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mayo 14, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La persecución a los veedores

La memoria que tiene el rey para hostigar, humillar, castigar y dejar estigmatizados para siempre a quienes han osado rozar su imperial prestigio es parte de la comedia cotidiana, “mente fría corazones ardientes”. La persecución a los veedores del caso Gran Hermano, se hizo notable hasta el punto de que ellos, que conocen del peso de la organización judicial ahora articulada para que nadie ose una crítica peor una inculpación al Mandatario y su familia, prefieran buscar asilo en un país como Costa Rica.

Estos veedores son cuatro ciudadanos que estudiaron el caso Gran Hermano, no se trata de cuatro políticos que señalaban por señalar o que hablaban movidos por el odio a quienes tienen diferente ideología. Sus puntos de vista fueron fundamentales para desvanecer los tabús y paradigmas de muchos ecuatorianos que consideraban que el augusto sería incapaz de ser no digamos el coadyuvante de los contratos de su hermano, pero por lo menos el conocedor de sus contratos.

El sabelotodo de las sabatinas, el que trata de ridiculizar a sus adversarios políticos por alguna cosa de poca monta, por supuesto que decepciona cuando dice que nunca conoció que se habían firmado esos contratos millonarios en favor de una empresa familiar, lo cual para los no ingenuos es inadmisible.

Los cuatro veedores perseguidos son elementos de conciencia limpia y han demostrado ser gente que no se presta para la venia a la que está acostumbrado el jefe.

Por eso mismo, porque no saben con quien se han metido y “cómo es que estos sujetos osan señalar a la familia de su jefe” el Juzgado Quinto de lo Penal de Pichincha inició un proceso legal a Pablo Chambers, Víctor Hugo Hidalgo, Gerardo Portillo y José Quishpe, miembros de la veeduría, por haber mencionado que “Rafael Correa sí conocía de los contratos de su hermano, Fabricio”.

Esta investigación de los veedores no es historia reciente. Esto data desde antes que el presidente que “nos robó el corazón”se levante conque ha ganado convincentemente la Consulta Popular y nos imponga una nueva justicia, la misma que todavía no se deja ver.

Solo que los medios de comunicación no le han dado al tema la dimensión que tiene y que ahora cobra peso, pues con las cortes a favor del amo, es fácil liquidar a los que se atrevan a señalar con el dedo o con la murmuración algún negocito familiar.

Una veeduría es una instancia ciudadana que acoge las principales inquietudes de la colectividady tras una observación rigurosa, (una verdadera investigación) llega a un pronunciamiento que es el pronunciamiento de la ciudadanía a la que representan.

Una institución popular a la que hay que prestarle atención, porque su trabajo permite al pueblo estar alerta sobre posibles arbitrariedades de quienes están en el poder.

En todo esto hay un contrasentido pues fue el mismo mandatario quien solicitó la creación de esta veeduría, que fue posesionada por el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPC) transitorio en julio del 2009.

Resulta que las veedurías cuando ponen los ojos sobre cualquier feligrés que no comparte sus ideas con el régimen, son magníficas. Pero si estas veedurías se les ocurre poner los ojos en el jefe o sus familiares no tienen ningún futuro.

Aquí, en el país, resulta no se va a juzgar sobre lo que han descubierto las veedurías. Aquí se va a juzgar sobre ¿cómo así las tales veedurías se regresaron a mirar sobre lo que estaba haciendo el hermano del fundador de las veedurías?

La gente que no cree en las bondades de la propaganda sobre la extraordinaria historia del nuevo tipo de Presidente que ya brilla en el firmamento de la noche a la mañana, para acabar con la larga noche neoliberal, crece día a día.

El público ingenuo que esperaba a un Mandatario bien informado que a veces los sábados humilla a sus ministros por una obra de cientos de miles de dolares reflexiona y pondera ¿cómo es posible que desconozca el Presidente de la República contratos superiores a 600 millones de dólares? Se entiende que un Presidente, que en las sabatinas demuestra estar alerta a todo, siempre debería saberlo.

Además, si no fue él, si fue un ministro el que dio los contratos, ¿cree usted que ese ministro, en un afán humano de quedar bien con su jefe (el Presidente) no va a hacerle conocer que le ha otorgado contratos a su hermano?

Lo cierto es que cuatro veedores, aparte de la investigación realizada por el diario Expreso de Guayaquil, que tiene un gran equipo de procesamiento de datos y conclusiones de materias susceptibles de investigar, determinaron que Fabricio Correa había logrado contratos a su favor por 657 millones de dólares, con un perjuicio para el Estado que asciende a 143 millones de dólares, y coligen que de ello sabía el señor Presidente.

Ya se sabe que dos de los perseguidos por el jefe de Estado fueron parte de ese equipo de investigación: Juan Carlos Calderón y Christian Zurita, quienes con un material demasiado sustancioso, juzgaron conveniente recopilar minuciosamente varios otros detalles para formular su teoría de que el Presidente sí sabía en un libro que causó impacto en el país y al que se lo quiso prohibir que se presente en la feria del Libro de Buenos Aires.

Siempre se dijo ante lo que parece una ola de cinismo (que a través de cadenas y propaganda gubernamental es más fuerte que la vergonzosa verdad), que no es posible que un Presidente trate de vendernos la idea de que “no sabía” si eso no es lo más importante.

Lo trascendental es que habiendo sido descubiertos los contratos de Fabricio Correa, el Presidente con vergüenza ajena, a fin de reparar su imagen ante la opinión pública ordene investigar quién dio esos contratos a su consanguíneo y saque de su equipo a secretarios de Estado que son cómplices de un acto que tiene mucho de delictivo.

Es que el ecuatoriano así reciba los 30 dólares de la dignidad debe conocer que está prohibido que alguien llegue a la Presidencia para apuntalar la fortuna de su familia o la suya propia, directa o indirectamente.

Ese sector del pueblo que se considera feliz con la migaja del gran gobierno debe comprender que esta viveza significa el fin del sonsonete “gobierno de las manos limpias”.

Pablo Chambers, el ex coordinador de la veeduría, anticipó que “cuando una veeduría como la nuestra hace un trabajo transparente, apegado a informes de la misma Contraloría y de Procuraduría, lejos de encontrar apoyo estatal, se inician este tipo de procesos”.

Los componentes de la veeduría, se sienten perseguidos y lamentan que la Asamblea no haya dado paso a la idea de conceder inmunidad a quienes integran un cuerpo de investigación de temas a veces sensibles como una veeduría.

El país entero debería indignarse por este empeño en destruir a todo aquel que ha estado cumpliendo su papel y esos veedores que establecieron en su momento que no hay tal ingenuidad presidencial merecen el respaldo de la sociedad, que debe rechazar cualquier intento contra ellos.

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