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noviembre 22, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La urgencia electoral: dar el bono y ganar votos

Tras los terribles episodios causados por avatares como el caso Duzac o la vergüenza de haber sido signado como autor intelectual de la campaña sucia, con ataques aleves a la dignidad de sus principales rivales, el escenario electoral se recompuso para el líder, que podría estar tranquilo en cuanto a reconocimiento, pues con su maquinaria publicitaria va a recordar, constantemente y en horario triple A, que la revolución ciudadana les posibilita a los más pobres recaudar mensualmente 50 dólares, desde enero, por el bono, en vez de los USD 35 aún vigentes.

En este momento si aconteciera el rito de la votación, sin duda que Rafa, gracias a la triquiñuela de utilizar un proyecto de su adversario Guillermo Lasso, quien ofreció el bono financiándolo con la merma del presupuesto publicitario, lograría una victoria indudable, pero oscura.

Nunca en la vida republicana se había visto un candidato de reacciones infantiles que ante los proyectos de su adversario se decide hacerlos realidad (porque seguramente le parecen buenos), pero tratando al mismo tiempo de perjudicar al grupo del que proviene ese rival (en este caso los banqueros).

Sin ninguna sutileza, sin protocolo de ninguna especie, sin un gesto que impida creer que se trata de una propuesta deliberadamente persecutoria, el Ejecutivo se lanzó a satisfacer personalmente las aspiraciones de los desvalidos y pobres de espíritu, que abren la mano para que les caiga la migaja de la dignidad.

Esto en tiempo de campaña electoral representa una gran ventaja. El único que tiene posibilidades de materializar este momento promesas es el Presidente de la República, pese a un reglamento electoral creado en cuanto subió al poder la revolución ciudadana, según el cual los candidatos están impedidos de hacer ofrecimientos demás no solo que tienen que esperar a ganar las elecciones sino que, según lo que ofrecieron Lasso y Gutiérrez, Correa se anticipó en subirlo

Desde enero, los beneficiarios del bono podrán cobrar 50 dólares en un componente que fue logrado con el cercenamiento de las utilidades de la banca. Para lograr esta victoria parlamentaria hay que decir que contó con los votos generalmente no negociables del partido Sociedad Patriótica, que es otro de los adversarios del régimen.

Extrañó la decisión de la camada gutierrista, pero no tanto cuando se sabe que hay una historia de tintes golpistas que le afectó a él, siendo partícipes determinados banqueros.

¿Lucio tenía revancha con la banca? Hay que señalar que parecía que iba a ser peleada la aprobación del proyecto de Ley de Redistribución de los Ingresos para el Gasto Social, pero varios partidos, especialmente el PSP se decidieron por unirse en la votación favorable a ese proyecto.

Al parecer, obró en la actitud del gutierrismo no solo el peso de los intereses electorales, que también ha movido al Presidente de la República, una mentalidad que todo lo mide en relación a las posibilidades electorales, sino que en la historia entre Gutiérrez y la Banca, obró como una especie de revancha la aprobación del proyecto, puesto que el líder de la sociedad 21 de enero fue sacado de la Presidencia con empuje de los sectores financieros, especialmente, según lo dice en su libro “El Golpe”, con apoyo de Fidel Egas.

Eso explica la alta votación a favor del proyecto. El Pleno de la Asamblea Nacional, en su sesión de ayer martes, aprobó con 79 votos el proyecto de Ley de Redistribución de los Ingresos para el Gasto Social, enviado por el Ejecutivo con el carácter de “urgente” en materia económica, que aparte de perjudicar a un sector del país genera recursos económicos para financiar el incremento del bono de desarrollo humano.

No podemos evaluar si la actuación del PSP le abona beneficios electorales, pero sí podemos asegurar que ingresó en esta política extractivista que afecta la propiedad privada con un dolor de cabeza para el señor Egas Grijalva.

En todo caso es un triunfo pírrico para Gutiérrez y tiene el aroma de una confrontación personalista, pero esto le significa perder toda la confianza que había adquirido de los sectores financieros, por haber sido generalmente un actor político que respeta la capacidad empresarial.

Conocemos que Guillermo Lasso se ha centrado en preparar varias propuestas más que en lo posible sean realizables y aptas para mejorar la calidad de vida de los ecuatorianos, pero varias de ellas pueden ser plagiadas por el único candidato que deja el CNE hacer lo que le da la gana, pues no debió el CNE aprobar que una propuesta de campaña sea puesta en práctica por quien asume los beneficios clientelares, propios del estado paternalista.

Y, aún más, Correa recoge esos beneficios sin sufrir menoscabo nada de lo que en principio se propuso, desde la óptica de un demócrata, por Guillermo Lasso. Es decir, sin sacrificar la pantagruélica exhibición de propaganda oficial, a fin de respetar la acción de los medios y la paz interior de los hogares, los mismos que son constantemente asaltados por cadenas de televisión, muchas de las cuales significan la interrupción de los informativos convencionales e independientes.

Correa ha creado cínicamente las más grandes desigualdades frente a los demás actores políticos y esto, sin poner en juego el alto presupuesto para publicidad que ostenta la Presidencia de la República. Es el elector el que debe juzgar esta actitud como lección que deja esta actitud: “Yo lo hago primero” (dar el bono de USD 50 que propuso Lasso) y “yo castigo al que tuvo primero la idea” (por eso el ataque a la banca).

Los electores ya pueden empezar a pensar lo que significa este atropello. Es decir, que si al gran gobernante se le ocurre mañana hacer otra gran obra, le tocará sufrir la merma de sus utilidades a otro sector productivo: telefónicas, eléctricas, petroleras. Este sistema inmaduro de actuar no significa garantía alguna para la inversión productiva.

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