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agosto 30, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La paz aterriza en Colombia

“Hemos corrido todo tipo de riesgo haciendo guerras. ¿No es hora de que nos arriesguemos también para conseguir la paz?”, es una frase de Ramsay MacDonald. Colombia ha dado ese paso adelante, el único miedo puede ser atribuido al orgullo, es decir esa espera de que los otros den el primer paso. No se sabe cómo, pero en La Habana se ha dado esa iniciativa, que bien se podía haber dado en otro escenario.

Mas, no importa, para los fines importantes de sellar, a través de la paz, la fosa de un proceso dañino y esta posibilidad hace que uno de los países del Sur del Continente que más fértil es en acciones culturales, artísticas, productivas, deportivas, por fin pueda pensar en seguir su ruta mirando adelante sin la sombra de la violencia.

Claro que esta es una visión ideal, pues en la vida siempre surgirán diferencias, pero lo más importante es que Colombia vuelve a ser, por lo menos está en camino, un país con posibilidades de una vida normal, sin ese cáncer de la antisociedad que hace metástasis en el conjunto de la nación. Para la Región, especialmente para nuestro país, es un alivio y un hecho satisfactorio que se haya producido, tras casi medio siglo de conflicto armado, un acuerdo de paz entre el Gobierno colombiano, representado por el actual Ejecutivo, Juan Manuel Santos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc).

La consolidación del Acuerdo en sí es compleja, por lo que trascendió que los gobiernos de Cuba, Noruega, Venezuela y Chile apoyarán estas conversaciones de paz entre Colombia y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), cuya sede principal será La Habana, según el acuerdo entre las partes, que fuera divulgado por fuente digna de crédito, el ex vicepresidente Francisco Santos (en el Gobierno de Álvaro Uribe), primo del Mandatario. Para entender que este acuerdo no ha sido fácil hay que considerar que en las últimas décadas Gobierno y guerrilla, sociedad e ilegalidad, se enfrascaron en una lucha sangrienta, que surgió tras acciones desalmadas de los irregulares, las mismas que incluían no solo la toma de poblaciones, sino el secuestro, las violaciones y la muerte de los rehenes o bien de los miembros de la fuerza pública que tenían el infortunio de controlar la zona.

La agenda que negociarán el gobierno colombiano y la guerrilla está formada por seis puntos, uno de los cuales se refiere al problema de las drogas ilícitas. Para confirmar el hecho, el Presidente emitió un mensaje a Colombia en el que solo confirmó "conversaciones exploratorias" con las Farc para unos eventuales diálogos de paz, lo cual es un buen inicio. El compromiso para sentarse a negociar se empezó a gestar en un "encuentro exploratorio" entre el Gobierno y las Farc, el 23 de febrero en La Habana. Los delegados de ambas partes pactaron "iniciar conversaciones directas e ininterrumpidas" sobre la agenda con el fin de alcanzar un Acuerdo Final para la terminación del conflicto colombiano. La mesa de conversaciones se instalará públicamente en Oslo un mes después de que se haga el anuncio público, aunque su sede principal será La Habana.

Seguramente la capital de Noruega fue escogida porque el país europeo es una de las democracias más sólidas y ejemplares, con alto estándar de aplicación de los derechos humanos. Los diálogos tendrán el apoyo de los gobiernos de Cuba y Noruega como garantes y los gobiernos de Venezuela y Chile como acompañantes.

Desde nuestra perspectiva, mirando acaso con nacionalismo egoísta, nos parece un tanto privilegiada, la selección de la casa de Nariño, (aunque Cuba habrá sido elegida por los irregulares), es decir la posición de los cuatro países que trabajarán por la consolidación de la paz colombiana.

Se podía pensar que por haber dado nuestro territorio oportunidad de existencia a miles de refugiados colombianos, Bogotá pudiera haber eligido a Ecuador entre los padrinos del objetivo, pero también es posible que para los colombianos, Chile, con su sobrio mandatario, garantice más una articulación de programas de pacificación, donde no es posible las voluntades personalistas o el lucimiento.

En todo caso, hace bien Ecuador en celebrar el inicio de este proceso, que esperamos llegue a su fin con la firma definitiva del acuerdo.

     
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