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mayo 5, 2014 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Le quema las manos a Domingo Paredes

El recurso de parecer un gobernante exitoso y con porte de estadista en el exterior es una jugada maestra desde la concepción de los revolucionarios, porque en territorio extranjero donde los compatriotas no están con ganas de polemizar sino escuchar “las verdades de su presidente”, lamentablemente no se llega a plantear interrogantes que pongan en entredicho la imagen del gobernante cuya presencia, por el contrario, debe agradecerse, e inclusive premiar con un honoris causa.

Correa, tras su derrota del 23 de febrero (sí, no lo dude, impulsar a fondo candidaturas en las capitales de priovincia y en Quito y ser derrotado, es justamente eso, perder), ha visitado Estados Unidos, España e Italia, países donde hay una alta tasa de ecuatorianos y donde ha dado una versión sin réplica ni contrapreguntas, sobre su calidad de gobernante que supuestamente ha sacado al país del tercer mundo, ha triunfado en elecciones y, sobretodo, tiene la potestad de bajarle el pulgar o no (es decir, quitarle de en medio o no), a la Consulta popular que lleva adelante Yasunidos, sobre la incongruencia de explotar el Yasuní, siendo que “este es un Gobierno que ama la naturaleza y la vida”.

Bueno, es que además para las famosas reuniones donde están los ecuatorianos que reciben a Correa, desde luego Alianza País se cuida de invitar a alguien que no comparta la línea política de los verdes, una posición que es mejor cuando el invitado a la sala llega al fanatismo (fanáticos no son precisamente los que votan por Correa sino aquellos que pierden el sentido de las proporciones y afirman “estoy dispuesto a morir por mi Presidente”, ocurrió el 30-S, o se pintan su cara de verde, abandonan a su hogar por hacer guardias en las sabatinas y hasta escuchan el reprise de las sabatinas).

Entonces, de esta manera la cita en EEUU, España e Italia fue, en cada ocasión, con 200 compatriotas exaltados dispuestos a quemarse las manos aplaudiendo lo que pontifica el soberano, como por ejemplo: “No está en mis planes hacer la Consulta”, es decir dando por sentado que él tiene la última palabra en este aspecto y no el CNE, perdón el CNE es un apéndice del Ejecutivo, y no la ciudadanía que ha votado en un número suficiente de firmas para que se lleve a cabo el evento de sufragio en el cual quien debe pronunciarse es el pueblo.

No puede haber más indignación cuando la trampa está anunciada y sin embargo los autores de la misma tratan de llevarla a cabo a rajatabla. El CNE está convertido en un eco de lo que quiere Correa y de allí que sorprende, exacerba y solivianta las acciones que lleva adelante Domingo Paredes quien trata de ver todos los obstáculos imaginables para que la Consulta se archive. Sepan, compatriotas, que el organismo invalidó miles de los formularios que Yasunidos entregó con firmas de respaldo para llamar a la consulta popular. Según el CNE, 39.514 formularios “registraron inconsistencias y solo 33.414 lograron pasar la verificación física”. De acuerdo con el formato aprobado para el proceso, cada documento puede tener ocho firmas: es decir, el Frente perdería hasta 316.112 rúbricas, número suficiente para botar abajo la Consulta.

En EEUU. España o Italia no hubo pregunta alguna que “irrespete la majestad del revolucionario”, preguntándole, por ejemplo: ¿por qué el Gobierno teme a la Consulta? ¿Por qué antes eran los oligopolios criminales los que querían explotar el Yasuní y ahora solo es el Gobierno ecologista que habla del 1 por 1.000 (asunto que ha merecido una multimillonaria propaganda que Domingo Paredes no ha controlado).

Y Paredes no ha controlado porque en verdad la Consulta se le escapó de las manos, le quema las manos; la Consulta está bien llevada, en su primera parte por quienes llegaron a recolectar las firmas del pueblo, pero a los ecologistas les está cerrada las puertas el Gobierno que “ama la naturaleza, la vida y el buen vivir”. De tal manera que el papel que le cabe a Paredes es la del simple monigote aleccionado: “Quiebra a la Consulta”, y está fácil, lo cree así, que siga las instrucciones del titiritero. Pero, por el lado del pueblo no la tiene fácil, le estamos viendo. Sí, es una bola que quema.

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