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septiembre 18, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La sospechosa preocupación en los que “no son nada”

La campaña electoral ecuatoriana no ha empezado todavía y el Presidente resulta que ya está metiendo las manos en ella. Eso a pesar de haber divulgado que no ha sido todavía lanzada su candidatura. Esto significa que cuando la campaña esté en marcha, él personalmente moverá las fichas para maniatar a sus adversarios y para adquirir más poder.

Un abuso de estas proporciones en otros tiempos era intolerable: es decir que el Presidente en funciones quiera seguir todavía al frente del país, utilice la promoción del Estado, los bienes incautados e imponga las leyes a su antojo, para acomodarlas a la puesta en escena de su reelección.

Y era intolerable porque al ciudadano le molestaba que el hombre que tiene el poder adopte todas las previsiones para obtener aún más ventaja en su contienda que de por sí ya tiene varios puntos a favor por encima del candidato promedio. En otros tiempos, que el ventajista quiera sumar más ventaja no solo significaba un abuso de poder, sino que se interpretaba como una cobardía, un miedo cerval a que el exitoso hombre que sus seguidores aprecian le pongan en las mismas condiciones que otro en la arena.

La única forma de sentirse seguro, en esta vez, tras haber superado un “intento de golpe de Estado”, “un intento de magnicidio”, “la reciedumbre de un medio de comunicación a continuar informando independientemente pese a que ya le ganó 40 millones de dólares (lo testimonian Juan Paredes, Gutemberg Vera, Alemberg Vera, Ricardo Patiño, Vinicio Alvarado)”, es prohibiéndoles a los medios hacer entrevistas a los demás candidatos.

“Entrevistas habrá… solo que para todos por igual y con autorización del CNE”. Ah, claro y en el periodismo que no es corrupto (El Telégrafo, El Ciudadano), ¿meterá las manos el CNE para prohibir que solo saquen reportajes al augusto, en tanto que a los demás solo sacan unos párrafos con temas en contra?

Son estas situaciones que combinan el intento de dictadura con el innegable temor las que deberían hacer razonar al pueblo, aquel que se apartó de los males de la partidocracia, pero que ha caído en el Guatepeor de la autocracia.

Una primera manifestación de esta cobardía disfrazada con el control a la función electoral es apurar al CNE a desconocer a los candidatos que están poniendo los que alguna vez fueron sus socios y que por varias circunstancias se separaron de la voluntad omnímoda de Correa.

La no participación de ellos, pese a que entre ellos suman más de las 158 mil firmas, le quita el poco ámbito democrático que se apercibe en estas elecciones. Las diferentes fuerzas sociales e ideológicas son libres de activar la vida política nacional, solo que Correa trata de impedir que esto se lleve a la práctica en el país.

Es un sujeto que responde a ancestrales frustraciones y al odio político. Que Fabricio no participe porque siempre estuvo lejos de lograr la base de firmas, ya era conocido, para Correas con uno solo está demás.

No nos hubiese extrañado que aún teniendo las firmas suficientes para calificar el movimiento “Equipo”, del hermano mayor del Presidente, él le hubiese atacado igualmente, porque una de las leyes de la política es que el tongo (una pelea ficticia) remita beneficios a sus actores.

En este caso, doble beneficio: a) se deja la sensación de que la pelea entre ambos es real, obligando a los ingenuos a tomar partido, es decir dejando pálida cualquier intervención de terceros, y, b) se logra hacer olvidar que alguna vez sospechamos que los grandes y millonarios contratos logrados por Fabricio Correa Delgado tuvieron la vista gorda, si es que no el visto bueno, del que sabemos.

El presidente de Ecuador, personaje que dice tener el 80 por ciento de aprobación a su inédita gestión gubernamental, en todo lo grande que se atribuye ser, se preocupa de temas menores, como decir la participación de supuestos fracasados en las elecciones.

Se sabe que tildó de "fracaso absoluto" la marcha de partidos de la coalición de izquierda contra el Consejo Nacional Electoral (CNE), al que este frente lo acusó de intentar dejarlos fuera de las elecciones presidenciales y legislativas de 2013.

Siendo que se siente seguro el Presidente, ¿por qué preocuparse de unos fracasados? ¿Por qué dedicarlos tanto espacio salvo que quiera llamar la atención a favor de ellos? No se ha visto en todo este proceso que precandidatos como Guillermo Lasso, Lucio Gutiérrez o el falto de picardía Álvaro Noboa, ya calificados para competir, se preocupen de la fuerza o debilidad de quieres, según su posición, les son indiferentes a la hora de participar.

Lo que ocurre es que para los verdaderos demócratas, al mismo tiempo los impedidos a través de maniobras que saben a fraude les son tan importantes como que la democracia puede errar gravemente si el árbitro hace lo posible por perjudicar a alguien.

¿Es Rafael Correa el árbitro y dueño de la agenda electoral? ¿Por qué se halla en “vigilia”? ¿Por qué se lo advierte inseguro?

Y, sin embargo, por esta misma inseguridad, desbarra bravuconadas como:

"Gracias a Dios no tienen el apoyo de nadie (los que él quiere borrar del mapa), y gracias a ustedes, pueblo ecuatoriano, esa marcha de las izquierdas tan aupada, tan difundida, fue un fracaso absoluto". Lo dijo en su Enlace sabatino, que debería tener un contraformato en el que todos los adversarios puedan contestar y decir su verdad. ¿O la verdad le pertenece exclusivamente al hiperactivo candidato del pueblo pobre… (de espíritu)?

Gente que “no tiene el apoyo de nadie” y sobre la que se preocupa demasiado el casi seguro reelegido. ¿No es sospechoso? Correa debe quitarse la máscara y confesar que también es parte y es juez y por eso tiene miedo de perder.

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