular. Y el periodismo advirtió de que esas maneras eran propias de un dictador y que el pueblo, cuyo desconocimiento de la realidad nacional le lleva a idealizar las hechuras del que violentó la constitución garantista. Esos votos de los descamisados, que son nobles de espíritu pero faltos de instrucción, le daríanposibilidad de meterse con la Justicia y, por lo tanto, mover a sus intereses a jueces, ministros, secretarios y a la institución de justicia, que no sabe cómo agradarle al que les ha proporcionado un nuevo estatus.

Los que rodean al poderoso, y no digamos él, se sienten los señores de esta ínsula y por lo tanto ellos son los que tienen la parte del león. Ellos no tienen la capacidad de reconocer sus errores, porque si los tienen solo tienen que utilizar los conocimientos de la nueva ciencia política: no contestar sobre el error descubierto sino inventarse una grave falla del que los ha descubierto.

Los amigos del régimen no solo tienen la defensa de todo el andamiaje gubernamental, sino que tienen el respaldo mediático de todos los canales de televisión, radios e impresos incautados y los creados por el régimen, de tal manera que cualquier campaña a favor del amigo o en contra del enemigo da sus buenos resultados.

Desde luego que todo esto hace una tarea gigantesca para los opositores. Entonces, los que enfrenten al poder, llámense Guillermo Lasso, Lucio Gutiérrez, Alberto Acosta, tienen que estar preparados para enfrentar una valla alta, no exactamente por la calidad del contendor, sino porque la misma clase política se encargó de construir para un solo hombre el mega poder y toda la estructura lograda le sirve para sentirse cómodo finalista.

Los opositores tienen que alistarse para la lucha desigual. Una lucha que tuviese mejores rutas si cada uno de los políticos hubiese sido sincero con sus convicciones. ¿No falló Nebot en la Consulta al no haber hecho la campaña por el No, permitiendo que el Sí crezca en Guayaquil? ¿No flaqueó Gutiérrez al no haber desenmascarado la comedia del “heroico” 30-S habiendo sido colocado como “autor” del supuesto secuestro al Presidente?

En las elecciones anteriores fue admirable la lucha de Gutiérrez, que logró el poco menos que triunfal 30%, pero desde luego no podía contra la maquinaria de publicidad, de obras entre verdaderas, semicomenzadas y falsas, de gastos paternalistas en los pueblos y giras promocionales de Correa. Pero fue una competición a la que hay que resaltar.

Esta vez, la lucha podría ser más difícil si se dan de dentelladas entre opositores. O, más sorprendente, en favor del que se erija como opositor finalista si sabe ponerle fuego al rabo de paja y sabe, sobretodo, hacerle pensar a esa masa, que no siempre estuvo con el león, sino que a menudo se identificó con el más débil.

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