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mayo 15, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Las hipótesis que giran sobre el Comandante

Cuando el Presidente de Venezuela emprendió sus primeros viajes por una supuesta enfermedad mortal que le aquejaba su físico se hallaba en el peor momento de su popularidad. Había perdido terreno, hasta el punto que en las elecciones de la asamblea venezolana su partido (PSUV), debió inventarse una treta para ganar mayoría aún perdiendo en número de votos.El tema fue repudiado por los venezolanos honestos que no quieren triunfo con trampas. Bueno, pero eso quedó prácticamente en el olvido, porque en junio se vino la enfermedad mortal.

Le habían detectado un tumor maligno que fue inmediatamente extirpado. A partir de este momento se empiezan a confundir la ficción con la realidad. La prensa dio a conocer sobre las idas y venidas a La Habana, donde decidió tratarse el cáncer. Un oncólogo venezolano, el doctor Marquina, empezó a filtrar datos, pero había sido hombre del equipo de Gobierno.

Y, como si fuera poco, un periodista, Nelson Bocaranda Sardi (diario El Universal), empezó a poner en la mesa detalles que no tenían ninguno de los periodistas oficiales, “al parecer tenía una conexión con un médico que le operó a Chávez”. Tomando en cuenta la supuesta posición crítica del periodista, que escribía para un periódico incuestionablemente opositor, todo el mundo llegó a considerar a Nelson Bocaranda como un producto excepcional el periodismo investigativo.

Bocarando no solo ha topado sobre el presunto problema físico que representa el cáncer de Chávez. También ha sido capaz de desmenuzar algunas reacciones sicológicas, que no dejaban duda que el hombre estaba golpeado por su trance. De esta manera, la honda depresión del Comandante casi puede visualizarse, porque Bocaranda expone claramente lo que hace y cómo se siente el coronel en el Cimeq.

Mas, algunas reacciones del propio Chávez y el haberlo visto con su testa rapada a navaja limpia, es decir sin que queden aquellos vestigios capilares que deja normalmente un cáncer, aparte de que en su retorno del viernes a Caracas se mostró tan vivaz e íntegro como siempre, ha dejado en sospecha que Hugo podría no estar realmente canceroso.

Es decir, empieza a tomar forma la presunción de que Chávez, a través de terceros, logró vender, por la pluma de Bocaranda, la convicción de que se trata de un Presidente agónico.

Para el que vio (en televisión, claro) la llegada del Comandante a Caracas, Hugo está lejos de mostrar la debilidad de los auténticos pacientes de cáncer.

Al margen claro de uno o dos elementos que contribuyen a que se convenzan los que aún creen en el cáncer de Chávez. Por ejemplo, un elemento, el partidista, que aconsejan a su coideario la mesura necesaria a fin de que se cure: "Le decimos (al Presidente) que conserve disciplinadamente el reposo, que sus orientaciones, su trabajo, su esfuerzo permanente, su guía y su ejemplo están con nosotros y en la conciencia de los venezolanos. Estamos aquí como partido, como pueblo, como gobierno ayudándole en la victoria de este país, que la victoria suya es la victoria de los pueblos que queremos paz y futuro, le damos la bienvenida", indicó la directiva del PSUV, Blanca Eekhout en rueda de prensa en la sede del PSUV en Maripérez.

Esa conminación de la coidearia a que se someta disciplinariamente a un reposo nos lleva a creer que inclusive en el entorno chavista hay la convicción de que existe una enfermedad, lo cual para efectos de vender la supuesta mentira como verdad es un elemento favorable.

La integrante del Comando de Campaña Carabobo manifestó desconocer cuándo se presentará el mandatario en público o a través de los medios: "No tenemos la agenda nosotros del Presidente, así que no puedo decir cuando se va a presentar el comandante. El es vocero de sí mismo y siempre nos dice donde va a estar. Siempre nos está informando y nos mantiene al pueblo conectado con ese profundo amor y con su trabajo permanente a través de todas las vías de comunicación y Twitter nos está mandando mensajes. Sabremos de la agenda del Presidente por nuestro propio Presidente".

Son historias que nos mueven de un polo a otro. Es decir, si esta noche volvemos a verle cantar como lo hizo a su llegada al aeropuerto de Maiquetía (Caracas) el viernes, nos asalta la sospecha de que Bocaranda o se dejó convencer por alguien que le pasa deliberadamente datos imaginarios o definitivamente es un agente chavista.

Pero, también, cuando observamos que desaparece unos días y ni siquiera la jefe del partido oficialista PSUV sabe dónde está y qué va a hacer el jefe venezolano, uno vuelve a creer en que algo de verdad debe haber en la ingobernable enfermedad.

Los recursos del populismo y más del populismo chavista son sorprendentes. Hugo Chávez ha podido valerse de cualquier subterfugio para desviar al ciudadano venezolano de la visión electoral, consiguiendo al mismo tiempo monopolizar la atención.

Se han preocupado de la salud del Presidente y se olvidaron que hay un retador, Henrique Capriles. Es posible que en este juego haya caído el propio periodismo independiente u opositor venezolano.

Por esto, Nelson Bocaranda es un periodista que mueve a sospecha, por la serie de datos que ofrece sobre el cáncer del comandante venezolano, lo cual es una puesta en escena de un argumento capital, la vida del Presidente, versus “unas simples elecciones” que todavía no han prendido.

En su columna de rumores Run Run, Bocaranda ha dicho cosas tan descritas y apegadas a una enfermedad real, pero el hecho es que Chávez posiblemente le utilizó o él mismo fue el coautor de una gran falacia.

Hay que seguir leyendo a Bocaranda, a ver si se desvía de su bitácora. Hasta ahora ha hecho descripciones concebidas en algún consultorio oncológico, pero en cuanto a la realidad, a estas alturas no ha acertado, pues Chávez no se ve en peligro de una fractura de fémur, ni nada que se le parezca.

Los próximos días de Chávez en Caracas revelarán sobre a cuál de los dos polos y supuestas realidades se aproxima más el estado físico del presidente venezolano.

Capriles debe prepararse para enfrentar la mitomanía y variado naipe que tiene en su cajón el ex militar metido a estadista.

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