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diciembre 31, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Lo riesgoso de ser crítico del Gobierno

Si no has cometido nada injusto no tienes por qué pregonar que odias o te asustan los espías, menos aún cuando estos fueron desde hace tiempos encasillados y visualizados como peligrosos denunciantes de corruptelas.

El poder vuelve a demostrar, en Ecuador, temores infundados, permite descubrir que ve fantasmas donde no existen y que se encuentra inquieto por algo que se anticipa en anunciar: espionaje a Carondelet. El supuesto espía es un crítico del Gobierno es Fernando Villavicencio, quien por supuesto tiene pocas posibilidades de acercarse a 100 metros del palacio sin ser a su vez seguido por una legión de agentes oficiales entrenados para neutralizar a sujetos peligrosos como él, como Galo Lara, como Fernando Balda, otros críticos perseguidos por el régimen que podrían terminar en la cárcel (de hecho Balda ya fue puesto tras rejas) y ser objetos de juicios parcializados.

Correa habla de que hay suficientes elementos para acusar de espionaje a Villavicencio y que “en su momento se sabrá lo que tenía en sus archivos”. Hay que esperar, saber qué podría tener de peligroso en sus manos Villavicencio, a quien recordamos que hizo varias denuncias sobre un supuesto mal manejo y corrupción en la explotación de los yacimientos petroleros, lo cual es peligroso ahora que el intocable se halla en vísperas de explotar el Yasuní.

Quisiéramos creerle a Correa, nos gustaría que así como ha dedicado un esfuerzo, la construcción de buenas vías, como política de Estado, construyera la democracia. Esos gobiernos que son capaces de ver como enemigos mortales a los que hablan la verdad, son tan o más peligrosos que los megalómanos que han poblado la historia.

No olvidemos que no es la primera vez que el Presidente hace acusaciones que carecen de fundamentos. Al coronel César Carrión lo acusó de querer asesinarlo al dia siguiente que dijo a la CNN que “Correa no estuvo secuestrado el 30 de septiembre”. No olvidemos que ese mismo 30 de septiembre, el mayor Fidel Araujo, estuvo acusado de querer asesinar al Presidente con un cámara-pistola, un arma imaginada por Ian Fleming, para James Bond, pero que nuestros generales del Ejército y la Policía no pueden garantizar su existencia.

Hay algo importante, Ramiro García, el abogado de Fernando Villavicencio reveló que hubo irregularidades en el allanamiento a la casa del acusado de espionaje. Claro. Recordemos que este gobierno del libre allanamiento ya cumplió un cometido similar cuando allanó la privacidad de la revista Vanguardia, donde casualmente dirigía y trabajaba Juan Carlos Calderón, uno de los dos investigadores del caso Gran Hermano (contratos millonarios del Estado con el hermano del Presidente, Fabricio Correa).

El abogado Ramiro García, pidió al Juez que ordenó este operativo que notifique por qué de la resolución arbitraria e ilegal, pues se dio sin la presencia del abogado del acusado . Según Villavicencio, esta acción judicial “es una represalia por sus denuncias de supuestos actos de corrupción”. En el operativo, la Policía se llevó laptops, computadoras, celulares y originales de sus artículos.

Celebramos que el Gobierno no haya “encontrado” un kilo de droga en el apartamento allanado, aunque no creemos que el maquiavelismo correísta llegue a esos extremos, pues en ese caso sería suicida pensar diferente al que manda como le da la gana en el sillón presidencial de Carondelet.

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