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octubre 9, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La misión de la Mesa de Unidad, crecer con Capriles

La división social venezolana, aprovechada políticamente por el actual caudillo, Hugo Chávez Frías, que a través de sistemas de asistencia social, como las misiones y otros tipos de bonos, sumado a una inclemente y colosal propaganda oficial, determinó un nuevo triunfo del actual Presidente en las elecciones de Venezuela, realizadas el último domingo.

Chávez va a estar seis años más en el palacio de Miraflores, es decir cumplirá 20 años en el poder, lo cual alcanza para considerarlo un gobernante de por lo menos cuatro generaciones. Es decir, el niño de siete años que desarrolló su uso de razón en los tiempos de irrupción del chavismo, al concluir el mandato el coronel, estará de 27 años. El adolescente que concurrió a las urnas a los 18 años, estará de 38. El hombre maduro de 40 años de los inicios de Chávez estará de 60 años y el sesentañero que conoció de la llegada del ex militar al capitolio caraqueño estará de 80 años, en el cenit de su camino. Que no se diga que veinte años no son nada.

La campaña tuvo diferentes momentos. Chávez inició la brega con cierta lentitud, pensando que Capriles era un candidato flojo, pero el crecimiento de éste le obligó a extremarse y a demostrar que estaba intacto para un remate, sino revisen su actuación en el cierre de campaña en caracas, aguantando en plena lluvia e inclusive bailando.

La votación venezolana no se atomizó en varios candidatos, a pesar de que sí se presentaron unos tres o cuatro nombres más de relleno. Esta vez llamó la atención la unidad con la que enfrentó la oposición al candidato de Gobierno. Lo hizo con un candidato que demostró tener armas y convicción para disputar con Goliath en todo terreno.

La actuación de Hernando Capriles Radonski es muy meritoria. Chávz dijo que arrancó la campaña con 24 puntos por encima. En algún momento la diferencia de uno y otro fue de unos cuatro puntos, pero la entrega de obras y ofertas de Chávez de última hora lograron reposicionarle, pues corría el peligro de ser alcanzado.

Chávez sabe que tuvo en Capriles un contendor de respeto y eso lo reconoció ayer (lunes). Aparte que el “Flaco” se anticipó en señalar que respetaría la voz de las urnas, lo cual ha cumplido y por eso no ha realizado lo que Chávez anticipó en forma alarmante cuando estaba en campaña: “Cuando pierdan ellos no van a aceptar el resultado, van a gestar una guerra civil”.

He aquí que este líder notable de la oposición ha realizado lo contrario de lo anunciado por su rival y eso es un gran mérito que eleva su puntuación entre los actuales líderes venezolanos. Pero, como ocurre cada que existe una derrota, ya salieron los antagonistas, que se perfilan para ser los próximos adversarios del oficialismo y están criticando a Capriles por su campaña.

Error, la tarea del candidato que rivalizó con Chávez fue titánica, no solo por la capacidad de penetración que tiene el reelecto para Presidente, sino porque éste contó con un gran aparato estatal, con un segmento importante de los inmensos recursos petroleros venezolanos, con una maquinaria electoral ya experta y aceitada para las diferentes batallas.

En cambio, la unidad que estuvo detrás de Capriles solo era un grupo de elementos notables de las clases media alta y alta, que luchaban por neutralizar con cuñas de un minuto las cadenas dilatadas de Chávez, que nunca tuvo empacho en utilizar a su favor la infraestructura estatal.

Estamos convencidos que difícilmente se producirá una unidad para dentro de seis años, puesto que han emergido las apetencias personales y ya empiezan a verle los defectos al candidato que hizo un gran papel y contra el que hubiese caído derrotado cualquiera que haya pretendido reemplazar a Capriles. Y hubiese obtenido una derrota, desde luego, más decisiva.

Seguramente, estos nuevos seis años les parecerá muy dilatados a los opositores, que deben analizar nuevas estrategias, antes que intentar dividirse. Deben además estudiar bien las condiciones en las que se dio la finalizada campaña, que fue suigéneris por el ritmo que impuso Chávez con el argumento que se hallaba enfermo.

Y, precisamente, hay que señalar que una de las causas de la derrota fue el tiempo que se tomaron los analistas de los medios, varios políticos y especialmente el oficialismo, para hablar del cáncer de Chávez, ubicando en lugar muy secundario los problemas del país e impidiendo que el candidato opositor pueda desarrollar normalmente su iniciativa electoral.

El continente y varios países fuera de él dedicaron demasiado espacio al “inminente peligro de muerte de Hugo Chávez”, pero todo hace pensar que este no fue sino el primer escalón del coronel dentro de su campaña, dejando durante los dos primeros meses en el anonimato al rostro de la oposición, en este caso a Henrique Capriles, quien al desconocer la realidad de la enfermedad chavista, sentía que era de mal gusto aguijonearle y menos aún tener accesos de “compasión” para lograr la escalada de opositor. Esto lo logró por sus propios méritos.

El montaje de la enfermedad contó con un elemento que aportaba con mayor convicción sobre “el misterioso cáncer”: el periodista opositor Nelson Bocaranda Sardi, quien en su columna publicada dos veces a la semana daba con pelos y señales los movimientos de Chávez en el Simec de Cuba (un hospital especializado en oncología).

No había duda, “el Presidente estaba con riesgo de muerte”. Chávez se hizo despedir por miles de venezolanos, en la segunda de sus supuestas operaciones, con una procesión encabezada con una imagen de Cristo. El militar de formación marxista y alumno de Fidel Castro utilizó la religión convenientemente.

Nadie pudo jamás tener los datos del sitio exacto del que arrancaron a Hugo Chávez la supuesta úlcera cancerosa. Ante una historia tan bien montada, Capriles debía ser un mago para hacerse visible para los electores venezolanos. Estamos convencidos que hizo una titánica tarea de opositor.

También estamos convencidos que Chávez. Si aún quiere reelegirse, no estará más en todas sus actuales facultades para repetir su triunfo dentro de seis años y entonces Capriles podrá hacer una pelea de más igualdad y con muy altas probabilidades de triunfo.

Pensamos que los individualistas de la Mesa de Unidad no deben traicionar a Hernando Capriles, que sigue siendo un notable proyecto político para Venezuela.

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