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marzo 7, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La prevención ante las señales de fraude

Fraude es una palabra muy grande, muy gruesa, que revela un sistema utilizado como arma para el triunfo, en este caso electoral. Pero, también el fraude se escribe con pequeños golpes que sumados van perjudicando grandemente al supuesto perdedor y van beneficiando al considerado ganador.

Es increíble que la gran prensa del país no se haya hecho eco de los sucesos electorales de la región Estados Unidos-Canadá, en donde aconteció un claro intento de alterar los resultados en una junta en la que el candidato oficial resultaba con más del doble de la votación que el segundo, siendo que en la votación real el candidato considerado segundo había ganado realmente en cuanto al favoritismo de los electores.

Es muy grave decirlo porque generalmente las gentes de bien no echan sombras sobre un triunfo que es logrado con legitimidad. Allí lo que corresponde es el reconocimiento y no el aguafiestismo, que es propio de malos perdedores.

Pero, en esta ocasión hay indicios claros de este sistema fraudulento. Un simple vestigio, las votaciones obtenidas para asambleísta de la Región USA-Canadá, en la junta dos (02), de Miami, exhibieron una alteración que repetida en decenas de juntas obviamente que produce una derrota contundente del real triunfador.

En este caso, nada menos que ubican a los dos primeros candidatos de CREO con cifras bajas (16 votos), habiendo obtenido el primero de ellos más de 40, es decir más del doble.

Hay inconsistencias en 49 juntas, lo que hace sospechar que el perjuicio de adhesiones representa un número suficiente de votos que podrían definir realmente a favor de quien ha sido perjudicado si se abren las ánforas, si se establece una comparación entre el número que entrega el CNE a su cuenta definitiva y el número que quedó establecido por los delegados de las mesas, cuyas cifras deben ser respetadas, pues se trata del primer conteo.

Considerar que el segundo conteo presenta cifras diferentes es llamar la atención sobre algo irregular. Tratándose de que las elecciones son el más importante ensayo o manifestación de democracia, sostengo que tanto el CNE como los medios de comunicación deben establecer la reproducción de los resultados habidos en todas las juntas. De esta manera no solo el electorado tiene acceso a las cifras reales sino que los mismos delegados de mesa tienen la oportunidad de establecer que no se alteró la contabilidad realizada en su junta.

El rostro más detectable del fraude lo registró una foto de Sergio Briones en Miami. También se dieron otros hechos como la exorbitante publicidad oficial, la misma que no tuvo problemas para regalar camisetas, banderas y otras galas propias de una estructura electoral, porque eso es Alianza País, cuya cabeza se halla permanentemente en campaña.

La situación registrada en Miami amerita una investigación, porque una operación así es capaz de repetirse en muchas de las juntas. Igualmente hay que investigar porqué en varias de las juntas donde se advierte inconsistencia, se consigna que acudieron a votar 300 personas, cuando hubo un alto porcentaje de ausentismo.

Hay necesidad de verificar una lista de ausentes (o la simple cifra) cada vez que termina un proceso electoral. De esa manera todos los partidos y movimientos se acogen a un techo, que de rebasarlo simplemente significará que no hay conformidad en los datos de los votantes.

No hay razón para dar tantas ventajas a los candidatos oficiales y en la observación se debe exigir la presencia de observadores europeos que son de mayor confianza que los del Alba y Unasur, puesto que éstos tienen compromiso político que ya es conocido a nivel internacional.

El CNE, se entiende, es un ente independiente al poder ejecutivo y su misión es garantizar la pureza del ejercicio cívico. Y los partidos que se sienten perjudicados deben levantar su voz con la legitimidad que da el derecho a pelear los votos escamoteados.

En estas condiciones, perdonen los ciudadanos que quieren un cambio en las actitudes políticas, pero no hay lugar para felicitar al triunfador. Eso ocurre cuando el proceso ha sido ganado con absoluta limpieza.

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