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noviembre 19, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La superación a lo realizado por la vieja política

El Presidente ha dicho en Sevilla, como un disparo de ensayo, que desearía convertir a la información en un asunto de Estado. Y ha reconocido que se trata de “un proyecto atrevido”. Son algunos los proyectos atrevidos que los ha llevado adelante: expulsar anticonstitucionalmente a 57 diputados elegidos porque querían discutir su proyecto de cambiar la Constitución; tomarse la Justicia, señalando que como es un hombre justo “voy a tener que meter las manos en la Justicia”; seguir juicio a medios de comunicación y periodistas aprovechando que ya era dueño de la Justicia; dejar pasar las irregularidades de su propio abogado (Gutemberg Vera) y del juez de la causa (Juan Paredes) en la sentencia firmada contra el diario El Universo, algo que los peritos descubrieron, el compartimiento de pendrive (Chucky Seven); la persecución a gente inocente, tras el show del 30-S (César Carrión y Fidel Araujo); la supuesta desconexión del Presidente con inversiones importantes de Estado, como los 200 o más millones de los contratos del Estado con su hermano, Fabricio Correa.

Hay muchos temas más donde el Gobierno ha imitado y aún ha superado la giba de la corruptela y que el jefe de Estado ha tratado de restar importancia, como la narcovalija, las avionetas de Esmeraldas y Santa Elena, sospechosas de actividad ilícita, la detención arbitraria de todos aquellos que en la calle se expresan contra los temas oficiales (a una dama en Riobamba, que señaló que va a votar No en la Consulta la hizo detener, por supuesta señal obscena); el préstamo de 800 mil dólares a un argentino con todos los visos de irregularidad, al haberse comprobado que sus garantías fueron nada menos que los activos incautados a los hermanos Isaías y de los que era responsable el Estado, a través del fideicomiso “No más Impunidad”. La presión del Gobierno y la Justicia (rara coincidencia) para que el diario La Hora “se retracte de un dato extraído de una fuente confiable, Participación Ciudadana.

En fin, la lista de hechos que no debieran repetirse en una nueva era política son muchos. Como para que recordemos que la vieja política vive, ¿Dónde está el cambio de era ofrecido? ¿Dónde están los adalides de la ética, que se admiraban que los gobiernos anteriores hayan entregado obras caras, cuando ahora la renovación de la Justicia está calculada en cinco mil millones de dólares, es decir el costo de 10 aeropuertos de Quito? ¿Dónde están los fiscales?

Si en el Ecuador, los diferentes candidatos presidenciales, por el bien del país, coincidieran en algo importante, en la necesidad de fiscalizar al régimen que más ingresos ha tenido por la exportación del petróleo, todos ganaríamos algo: el Gobierno porque tiene la oportunidad de demostrar que ha realizado inversiones con apego a una actitud pulcra, con austeridad; las candidaturas no gobiernistas, porque habrá dado un paso importante para salir de las simples palabras, para hacerse presente en un momento de inexistencia de oposición; el pueblo, porque se ratificaría la realidad de que hay un Gobierno de manos limpias; los medios de comunicación, porque tendrían el documento para certificar que se encuentran ante el Gobierno de características éticas incuestionables, lo cual les obligaría a retractarse de sus críticas (o por el contrario ratificaría los enunciados de ese entrometido periodismo investigativo que no se ajusta al Estado de Propaganda).

Ante la posibilidad de que se debata el proyecto de hacer estatal la información, el pueblo debería elegir qué es más importante: ¿Una prensa que se allane a contentar al oficialismo o una prensa con capacidad de discernimiento entre las buenas y malas (a veces protervas) acciones del régimen?

En Ecuador se ha dado una ironía de calibre tan grande que no se puede digerir: atribuirle la corrupción a la prensa, a fin de que no la crean. Pero, está visto que la mayoría del pueblo acepta que la voz de la prensa está en capacidad de evitar arbitrariedades.

Una prensa en silencio no es conveniente para la sociedad y menos para una sociedad vulnerable donde hay un millón y medio de personas dependientes del bono. “Recibo el bono y me importa un rábano lo que haga, gane o gaste mi benefactor (el Gobierno según la mentalidad de los beneficiados).

Los candidatos presidenciales tienen la oportunidad de pasar por la pasarela con uno o dos discursos llamativos con temas coyunturales o hacer historia olvidándose de la comodidad de una retórica generalizada, para ir a fondo a los asuntos.

Nos interesa a la prensa, al pueblo y a la oposición estar en paz o espantar a las ideas que nos agobian cuando salen en la televisión esos anuncios larguísimos con supuestas inversiones sin antecedentes en la historia republicana y realizadas por este Gobierno.

Por ejemplo, hablan de inversiones en vías y el pueblo tiene razón en creer, pero allí surge el raciocinio que no debe ser de unos pocos sino de todos: ¿qué parte de esas inversiones en carreteras corresponde al régimen y qué parte a las empresas concesionadas que para realizar el mantenimiento de las vías justamente aplican una tasa o peaje?

No sabemos cuál va a ser la estrategia de la oposición, pero ojalá no tenga que ver con generalidades: “voy a darles, salud, vivienda, educación, vías de comunicación”. Correcto, pero ¿qué es lo que ha visto el mismo candidato en cuanto a aquellas obras dentro de lo que involucra como realizador al actual régimen? Todos los candidatos presidenciales tienen un perfil apreciable de conocedores de la realidad nacional, ¿pero sabrán exponerla dentro de un accionar que difiera (y por qué) con el régimen?

La campaña empieza. La tarea de los diferentes candidatos también. El que sabemos ya casi no tiene capacidad de sorpresa, tanto que va a trabajar según las ofertas de los otros, como lo demostró con Guillermo Lasso. Dura la tarea que tienen los candidatos opositores: por un lado entregar sus propios planes y por otro precisar sobre los talones de Aquiles del Régimen, que por cierto son múltiples.

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