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marzo 12, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La CIDH y una sede alternativa

Para tener los poderes absolutos lo único que le hace falta es tener en el bolsillo a los medios de comunicación. De hecho, con su mayoría de parlamentarios va a apuntar a provocar reformas contra la prensa, consagrar la “Ley de Medios” y eliminar la parcela de independencia que le queda al periodismo nacional.

En el foro del que Ecuador es anfitrión Rafael Correa se propuso presentar a los asistentes a la Conferencia de Estados Parte de la Convención Americana de Derechos Humanos los insultos que le han aplicado algunos periodistas ecuatorianos. Esta cita se realiza desde ayer en Guayaquil, en el salón Fernandina del hotel Hilton Colon con la presencia de representantes de 19 países.

No sabemos si este importante foro acepte a su vez conocer los improperios dirigidos a la prensa por el Presidente del Ecuador, pero ya que habla de democracia sería bueno que también dé oportunidad a los medios de comunicación para que se establezca que los adjetivos igualmente y en mayor volumen han venido de parte del ponente y que comenzaron además con iniciativa del tan popular Mandatario, para lo cual habrá que remontarse al momento que se iniciaron dichos desencuentros.

Hay que aceptar que el alumno de Chávez sabe hacer las cosas para llamar la atención. Correa articuló un discurso de orden y los propósitos de la Cumbre, basado en sus amores y desamores. Desató sus reiteradas acusaciones contra a la prensa local, esta vez no buscando que el cinturonazo le pegue tanto a El Universo como el énfasis que puso en poner el lado de la hebilla sobre diario El Comercio y su editor de Internet.

Luego de esta febril alocución que provocó que más de un asistente muestre rostro de asombro, dijo que se pronunciaba porque la nueva sede de la Comisión Interamericano de Derechos Humanos (CIDH), se instale en Argentina para lo cual se requerirá de 15 millones de dólares para su financiamiento.

Pero aquí viene lo sospechoso o mejor dicho la comprobación de que hay animadversión contra el organismo internacional: llegó a decir que si un país no tiene recursos, su Gobierno podrá ayudarlo a pagar la cuota.

Correa planteó airadamente: "Cómo es posible que la sede esté en un país que no es miembro del Pacto de San José, que no ha ratificado ninguno de los instrumentos". Entonces mocionó la necesidad de trasladar a Buenos Aires a la CIDH.

Aquí hay que ratificar la realidad de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos: es un organismo independiente a los gobiernos de todos los países del Continente. Hasta aquí ha logrado garantizar que no se extralimiten hasta grados insostenibles en sus atribuciones los gobernantes, contra la libertad de expresión. Es decir, para rodo aquel que ama la diversidad del pensamiento vertido en la producción periodística es muy positiva la existencia de la CIDH.

Y, si en el caso de que por efectos de su sede, todos, gobernantes y medios de comunicación llegaren a ponerse de acuerdo a trasladar la CIDH a Latinoamérica, no va a ser el proponente Correa el que va a dictar en qué país “revolucionario” ubicarla, para presuntamente transformarle en un organismo satélite de las franquicias del Alba, utópicamente progresistas.

Consideramos que la CIDH pudiera ir a una sede alternativa que no se halle en ninguno de los polos de la discordia, si como sueña Correa se logra sacar de los Estados Unidos a este organismo. En cuyo caso creemos que hay que jugar a una sede alternativa: ni Washington ni Buenos Aires. Podrían ser Santiago, Bogotá o inclusive Montevideo, pues juzgamos que el presidente uruguayo José Mujica podrá ser hombre de ideas de izquierda pero no es un fanático buscador de poderes absolutos.

El director de la AEDEP, Diego Cornejo Menacho, considera que Chile, Colombia o Perú no apoyarán el desmantelamiento del Sistema, particularmente a la Relatoría sobre Libertad de Expresión.

Si la CIDH fuese a Buenos Aires, más temprano se cerrarían los medios independientes, antes que sentarse precedentes que garanticen la libertad de expresión. Justamente Correa, traicionado por su subconsciente, o tal vez deliberadamente, ha buscado una ciudad en cuyo palacio Rosado hay voluntarismo extremo contra los medios independientes.

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