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julio 2, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La dignidad y soberanía no tienen costo, arriba los aranceles

Se ha visto desfilar a gente digna, a la que su actitud le abre puertas o le confiere respaldos y resultados. Novias que no quieren la presión del que pide la prueba consagratoria del amor, a cambio de cualquier generosidad del que las pretende.

Profesores que se resisten al obsequio costoso del padre de familia a cambio del puntaje ideal para aprobar el año. Jueces que se niegan a la presión del poderoso para no cambiar una sentencia, que obviamente favorece al que tiene derecho.

En América del Sur también está el discurso de los presidentes que se muestran “dignos y soberanos para tomar su iniciativa y si a bien tienen dar asilo a un espía de un país que consideran no amigo”. Solo que esta posición, que no está mala, va a acompañada con la jugada de más que impide el ingreso de la bola al gol.

Dice el digno presidente, que no sabe callarse en el momento justo, para dejar que le arrullen los aplausos: “no solo que están contra un Gobierno digno y soberano, sino que les voy a dar 23 millones de dólares para que inviertan en lecciones de derechos Humanos”. La regaste. El tiro era dos pases antes, ese par de “regates” de último momento impidió que el discurso penetre en el arco, porque no hay peor ruido que esos excesos barrocos, de los populistas que confunden rapto de inspiración con toque de locura y llegan a estas sobredosis.

No se ganó el partido. Hasta el “trofeo” de ocasión, Edward Snowden, debe haber quedado dudando en regalarse a un reino donde el comandante revolucionario interesado en rescatarlo tiene esos chispotazos de lengua como ya ocurrió en el tema Yasuní.

¿Qué dijo Rafael Correa en la sabatina del 9 de enero, 2010, cuando no le resultó su plan Yasuní ITT con las expectativas de recaudación millonaria?, es decir cuando los gobiernos y empresarios norteamericanos y europeos no hicieron fila para contribuir con cifras de seis ceros: “Vayan a mandar en su casa, cambien sus donaciones en centavitos y pónganse en las orejas porque nosotros no vamos a recibir órdenes de nadie… quédense con su plata y en junio empezamos a explotar el ITT”. Han pasado tres años y todavía el prohombre de ese discurso “revolucionario” no ha logrado salir de esa utopía, es decir no ha renunciado a seguir recaudando.

Hay consecuencias difíciles cuando la intemperancia le gana al buen juicio. La zoología latinoamericana habla de aquellos “limosneros con garrote”, es decir los que exigen a las malas la contribución. Con el respeto que se merece, creemos que le faltó sencillez al mandatario nacional para intentar conquistar en buena hora a los potenciales contribuyentes.

En este momento, la iniciativa Yasuní-ITT que maneja Yvonne Baki ha sido invitada a dar cuentas, pues aunque no en el nivel que se esperaba, pero ha habido ingresos que el mismo Presidente ha considerado merecedores de hacer unas cuentas transparentes.

Bueno, para no salirnos del tema dignidad y soberanía que caracteriza al líder, tenemos que advertir que la decisión del presidente ecuatoriano, Rafael Correa, de renunciar a las preferencias arancelarias del ATPDEA, que otorga Estados Unidos y que permite el acceso libre de aranceles a varias exportaciones, facilitó a los empresarios colombianos que sí cuentan con un APTDEA la apertura de un espacio que significa más mercado a sus productores en sectores en los que compiten los dos países andinos, según opina el especialista colombiano Holman Rodríguez.

La iniciativa Correa significa que, en adelante, nuestros exportadores deberán pagar unos aranceles altos, mientras los colombianos no, gracias al Tratado de Libre Comercio, en vigencia desde hace poco más de un año.

De esta manera, se entiende que hay preocupación en el sector floricultor. En el mercado de flores compiten fuertemente los dos países. A partir de este renunciamiento al APTDEA habrá oportunidades para que los productores colombianos de flores aumenten su participación tan solo con la misma calidad de la oferta ecuatoriana de las variedades florícolas, porque éstas resultarían onerosas por los aranceles.

Nos tememos que igualmente crecerán las oportunidades para artículos colombianos agroindustriales, banano, productos de mar, frutas, vegetales y conservas que aprovecharían el espacio que dejarían las exportaciones de nuestro Ecuador.

Y no está dicho todo en este juego de Correa. Hay que recordar que Ecuador también se beneficia del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) de EE. UU. en un espectro más amplio de productos, que les ahorra más de 100 millones de dólares anuales. Ojalá nuestro país no vea caducarse ese esquema.

Correa puede caminar con las manos en jarra por el pasillo de la dignidad, pero algunos de sus “súbditos” están sufriendo, pues fueron sacados de competencia sin que los verdaderos competidores (en este caso los colombianos) hayan movido un dedo. Resulta que el adversario de aquellos está casa adentro.

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