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octubre 19, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La lejana luna de Miel

En este momento, el jerarca tiene que estar sentado en horas de reflexión. ¿Cómo es que llegó a perder el fervor de miles o quizá millones de seguidores? ¿No era el ejemplo a seguir, el Presidente inédito que jamás había tenido el Ecuador? ¿No se ufanaba de haber coleccionado seguidores en cuanta sabatina había cruzado?

Una de las pistas para pensar que ya no está más ese clima de luna de miel que causaba la admiración nacional y foránea es de que los rostros de los incondicionales se van repitiendo. Es decir, algo hace pensar que los que sobreviven al sismo y las cuarteaduras propias de las batallas provocadas son los mismos que sacan sin rubor la mano para tomar el sánduche y la cola.

Pero, cuidado, aunque estos lindos ejemplares del pueblo se vayan volviendo hostigosos hay que tratarles bien. Puesto que el signore Maquiavelo ha enseñado que por cada cinco claqueadores que aplaudan o griten a rabiar, el doble o el triple harán lo mismo “para no estar contra la corriente”.

Haga la prueba. Póngale a un cantante sin ninguna trascendencia un grupo de efusivos que le aplauden sin reservas, que le hacen fotos y que siguen atentamente sus canciones, varios otros se volverán obligados a hacerlo, porque no todos están en capacidad de discernir que tan ridículo se hace si no sigue esa corriente.

El privilegiado está consciente que aún le queda un capital de popularidad que en cierta forma le está prohibido desaprovechar y menos aún dilapidar. Claro que esa popularidad también tiene un impulso que se llama: Tc Televisión, Gamavisión, El Telégrafo, El Ciudadano, Ecuador TV, Agencia Los Andes y varias decenas de radios. Todo este entramado le permite ser un referente mayor que la Coca Cola, lo cual es normal y lógico, porque sin ese complejo de la información no fuera el gran convocador de masas que considera que es.

Esa misma maquinaria le ha permitido llegar muy lejos, inclusive hasta el arrepentimiento, al no medir ciertas palabras, gestos y actitudes. Una de las últimas que se nos viene a la memoria es la sobradez con la que se refiere a sus eventuales adversarios políticos:

"Yo no quisiera caer en la mediocridad de disminuir a los contendientes, aunque algunos sí causan vergüenza ajena". Agregando para aclararlo (a que no se sientan ofendidos los presidenciables a los que no se refiere): "el país debería estar loco para mandar de nuevo la banca al poder".

Y este discurso tan absurdo, del cual seguramente siente arrepentimiento y sentirá que odia a su viperina (pero solo en sus ratos de reflexión y búsqueda de tranquilidad emocional), solo es una isla entre sus dislates que le revelan como un inestable.

Hay cosas más graves. Haber ordenado colocar vallas gigantescas de alto costo, con gigantografías de gran definición, en la vía a la Costa, en vísperas de un feriado, le pinta de cuerpo entero su poco afortunado manejo de los sentimientos.

Como político que se supone pertenece a una ideología definida, la misma que tiene un discurso anti capitalista, pensó el divo que iba a ser seguido por miles de creyentes de los mejores tiempos, que iba a recobrar el fervor de las bases.

Entendemos que dio por descontado que esas vallas, con el contenido injurioso y que estaban con huella dactilar con solo saber que hay un “Prohibido Olvidar”, que tiene responsable (o dueño), según lo registró el Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual (IEPI), iban a causar tal adhesión a su objetivo (que haya un rechazo general al banquero de la referencia).

Pero, esto no ha sucedido. El pueblo ha mirado absorto que unos lujosos anuncios sean colocados en la vía polvorienta no para ofrecer algo constructivo, sino para denigrar, para destruir la honra ajena. Más bien esta jugadita populista causó mucha decepción especialmente de aquellos que le escucharon decir que tiene a su favor el 56% de la intención de voto.

Es inevitable caer en la reincidencia: si el hombre de las mitomanías tiene el 56% de seguidores en el país, ¿para qué pensar en elecciones? Pero, un momento. Si tiene el 56% no tiene necesidad de insultar a nadie, de injuriar y menos de gastarse millones con anti propagandas que ya veremos si fueron contabilizadas por el CNE.

Alguien que tiene el 56% no tiene por qué perseguir a rival alguno, ni tampoco tiene por qué acordarse o tener fijación en alguno de ellos. Pero, ha sido el propio Presidente quien ha personalizado la batalla electoral.

Por lo que se ve no está preocupado por lo que puedan lograr los otros adversarios: Alvarito, un señor que confunde tener ideas, con la promesa de grandes regalos al pueblo (Casa, carro y empleo); Acosta, un ex coideario que en vez de tranquilizar las expectativas que genera la nueva izquierda nos asoma con que quiere ser radical; Gutiérrez, un ex Presidente que tiene bases en provincias serranas y amazónicas pero que no ha sabido penetrar en las dos más grandes ciudades, tal vez por no saber defender su propio honor (en el 30S fue inculpado de intento de golpe de Estado y no se preocupó de poner la verdad con la fuerza de la razón y de las leyes).

El señor que ya va extrañando la verdadera luna de miel de las multitudes urgidas de un líder genuino se las tomó con Guillermo Lasso, lo cual significa que éste es el hombre a vencer, para su mentalidad.

Bueno, dado el crecimiento de Lasso es obvio que él va a tener un grado protagónico en las elecciones del 17 de febrero 2013. Pero si a alguien debe su crecimiento es justamente al hombre que sin poner la mente fría le ha atacado y ha intentado menoscabar su condición de ecuatoriano íntegro y sin amarras con el pasado.

Cuando todos pensaban que tras los ataques del Presidente el opositor iba a esconderse, a agazaparse y a bajar su perfil, dijo con entereza e inteligencia emocional: “El banco que dirigí jamás fue beneficiario del salvataje bancario; la guerra sucia empieza cuando se acaban las ideas”.

Esto es, “la guerra sucia”. Qué arrepentimiento, no debió meterse en eso. Es justamente lo que ha cerrado la etapa de la luna de miel con el verdadero pueblo que no se ha tapado los oídos para escuchar algo más de Guillermo Lasso: “Dos veces estuvo en mi casa, a donde fue a pedirme apoyo; entonces el economista Correa estaba diferente, ahora ha cambiado”.

Santiamén a la imagen de rebelde revolucionario. Si usted cree en esta imagen todavía es porque ha topado el nivel del fanatismo. Y con fanáticos no podemos hablar. Su luna de miel sí es eterna, pero peligrosa.

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