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octubre 28, 2014 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La revolución de las ambiciones

Esta revolución no se parece a ninguna, sin embargo voy a meter preso a todo aquel que divulgue mis pequeños errores. Esta revolución es bolivariana, sin embargo no voy a hacer caso de la conducta democrática de Bolívar. Esta revolución no tiene antecedentes, sin embargo voy a demandar por 80 millones y así van a saber que mi honor es más alto que esos pobres enanos. Esta revolución va a dar qué hablar y por eso cerraré periódicos y me adueñaré de los 20 medios de los Isaías, total esos medios van a trabajar para este servidor. Esta revolución es ejemplar, sin embargo pasaré por alto algún buen negocio de mi hermano. Esta revolución perdió el 23 de febrero y por eso, porque estoy picado, he decidido lanzarme nuevamente para Presidente.

En otros tiempos era de mal gusto que alguien al que el pueblo le haya confiado el poder, diga ahora “quiero seguir siendo el Presidente”, mucho más si no hay las condiciones constitucionales para lograr ese objetivo. Resulta que ahora, esa posibilidad se la quiere imponer a la fuerza pese a que lo impide la Constitución, de allí que mediante plebiscito parlamentario, aprovechando que tienen mayoría, el revolucionario mayor Rafael Correa quiere perennizarse como Castro, Stroessner, Franco, Somoza.

Ha trascendido que las intenciones de la Corte Constitucional y el CNE es cerrarle el paso a la Consulta, un recurso legítimo de la ciudadanía. Ecuador no puede darse el lujo de consultar si las corridas de toros deben ser expulsadas o no y prohibir la consulta más importante, si se respeta la Constitución o no a través de la alternabilidad en el poder.

De este tema vamos a intentar profundizar en el Conversatorio, que la comunidad ecuatoriana en Estados Unidos ha decidido llevar adelante. Todos tenemos derecho a hablar sobre la reelección o no reelección. Los ecuatorianos que residimos en los Estados Unidos, con los mismos derechos de cualquier compatriota, hemos decidido tratar este tema con responsabilidad, poniendo un interés cívico en las mejores opciones para nuestro país y entre estas opciones está el respeto a la Carta Magna.

Queremos presentarnos sin careta, sin la falsa actitud que tuvo aquel que dijo cuando lo convenía “que no pensaba en reelección, que cumpliré mis cuatro años y me iré a descansar en Bélgica y a recorrer en bicicleta con Miguelito”. Nos permitimos señalar que sería una aberración dejar que el caprichoso del palacio siga en el poder, cuando la Constitución le quita esa posibilidad, porque ya lo dijo Bolívar: "Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo Ciudadano el Poder. El Pueblo se acostumbra a obedecerle, y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía."

Los ecuatorianos de las diferentes tendencias, con argumentos legítimos, los mismos que están contemplados en todas las constituciones del Planeta, debemos unirnos para llevar adelante esa Consulta. A los ecológicos el CNE ya le negó su aspiración de Consulta, que tenía el objetivo de evitar la explotación del Yasuní. Ahora, no vamos a permitir que nos birlen ese derecho. Hay que ponerle en su sitio al que quiere entronizarse de por vida.

Un país democrático por supuesto que tiene que decidir lo que más le conviene. La Constitución de Montecristi, de la que pregonaba el intocable que era la más garantista del Mundo ya tiene previsto en su artículo 114 la posibilidad de que una autoridad se reelija por una sola vez, sea de manera inmediata o no.

Ese “por una sola vez” significa que no hay que interpretar de otra manera y menos pretender llevar a un juego de mayorías, el cambio de un tema absolutamente importante. Si los robots de AP y Avanza han tenido el atrevimiento de pensar “¿Y por qué no la reelección de nuestro jefe?”, es señal de que hay que poner atención a la Corte Constitucional y el CNE, donde Patricio Pazmiño y Domingo Paredes han pregonado que son “independientes” y aparentemente, por este solo atributo, nos dejan en perspectiva que van a dar paso a la Consulta.

Pero ellos siempre anticiparon que eran probos y a la hora de la verdad se allanaron a la voluntad de quien ha dicho muchas veces que todos los poderes del Estado deben estar sujetos al Ejecutivo. Otra aberración. Pero no vamos a descartar que en esta vez, ahora sí, en una cita con la historia, van a permitir que el pueblo se pronuncie.

Sobre la legitimidad de las firmas nos vamos a ocupar todos los ecuatorianos. Desde luego que vamos a estar atentos sobre las mesas de adhesión a la Consulta, sobre la legalización de las actas, sobre la triste realidad de que aparecerán a firmar muchos falsos seguidores de esta idea liberadora, a fin de echar abajo esas actas. Pero, desde luego que se obtendrán las suficientes formas como para que las anuladas no afecten la ecuación, que Ecuador quiere la Consulta. Eso no va a detener la revolución de las ambiciones.

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