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mayo 2, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La CIDH, Chávez, Correa

Parece que el Comandante ha descubierto que su cáncer es muy conveniente ahora que arrecia la estupefacción internacional con el caso Aponte.

El ex juez militar venezolano hizo demasiadas revelaciones y todo indica que tiene varias confesiones más, con detalles escabrosos incluidos, que pueden convertirse en una bomba para Hugo Chávez.

El presidente venezolano por más fuerte que se precie de ser, ante una valoración como la que está logrando, por lo menos fuera de su país, por supuesto que está perdiendo talla de jefe de Estado.

Si nos remitimos a casos anteriores, Chávez, que vendió la imagen de presidente diferente, con su presunta vinculación con actores anti éticos como el narcotraficante Mackled desde luego que es candidato a ser relegado a ser compañero del panameño Manuel Noriega.

Este caso es la génesis de una nueva posición de Chávez, con respecto a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), puesto que ahora coincide con Rafael Correa, ambos quieren que el prestigioso organismo desaparezca.

Pero, como eso es muy improbable, pues les hace ver como sujetos que cargan algún pecado, son ellos los que quieren desaparecer de los ojos de la CIDH, “independizándose”, pues pertenecen a estados soberanos.

Para eso han concebido un organismo paralelo, la Celac, que es una de las tareas de los hermanos del Alba. De consolidarse este ideal, ni Chávez, ni Correa, ni Ortega, ni Castro tendrán que dar cuentas a nadie.

Si la Celac es creada por fundadores que tienen determinados ideales, lo más seguro es que sus dirigentes conviertan en intocables a los pioneros de la revolución del Siglo XXI.

Estos gobernantes tienen un sello diferente a los otros que son tímidos a la hora de resolver que un “Presidente debe controlar todos los poderes del Estado y estamentos que no necesariamente son estatales como la educación, el deporte, la estructura de las fuerzas armadas y policía”.

No se sabe qué organismo se encargue de controlar sus arbitrariedades, solo se sabe que tuvieron la capacidad de considerarse independientes de cualquier colonialismo y que se atrevieron a dar el portazo, para evitar que la CIDH les sea más incómoda.

Los que creen en la revolución del siglo XXI, que cada vez son menos piensan que se trata de presidentes de inmenso amor al pueblo y, tras un adoctrinamiento del odio a los que mandaron antes, aplauden la persecución, arbitrariedades y depauperización de empresas que pertenecen a eventuales adversarios.

En Venezuela, según lo reveló Aponte, hay varios perseguidos que se hallan internados en cárceles a las que es difícil franquear su puerta de acceso.

En Ecuador, aparte de que varios periodistas y medios de comunicación fueron perseguidos, hay una suerte de vendetta contra todos aquellos que descubrieron a la luz de los creyentes, que el gran hermano había recibido contratos millonarios y “el presidente nunca se enteró”.

Entonces no solo vino la persecución a los autores de esta revelación, periodistas pobres a los que se intentó sacar 10 millones de dólares, sino también a los miembros de la veeduría ciudadana que dieron a conocer que el Presidente sí sabía de esos contratos.

Aquí viene una pregunta a los creyentes de la doctrina “manos limpias y corazones ardientes”: ¿usted cree que en un país pequeñito el Presidente no sepa a quien se otorga un contrato que está sobre un millón de dólares?

Bueno, en la corte de la Celac desde luego los señores Juan Carlos Calderón y Christian Zurita, desde luego pasarían a ser delincuentes y les pondrían fácil 25 ó 30 años de sombra.

La CIDH, por supuesto que hubiese investigado a fondo cómo es que la simple deducción de que “el Presidente sí sabía de los contratos es más importante que la vergonzosa realidad de que los contratos por 80 millones de dólares fueron adjudicados al hermano del señor Presidente”.

¿Qué ha hecho ante esto el de las manos limpias? ¿Dónde está el ministro detenido por haber firmado esta ilegalidad?

La CIDH es el organismo idóneo, independiente y constituido por magistrados de alto estándar profesional y ético.

Los jefes de Estado que quieren su demolición simplemente tienen material que ocultar, pues de lo contrario si hay una injusticia, una ex acción, que la demuestren.

El cáncer de Chávez merece todo el respeto y no creemos que la posición de sus adversarios sea la de un ánimo más allá de lo político, lo personal se acaba cuando de por medio está la vida de un hombre.

Pero, un momento. Hasta ahora Hugo Chávez se ha ido a La Habana y nadie conoce ni ha visto qué tipo de tumor le ha sido extraído al comandante.

¿Será posible que toda esta serie de viajes, todo este drama entre los aeropuertos de Maiquetía y de La Habana solo respondan a un libreto para sepultar temas más importantes?

Claro, en los barrios, en las parroquias, en los bares, en los graderíos de los estadios y coliseos todos hablan del peligro de muerte del coronel. Lo que ocurra en el Mundo pasa a segundo plano.

Ahora el coronel dice que pese a su cáncer él regresará, pues está en la recta final, y volverá a ser invencible.

Ha utilizado la religión a estas alturas y con estos detalles lo que diga el traidor de Aponte se quema en Costa Rica, en Aruba, en

Miami, pero no tiene asidero en Venezuela.

Mientras tanto Correa hace declaraciones rimbombantes cada sábado para hacer olvidar el bochorno del caso El Universo.

Pero, lamentablemente, un caso tan mal hecho, como el testimonio de un sujeto que dijo que le contrataron para matar al Presidente con una cámara-pistola (el 30-S),rsdulta ser el caso Chucky Seven, donde está involucrado su propio abogado Gutemberg Vera.

Este miércoles tiene que declarar sobre el tema la valiente ex jueza, Mónica Encalada, que a diferencia de Aponte, regresó al país a dar la cara y dijo, por si le amenacen, que tiene varios datos más del entuerto Juan Paredes, juecito insignificante pero corrupto. Hay que estar atento sobre las declaraciones que realice este día Mónica Encalada.

Ah y también hay que volverse a mirar sobre la actitud de Correa, que querrá lanzar una noticia bomba, para llamar la atención y hacer olvidar sobre lo que se maquinó para que la nueva justicia castigue con 40 millones de dólares a gente inocente, que pecó por meterse con el poder.

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