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mayo 16, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Lasso y Rodas, nuevos y sanos en la arena

La escena política nos muestra la aparición de protagonistas de diferente índole a la tradicional, elementos que no representan los moldes conocidos y, por lo tanto, ya cargados de malicia y con el lastre de acciones que son más graves que un golpe bajo.

Guillermo Lasso y Mauricio Rodas constituyen jóvenes figuras de la política nacional, a la que refrescan con ideales y optimismo diferentes a la de los viejos y jugados políticos.

El uno tiene mente empresarial, desde la posición de banquero descubrió que es importante servir a la sociedad, un colectivo que le convierte en sensible a las carencias y condiciones sociales del ecuatoriano.

El segundo en cambio es, justamente, un estudioso de los temas sociales desde una visión macro, que incluye lo estadístico y el estudio de las políticas públicas.

En una competencia leal, en una confrontación verdaderamente democrática, tanto Lasso como Rodas deberían imponerse a los tradicionales, incluido Rafael Correa, que representa la viveza y la ambición de la más antigua de las políticas.

Los políticos de viejo cuño al parecer perdieron el tren de la oportunidad, en tanto que explota su cuarto de hora de triunfo el neoliberalismo puro de León Febres Cordero, Jamil Mahuad y Álvaro Noboa combinados en Rafael Correa tanto como que se trata de un político que trata de llevar los beneficios del Gobierno a un sector determinado, el que le rodea.

Pero, un momento, hablar contra el economista es un sacrilegio, según dicen. Pero hablamos por muchos pues eso de que los beneficios sociales del Estado van al marginal tiene que ver con la entrega de un bono de la dignidad, darle una oportunidad para que tenga consulta médica, pero no hay ningún otro eje decisivo de verdadero cambio.

Perdón, solo es el discurso el que cambia. Habla a favor de Fidel, de Chávez, del indio, del obrero, pero solo es el discurso. Cuando se trata de ganar un dinero por el que hizo cambios en la justicia, se olvida hasta de Fidel.

Recuérdese que cuando le iban a favorecer con una sentencia de 40 millones, cobrables a El Universo, decidió dejarlo todo, inclusive una cita con Fidel, durante la Semana del Libro en La Habana, por tener el gusto de que los jueces canten la frase “40 millones”, que de por sí constituye la adrenalina y el éxtasis del hombre que acumuló y aplicó la experiencia, las mañas y la sapiencia de todos los neoliberales juntos.

El cambio de este Presidente de las “manos ardientes y mente lúcida” está maquillado no solo por ese discursito, sino por acciones que permiten ver que “tiene distancia con la oligarquía”, así como usaba Bucaram: “Votar por Abdalá es rayar un Mercedes Benz”.

Es decir retórica, apelación a la emoción de los oídos, cualquier cosa que quiera oír el auditorio de a pie. Porque en el fondo, es obvio, es humano y entendible que anhela tener todo el poder que da el dinero.

Hasta ahora nos causa admiración que no sabía que su hermano se había hecho con un gran negocio, una serie de contratos por 657 millones de dólares “y el Presidente de la República no se ha enterado”.

Esos tongos que molestan a la mayoría de honrados que tiene el país nos lleva a pedir un real cambio en la política. El cambio no solo tiene que basarse en la construcción de carreteras, las mismas que han sido financiadas por la misma ciudadanía a través de peajes.

Por supuesto los hermanos son listos y, la gran propaganda del líder sirve para señalar que su construcción (la obra vial) obedece exclusivamente al aporte gubernamental.

No se puede dejar de especular lo que sería una confrontación sin el auxilio de cuatro canales públicos, una veintena de emisoras y tres periódicos versus, es decir la lucha que van a realizar los demás candidatos.

Por eso, estamos convencidos que en una competencia con reglas claras, en igualdad de condiciones, el representante de la agrupación CREO, Guillermo Lasso, e igualmente el exponente de SUMA, Mauricio Rodas, podrían derrotar sin problemas a Rafael Correa, político que ha acumulado errores merced a su inmadurez mental, que otros ven como rasgos de su hiperactividad.

En campañas normales, generalmente los que han cometido errores crasos son candidatos a la derrota. Nombrar los errores es inoficioso, ya lo nombramos uno: los contratos del hermano. ¿Otro? El 30 de septiembre jugó a ser héroe y, lamentablemente, por pequeños detalles como inculpar a inocentes de su secuestro e intento de golpe de Estado (Lucio Gutiérrez, César Carrión, Fidel Araujo), le salió el tiro por la culata.

¿Otro error? Hacerle un juicio millonario a un periódico por la opinión de un columnista. Si tendría que prohibirse una opinión descalificadora, los canales de televisión tendrían que pagar una camionada de papel verde por reproducir las opiniones de opositores a un régimen.

Hay varios errores más, pecados de los que seguramente ya están empapados Lasso y Rodas. Ojalá estos nuevos soldados de la política caminen por la vía correcta, sin pensar que llegar al poder sirve para levantarse fortunas o acabar con los enemigos reales o imaginarios.

Lamentablemente, deben enfrentar a un aparato propagandístico gigantesco. No es una popularidad normal, es el trabajo de “Goebbels”, es decir sus émulos, y otros propagandistas, que aprovechan de todos los beneficios del Estado.

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