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diciembre 18, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La desventaja de dejar todos los poderes en una persona

17 de septiembre de 1830, Simón Bolívar ha terminado su misión en el Mundo. Ha cumplido con creces su obra, es decir impulsar las ideas libertarias, con elementos que a través de leyes nacientes, pero no ajenas a la asonada revolucionaria de La Bastilla, respaldaban esas ideas guerreros realizadores de gran arrojo y visión, como el mariscal Antonio José de Sucre, a quien Bolívar le sobrevivió solamente por medio año.

Sucre murió en Berruecos, el 4 de junio del mismo 1830; Bolívar en Santa Martha (Colombia). Un año fatal, una vez que se han ido los libertadores, la Gran Colombia tomó, a través del fraccionamiento que se veía venir un rumbo de tres lados. Venezuela, Colombia y Ecuador. Lo único que sigue vigente en este sueño es la bandera de tres colores gloriosos, amarillo, azul y rojo.

Pero, Bolívar que era un estadista dejó muchas cosas que su legado por la libertad y la unión gran colombiana, dejó magistrales enseñanzas con su retórica realmente patriótica y no insuflada de demagogia como quienes utilizan hoy su figura para darle genuinidad a la pertenencia del poder.

Por ejemplo, esto que dijo el Libertador, muerto exactamente hace 182 años, no se discute y un fragmento de esta frase le calza a más de un dirigente de estos tiempos que se siente atornillado al sillón presidencial:

“Las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes; y el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad. Yo soy siempre fiel al sistema liberal y justo que proclamó mi patria. Si un hombre fuese necesario para sostener el Estado, ese Estado no debería existir; y al fin no existiría. De lo heroico a lo ridículo no hay más que un paso. Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos”.

De toda esta frase de múltiples mensajes, nos quedamos con el último de ellos: “Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos”. Mensaje que, lamentablemente, en pleno siglo XXI no ha perdido vigencia y que puede aplicarse en Cuba, Nicaragua, Venezuela, Bolivia o Ecuador. Naturalmente, tenemos que enfocarnos en el caso ecuatoriano. Nunca ha habido el antecedente que un grupo de poder detente todas las funciones del Estado.

Con el pretexto de haber realizado una nueva constitución, a través de ésta y de esbirros colocados convenientemente en todo el aparato estatal (especialmente en el Tribunal Constitucional o en la Asamblea), fue copando todos los espacios, de lo cual el pueblo inculto no ha podido darse cuenta, ensimismado en el concepto de “líder político fuerte”.

Pero, la consolidación de esta fortaleza viene paralelamente con una coyuntura indispensable para consagrar la condición de gran Gobierno: una situación económica boyante, esto gracias al precio del petróleo, que está alrededor de los 100 dólares el barril, cuando en los tiempos de Sixto, Abdalá o Lucio estaba en los 20 ó 25 dólares.

De esto, el pueblo no parece saber, así que todo gasto que hace el actual gobernante el pueblo no atribuye a los altos ingresos de la caja fiscal sino a la gran capacidad realizadora del Presidente.

Sin embargo, en seis años de Gobierno, el pueblo que está acostumbrado a obedecer (estamos haciendo reminiscencia de la frase de Bolívar), que solo ve las obras, no le importa que éstas sean caras, no le importa que no haya un fiscal que haga las cuentas de los verdaderos costos, de allí que por ejemplo en este momento Gobierno central y Municipio de Quito están metidos en su proyecto de sacar adelante el Metro de Quito a un costo de 1.500 millones de dólares cuando en los primeros procesos se hablaba de un Metro de 800 millones, poniéndole a un costo algo más caro que el Metro de Madrid.

Lo peor es que insistentemente el Alcalde de Quito señala que “una vez que está financiado el Metro con préstamos del Banco Europeo de Inversiones (BEI), del BID y la CAF van a llamar a licitación. Es decir, la temática del costo debe empezar recién cuando a través de licitación se conozca a través de los concursantes los diferentes precios, no difundir a los cuatro vientos un “precio base irreal” (USD 1.500 millones).

En calidad de simples ciudadanos que aspiramos la construcción de una obra que mejore la movilidad de la Capital ecuatoriana, no deberíamos lucubrar sobre los costos de esa obra, pero esta vez ha sido comparada con obras del mismo género de Madrid, Lisboa y Barcelona y su precio por kilómetro en Quito (68 millones de dólares) indudablemente está caro.

Desconocemos hasta dónde se puede hablar de corrupción en la construcción del Metro, pero siempre nos pareció sospechoso que el Gobierno y el Municipio enfaticen que el Metro va porque va. Vamos a suponer que el Metro tenga el valor real de 1.200 millones; no, mejor 1.400 millones de dólares. Que alguien gane cien millones de dólares encareciendo una obra sin duda es una expresión mayúscula de corrupción.

A la obra la veo cara y no porque sea un invento del periodismo corrupto. 1.500 millones de dólares significan la construcción de tres nuevos aeropuertos como el de Tababela. Vayan haciendo cálculos los que miran fríamente las intenciones de llevar adelante una obra los revolucionarios. La teoría “Hacer obras es lograr grandes ganancias” es algo que debe ser despejado no solo a través de licitaciones serias sino del desglose de gastos, comparando con los Metros de otras ciudades.

El Pueblo no solo NO debe aceptar todos los poderes en una sola persona, sino a NO aceptar todo lo que su ingenio señala sobre costos de pobras. Pero, claro, una vez más, no hay fiscales y, probablemente, la oposición aún se siente débil para confrontar estos hechos que en cualquier parte equivalen a “rabo de paja”.

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