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julio 11, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Las limitadas opciones de Edward Snowden

El Gobierno ecuatoriano, hizo una denuncia que tiene las características de “cortina de humo”: según el canciller Ricardo Patiño se “encontró un micrófono oculto en la embajada de Ecuador en Londres”, sitio donde por más de un año permanece el líder y fundador de Wikileaks, Julian Assange.

Creemos que se debe investigar la colocación de ese micrófono, pero ¿cómo es posible que los ecuatorianos encuentren el dispositivo de comunicación un año después de estar Assange el hombre más buscado hasta antes de Snowden y que estaba en nuestras manos? Honestamente, hay razones para sospechar que es una autocolocación de aparato de espionaje, si es que el propio Assange que anda muy libremente dentro de la embajada, no fue el que colocó ese micrófono.

Ecuador ha tenido momentos de bochorno en el caso Snowden, especialmente por el hecho de haber llegado a revelarse la extensión de un salvoconducto a favor de Snowden.

En su sabatina del sábado el presidente Rafael Correa nos dijo que el Gobierno ecuatoriano no extendió ese salvoconducto al estadounidense acusado de ser filtrador de datos, pero creemos que un documento tan especial, tan delicado para ser elaborado por cualquier funcionario de segunda, tiene por fuerza que tener la autorización del responsable de mayor jerarquía o por lo menos de su ministro (el canciller Ricardo Patiño).

Y lo peor de todo es que de ese documento, de ese salvoconducto, habló anticipadamente Julian Assange, como si fuera el vocero oficial de la Embajada en Londres. Es decir, el protagonismo de Assange ha rebasado el papel de un simple asilado. En días anteriores, diario El Comercio publicó una foto en la que se ve sesionando en una mesa a Assange, Ricardo Patiño, la embajadora Ana Albán, el cónsul Fidel Narváez (que supuestamente extendió el salvoconducto). ¿Qué hace Assange sentado allí en sesiones que son asuntos de Estado?

Consideramos que ningún ser humano merece que una organización, una fuerza militar, un país esté buscándolo. Lamentablemente, al haber firmado un compromiso de confidencialidad Edward Snowden con su Gobierno, debió respetar ese compromiso, porque además existía el antecedente de Julian Assange. Este hombre, Assange, es un hacker australiano y se le puede tildar de apátrida porque sus actuaciones han sido de irrespeto e indiscriminación en cuanto a secuelas de sus “denuncias” contra las diversas nacionalidades. Pero Snowden es estadounidense.

Al parecer ni Rusia, ni China ni Ecuador van a ser los países que le concedan el asilo. Snowden tiene las opciones de Venezuela y Bolivia. Cuba también se hace de la vista gorda, pero si va a Venezuela no le será difícil llegar a Varadero, a La Habana, a Camagüey.

Desde luego, el camino de Snowden es tortuoso. Venezuela o cualquier país que le conceda la calidad de asilado se expone a sanciones de Washington, las mismas que según el grado de gravedad pueden convertirse en detonante peligroso, que podría generar protestas.

Además, solo cuando el prófugo esté en Venezuela conocerá si el amor de Maduro es desinteresado, o querrá conocer a fondo sobre los secretos que conoce de Estados Unidos y sus socios; sobre los secretos que conoce de Latinoamérica. Recibirá el clásico tratamiento con guante blanco a un espía, el cual luego se deteriorará. No lo podemos dar por firmado.

Creemos que Snowden debe evaluar si va a sentirse mejor y relativamente libre en un país ajeno, donde las posibilidades de sentirse realizado pueden ser relativas, pues en un momento podría ser víctima de algún acto fanático.

Es fácil darle consejos, se halla en una situación delicada, pero visualizamos que de considerar su regreso a Estados Unidos, donde luego de dar la cara, sincerarse y recibir una sanción menor, es muy probable que recupere un status de técnico y más tarde de científico. Mientras menos obstáculos tenga Estados Unidos en su retorno, más fácil será que reciba un tratamiento benigno. Es lo que creemos y eso es lo que espera el Mundo, es decir no aguardamos un ensañamiento, no es la característica del régimen de Obama. Por su juventud y proyecciones, Snowden podría tener una nueva oportunidad en la vida.

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