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julio 31, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La estrategia de impulsar reelecciones

Por principio, estamos en contra de las reelecciones indefinidas. Nos parece inclusive reprobable en el caso de Jaime Nebot, notable alcalde de Guayaquil. Es que, pese a reconocerle esta cualidad, nos lamentamos que no haya creado las condiciones para que surja un delfín en su agrupación, alguien que le represente en las próximas elecciones. No creemos en los eternos candidatos.

Por eso mismo, estamos en contra de una nueva reelección de Rafael Correa. Deploramos que sus 108 asambleístas, cifra lograda sin proporción a la votación lograda por Alianza País (AP), ahora se hayan dado en hablar de “reformar la Constitución para dar paso a la reelección indefinida”.

De esta amenaza no se habían apercibido los presidenciales del 17 de febrero de 2013, que atacaron tibiamente los enormes errores de quien es ahora el dueño del palacio de Carondelet, no solo con la venia de ellos mismos sino con el encanto del 57% de los ecuatorianos, que dieron el visto bueno a la repetición del gran candidato en el sillón palaciego. Es decir, estamos diciendo que esos adversarios tibios dejaron pasar la oportunidad de poner sobre el tapete la verdadera imagen de quien aparece ante el pueblo como un gran ganador, un Presidente insustituible en el imaginario popular.

Si un político asegura que no va a correr por la reelección, pues debe cumplirlo. ¿O es que hace ese renunciamiento con una cuerda para que le sostengan sus incondicionales? ¿Por qué tendría que haber asegurado Correa que no va a reelegirse y luego impulsar a través de la Reforma Constitucional su reelección, si sabemos que en calidad de colegislador y verdadero jefe de la bancada verde es él quien impulsa la permanencia o no en la Plaza Grande?

Realizar una “reforma constitucional” por la reelección indefinida solo significa extrema ambición de un grupo político. Pero también significa que es una fuerza política que no ha logrado renovar sus cuadros y todos sus miembros son dependientes y subalternos de su eterno candidato. Situación que debemos aplicar a Jaime Nebot, al grupo Socialcristiano y a Madera de Guerrero.

La verdadera democracia debe ser entendida como un estado de oportunidades no solo para todas las facciones políticas, sino para que dentro de cada tienda política se vaya generando nuevos actores. No sabemos si Rafael Correa se considera el nuevo Francisco Franco o el nuevo Alfredo Stroessner, dictadores que manejaron correctamente y con manías cada vez más ingeniosas las democracias plebiscitarias de España y Paraguay, en su momento.

Los magos de este mercadeo, que son los Goebbels de nuestro tiempo, mueven estratégicamente las fichas conjugándolas con las emociones del momento. En Venezuela, recientemente el Gobierno de Maduro condecoró a Hugo Chávez con el Premio Extraordinario de Periodismo Simón Bolívar “por sus grandes dotes de comunicador”. Maduro, que quiere ganar unos puntos como “auténtico hijo” del coronel de Sabaneta, bien podría valerse de la aún vigente sensibilidad chavista para a través de la simple pregunta: “¿merece el Comandante el Premio Extraordinario de Periodismo Simón Bolívar?”, lograr un respaldo plebiscitario que si en la realidad significaría una aprobación a la imagen de Hugo Chávez, el gobierno actual convertiría en auténtico triunfo electoral, porque el ardid plebiscitario consiste precisamente en lograr el sí del pueblo a situaciones que tienen alguna sensibilidad y un alto grado de aprobación popular.

Recordemos que en mayo de 2011, Correa, que estaba con bajo nivel de credibilidad tras la confusa revuelta del 30 de septiembre, impulsó una “consulta popular” cuyo tema central era: la seguridad del pueblo ecuatoriano, aprovechó la gran posibilidad de lograr el sí, pues las preguntas estaban direccionadas (ya que a todos les interesa en el país mayor seguridad) y convirtió pírrico triunfo del medio por ciento en un gran triunfo electoral, logrando la carta blanca para meter la mano en la Justicia.

En este momento, Correa no necesita de ningún éxito plebiscitario. Con 108 legisladores, solamente tienen que ponerse de acuerdo para qué noche de aquellas amanece el país con la reforma constitucional, porque tantas veces han pisado los verdes la Constitución que pasarán por alto diligencias simples como consultar al pueblo sobre esa reforma.

Además, tal como se han dado las cosas, el pueblo que escucha embobado sabatinas con libreto repetido de tres horas, es capaz de dar el sí sin sopesar que ha entregado por tantos años el cheque en blanco del poder a una sola fuerza política. Tienda constituida por socialistas que una vez que obtienen grandes ahorros, no se compran su casita en Bolivia, Nicaragua, Cuba o Venezuela, sino que adquieren propiedades en Miami, Nueva York, Bélgica y otros lugares no precisamente poblados de socialistas.

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