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enero 12, 2015 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La Prensa independiente se atomiza

Una noticia que genera, más allá de sentimientos encontrados, el mal sabor de la frustración se ha expandido en el Ecuador: el cambio de dueño de Diario El Comercio, uno de los símbolos del periodismo ecuatoriano y principal medio capitalino.

El Comercio ha pasado a manos del grupo Albavisión, que preside Remigio González González, empresario mexicano cuya especialidad es coleccionar medios, especialmente estaciones de televisión, habiendo sido identificado además como dueño del canal RTS en Ecuador, lo cual explica el salto este canal a los brazos del oficialismo, pues una de las características de su nuevo dueño es no confrontar con los poderes del país en el que se desenvuelve el medio. Ahora ha decidido emprender con un impreso.

En el caso de El Comercio, tratándose de un medio que ha tiene una altísima aceptación ciudadana, especialmente en los sectores medio y alto (en cuanto a sus secciones política y económica) y las clases populares (en cuanto a la sección deportiva), su desprendimiento por parte de la familia Acquaviva Mantilla ha logrado convulsionar las esferas de la opinión pública, porque su sorpresiva venta significa la pérdida de un adalid de la información, que gozaba de independencia frente a cualquier tipo de regímenes.

El Gobierno de Correa le situó a El Comercio entre los medios corruptos, no habiendo demostrado jamás el motivo de la corrupción, siendo más bien que el rotativo denunció temas graves como los negociados del hermano del Presidente, Fabricio Correa, que hizo contratos por 80 millones de dólares con el Estado (lo cual está prohibido en la Constitución), también El Comercio no tembló al alinearse en defensa de la libertad de expresión cuando Correa intentó adueñarse de Diario El Universo, a través de un juicio por 80 millones de dólares, tan solo por una columna de opinión de Emilio Palacio en la que el articulista expresó su inquietud por establecer quién lideró la balacera del 30 de septiembre de 2010, en el entorno del Hospital de la Policía.

El Comercio jamás coincidió con la línea gobiernista en los varios atropellos a la prensa o en los excesivos gastos propagandísticos para “posicionar” al líder.

La venta del rotativo preocupa seriamente a quienes vivimos esperanzados en un país democrático. Es una comercialización que habla de la crisis del periodismo ecuatoriano, haciéndonos pensar que la serie de adversidades que enfrentan los medios nacionales es uno de los detonantes de esta dura decisión, que no solo entraña desprenderse de un negocio, sino que se trata de una empresa que tiene honda tradición familiar (en el caso de los apellidos Mantilla Ortega o Mantilla Jácome, y en la actualidad Mantilla de Acquaviva).

Debo enfatizar que ésta no es una apología respecto a un diario ecuatoriano. No existe nexo alguno. También condené los intentos correístas de apropiarse de El Universo. Repudié el estilo de ganar un juicio con medios ilícitos, presionando con la presencia de sujetos gobiernistas y soldadesca que pretendía arrinconar a sus enjuiciados, poniéndole encima de ello contra El Universo a un juez corrupto como Juan Paredes.

En el actual caso, lamentamos la pérdida de un gran espacio para la opinión pluralista. El rey de Absurdistán puede dormir tranquilo, pensamos que la oposición va a extrañar un espacio que le daba apertura y que tuvo la valentía de afrontar al Correa que se pensaba intocable. El actual ya conoció la derrota y ahora, cuando ya no tiene la magia de los millones de dólares que daba el petróleo se ve peligrosamente en la tarea de cumplir o cumplir para ser “brillante” y eso solo podría hacerlo esquilmando a los que tengan algún medio de producción, con el cuento de que “eso, que haya un emprendedor de éxito, un líder de izquierda no tolera”.

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