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julio 4, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La Izquierda Democrática paga factura a la historia

El ocaso de uno de los partidos políticos más importantes de la etapa moderna ecuatoriana, la Izquierda Democrática, no deja de llamar la atención, puesto que fuerzas de supuesta menor trascendencia histórica como el Movimiento Popular Democrático o Pachakutik, o de más reciente data, como Sociedad Patriótica han logrado sobrevivir al coletazo dado contra la partidocracia el año 2006, con el advenimiento de un Gobierno que llegó con la tesis de la larga noche neoliberal, la misma que presuntamente iba a afectar más a socialcristianos.

Con la Izquierda Democrática, partido que gobernó el país durante el cuatrienio 1988-1992, se produce una paradoja: siendo justamente la tienda que decidió colaborar con el actual Gobierno, resulta que se convierte en el más visible damnificado del objetivo logrado por Alianza País. La ID prácticamente es un difunto que tendrá que ser enterrado, puesto que se halla en un coma que le llevaría a la muerte si algún dirigente, con visión de la realidad nacional y sin excesos personalistas como los que caracterizan a los populistas, no tiene el liderazgo de rescatarlo al partido comatoso para las elecciones de 2016 (cuatro años más tarde).

Una paradoja, hay que reiterarlo, porque si esto pasa con el partido que se suponía era el socio del Gobierno, es de pensar lo que habría acontecido con las filas de movimientos y fuerzas opositoras. Pero no. Puesto que, en la otra orilla, los dos partidos contra los cuales fue dedicado el toque mortal a la partidocracia: Sociedad Patriótica y PRIAN, cuyos líderes, Lucio Gutiérrez y Álvaro Noboa, fueron o son aún adversarios de Rafael Correa, siguen con vida y en competencia.

Cierto es que a uno de ellos, a Álvaro Noboa, se atribuye haber realizado arreglos con el Gobierno para convertirse en un supuesto líder opositor, medrando estratégicamente los votos que irían a parar a dos opcionados, Lucio Gutiérrez y Guillermo Lasso, pero se sabe que en definitiva la persecución inicial sea a través del Servicio de Rentas Interno (SRI) o de ataques en sus diversas cadenas, lo convirtió en un adversario del régimen.

Lucio Gutiérrez, en cambio, precisamente por el exceso de enfoque gubernamental en su contra se convierte en el opositor visible, lo cual logra robustecer a su partido. A veces se considera que el mejor aliado de Gutiérrez es Correa, quien a menudo habla dislates en contra del ex coronel, como el caso 30 de septiembre en el que Gutiérrez es inculpado sin bases de intento de golpe, lo que facilita el reingreso de éste a la primera plana de los medios, lo cual sin embargo no es aprovechado a profundidad por el ex Presidente.

Estas dos fuerzas han sobrevivido, en cambio la ID ha entrado en terapia intensiva con un silencio de cuatro años, salvo que durante este lapso hay algún despertar de sus dirigentes.

Uno de los errores de la Izquierda Democrática es haber colaborado con Alianza País, hecho en el que inclusive estuvo involucrado su dirigente histórico, Rodrigo Borja, político habitualmente considerado sin compromisos con los gobernantes de turno. Este ex presidente de la República llegó inclusive a actuar como uno de los dirigentes de Unasur, a nombre del Gobierno ecuatoriano actual.

Borja, una vez que estuvo al margen de la colaboración con el Gobierno, ha tenido el tiempo y las posibilidades de re enrumbar a un partido que en los últimos tiempos ha tenido dos dirigencias fatalmente enfrentadas, la de Dalton Bacigalupo y la de Henry Llánez, aunque la opinión pública considera que el dirigente más destacado de la última etapa ha sido Andrés Páez.

Borja no hizo nada para coordinar y armonizar, por lo menos de puertas afuera, en este conflicto doméstico de su partido. Aparte de esta circunstancia, el también ex Presidente mantiene una columna semanal en El Comercio, matutino nacional desde el que podía haber sentado conciencia de lo que ocurría en el entorno del partido y de lo que ocurría en el país, que en estos últimos cinco años es mucho.

Sin embargo, sus escritos han tenido relación con temas ajenos a la situación nacional, lo cual ha vuelto al hipotético sobreviviente naranja (es decir a todos aquellos seguidores de la ID que aún pensaban en su reivindicación) en un hombre decepcionado por lo que acontece con el decadente partido y con su principal dirigente, un columnista supuestamente apático de los acontecimientos más próximos a nuestra realidad, pero que en realidad se muestra interesado en no tener conflictos con el poder.

Se da por descontado que el espacio que deja la Izquierda Democrática va a ser capitalizado por cuadros políticos jóvenes y sin este tránsito tortuoso que ha dejado estos 32 años de democracia.

Por sus condiciones de elemento creativo y con una visión constructiva del país, factores a los que aspira, como elementos de bienestar, la clase media, sostenemos que Guillermo Lasso, antes que Gutiérrez o el propio Correa, va a tener el mensaje de mayor penetración.

No estamos escribiendo todavía el mensaje póstumo por la Izquierda Democrática, pero este partido se halla al momento pagando la factura de sus errores. No están exentos de haberlos cometido aquellos dirigentes que dejaron que Borja esté entonando la lira, envanecido con la publicación de una “Enciclopedia”, mientras su tienda política y el propio país se hallan contaminados por la incultura política que supone pasar por alto deslices tan grandes como el 30-S, los contratos del gran hermano, la persecución al coronel César Carrión, el juicio a El Universo, las revelaciones del pendrive Chucky Seven, las intenciones de expulsar porque sí, solo porque al amo del ALBA (Hugo Chávez) se le ocurre a la USAID de territorio ecuatoriano y otros pecados de gran monta.

A propósito de la pretensión correísta de expulsar a la USAID, al parecer se trata de una bizarra pedrada de adolescente vándalo a un escaparate, para -según él- tratar de dañar la fecha cívica de los estadounidenses. ¿Merece tamaña quijotada estar en las portadas del Washington Post o del New York Times?

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